lunes, 27 de abril de 2026

Sorteando la canícula


Con las temperaturas que se está gastando abril, no me quiero imaginar lo que serán los meses venideros. Vamos a pasar las de Caín. Estoy temblando.
Lo peor de todo es que tienes que aguantar los comentarios del personal que adora el secano. Que si “Ya era hora”, que si “Lo estaba deseando”. Anormales. Como si los cuarenta y cinco grados que sufrimos durante el verano fueran lo más óptimo para nuestro “body” (A ver si leéis un poquito de antropología física, caris…).
Lo del verano en este país, no tiene nombre. Ni en el norte, ni en la sierra, ni a remojo en la piscina, ni con aire acondicionado. Eso de vivir en un horno es insoportable. Más todavía conforme se está poniendo la vida. Cervezas a diez euros (¡Para que luego digan de Copenhague!), menú diario a 30 pabos (descongelado) y lo de las pernoctas, ¡para matarlos! Ya no tenemos ni para caprichos estivales. Ni sueldo, ni vivienda, ni vacaciones, ni bares. Dios nos salve de esta España desértica, ladrona, inepta y absurda. Y lo digo así, alto y claro.


Mi recomendación es que busquen una encina imponente (los pinos, ni verlos) o en su defecto un buen risco (nunca para despeñarse) y disfruten bajo su regazo durante las tardes que se aproximan botijo en mano. Y si son de esos que le buscan pegas a cualquiera de mis sugerencias, les propino un libro para que se les quite la tontería. Que Al abrigo, el último libro de Adrien Parlange publicado en nuestro país por Océano Travesía, les ilustra de maravilla.
Este título del siempre sorprendente autor francés nos acerca la historia de una niña que se refugia del calor bajo la sombra de una roca en mitad de un paisaje baldío, una llanura desértica. Al rato, aparece una serpiente (¿Conocen algún libro de este señor en el que no aparezca una?) que también busca un poco de cobijo térmico y allí se encuentran las dos. Más tarde llega un zorro. Después una liebre. También un erizo. Un buen puñado de animales acaban compartiendo el abrigo que proporciona esa piedra. ¿Cómo lo conseguirán?


Como en otros álbumes (véase Las desastrosas consecuencias de la caída de una gota de lluvia), Parlange desarrolla sus ideas utilizando la luz y el color de una manera muy elegante. Las figuras de cada doble página se rodean de colores uniformes que van mutando poco a poco conforme pasamos las páginas. Del naranja, pasamos al amarillo, de este a los tonos rosados y finalmente aparecen los morados. Una paleta de color que representa el paso del tiempo desde una perspectiva cromática muy interesante. También tenemos la sombra de la roca central que cambia de longitud y de posición en cada doble página. Un reloj de sol que va señalando las horas y que al mismo tiempo supone un juego visual de primera magnitud al que los personajes deberán enfrentarse a lo largo de la narración.


La cosa no se queda ahí, porque ¿acaso no se han dado cuenta de que este es un cuento acumulativo en toda regla? Sí, de esos que tanto gustan a los críos, pero a base de imágenes. Si se atreven a inventar un nuevo texto, sería la mar de interesante… De esos repetitivos, incluso con rima. ¡Hale! ¡Ya tienen una idea para darle brío a la lectura!
Por último, hay que hablar del triunfo de lo imposible, no solo por los ejercicios de contorsionismo que realizan los personajes en cada doble página para no quedar a la intemperie bajo el sol abrasador, sino por esa idea cooperativa que une a los diferentes por el bien común. Las figuras parecen dar forma a un puzle orgánico en el que se pueden apreciar diferentes actitudes a lo largo de las páginas. Si al principio, el espacio entre los personajes deja entrever reticencias entre ellos (la niña y la serpiente, el zorro y la liebre), cuando todo termina podemos observar como todos se articulan e interaccionan en completa armonía (¿Quién termina con la brizna de hierba en la boca? ¿A quiénes abraza la serpiente?). Hermoso mensaje.


Para terminar, no me quiero ir sin apuntar al formato y la encuadernación. Horizontal y con hilo visto, permite crear escenas completamente apaisadas (la ausencia de lomo ayuda a la completa apertura de la doble página) en las que la acción queda bien distribuida y las escenas adquieren un carácter más cinematográfico. Por cierto, la imagen en diagonal de la portada es una maravilla que invita a abrirlo sin dilación. Háganle caso.

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