El ser humano está lleno de dobleces. No creo que exista mucha gente tan cristalina como para poder ver a su través. Tampoco es que sea necesario, pues agradezco un poco de vidilla en esto de las relaciones sociales. Estamos llenos de matices a pesar de nuestra insistencia en el maniqueísmo, esa forma de ver el mundo tan ancestral como absurda y que el español se empeña en llevar al extremo.
Por muy claras que tengamos ciertas ideas, nos encantan los claroscuros. Experiencia y circunstancialidad nos abocan a ellos. Ni blanco ni negro. Hay toda una gama de grises con la que podemos comulgar. ¿Izquierda o derecha? ¿Real Madrid o Barça? ¿Joselito o Juan Belmonte? No soy partidario de las filiaciones. Me aportan muy poco y siempre estoy abierto al diálogo. Comulgar no significa fanatismo, pues todo depende del ángulo.
Piensen en ciertos divorcios, en herencias y diferencias entre clanes. Probablemente todos los conflictos tengan su marco de lectura, pero se nos olvida con frecuencia que estos no solo pueden ser unívocos, sino que podemos encontrar nuevas perspectivas desde las que abordarlos. No sea que la liemos con los chiquillos, alguien acabe en el cementerio o con sus huesos en la cárcel. Dobles, triples o cuádruples. Las posibilidades siempre se multiplican. Como las del libro de hoy.
Doble Doble de Menena Cottin se estrena en España gracias a la editorial Yekibud. Aunque algunos conocíamos este libro en forma de boardbook gracias a la editorial Tecolote, Yekibud ha decidido publicarlo en cartoné, dotarlo de nuevas dimensiones y repensar una nueva paleta cromática en la que el rojo sustituya el naranja.
El álbum nos deleita con un juego basado en parejas de conceptos complementarios, generalmente antónimos, que se disponen en las páginas izquierdas. Al lado de estas palabras, Cottin dibuja una serie de quince imágenes realizadas con siluetas bidimensionales realizadas en blanco y negro que se disponen sobre un fondo naranja.
Gracias a las tipografías enfrentadas y un giro de 180 grados, la autora venezolana, nos invita a participar en una experiencia interactiva que consigue desplegar un universo mágico en torno al libro-objeto. Diseño, perspectiva y mucho juego nos hacen soñar a pequeños y grandes sin remisión.
Como el propio título indica, el título se enmarca en la duplicidad, en este caso de las imágenes y su percepción, una que inevitablemente pasa por el lector-espectador. Esto hace que el lector se cuestione qué parte de lo que observa es verdadera y qué parte depende de su propia interpretación gracias al lenguaje multimodal. ¿Principio o fin? ¿Abrir o cerrar? ¿Otoño o primavera? ¿Encima o debajo? Te va a resultar muy difícil elegir tu favorita.
Si ahondamos todavía más en lo discursivo, podríamos decir que la obra invita a reflexionar sobre la identidad, las apariencias, las primeras impresiones y la manera en que percibimos lo que nos rodea basándose en la semántica visual. Al tiempo que nos empuja al disfrute lúdico, entrena la mirada en esa búsqueda incesante de detalles que exploren los símbolos y la iconografía, que bien pensado, ya es bastante.






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