El futuro. Ese lugar incierto. Si hay gente a la que le encanta vivir en el pasado, también la hay obsesionada con el porvenir (¡Qué palabra compuesta tan bonita!). Tanto es así que son un verdadero filón para adivinos y videntes, todo un clásico en esto de vaticinar lo que acontecerá y lucrarse a manos llenas. Cartas, dados, posos de café, entrañas… Hay un sinfín de técnicas que ¿permiten? conocer lo que pasará en unos años.
Yo soy de los que se quedan en el presente porque, a menos que sepas la combinación ganadora de la primitiva o los vaivenes de la bolsa, la mayor parte de las veces es mejor quedarse en el aquí y el ahora. Divorcios, enfermedades, accidentes, guerras o catástrofes naturales. El mañana no debe ser una obsesión. Más nos vale disfrutar de las mieles actuales que preocuparnos por lo que vendrá. Ya habrá tiempo. Y si no lo hay, pues que me quiten lo bailao.
No sé ustedes, pero a veces, el futuro asusta. Comida con forma de cápsula (Si creen que no, fíjense en todo esos suplementos que se toman algunos a diario), robots humanoides (¿Y si llevara razón Isaac Asimov?), vehículos autónomos (Imagínense que cortocircuitan y aceleran en vez de frenar) o armamento letal (Adiós, querida humanidad) me ponen los pelos de punta.
Aunque mejor no nos pongamos agoreros y pensemos en avances que nos pueden facilitar mucho la vida, como nuevos medicamentos que permitan sobrevivir a enfermedades raras o incurables, nuevas máquinas que nos ayuden en diferentes tareas del hogar (¡Me pirro por una que limpie el polvo de los libros!) o teletransportarse a cualquier parte del planeta (Cuanto menos jet-lag, mejor).
Por cierto, ¿saben que hay un Día Mundial de los Futuros? Creo que se celebra en diciembre y lo más curioso es su nombre, ya que los nombra en plural, pues ya saben que hay muchas posibilidades ulteriores y todas caben en este mundo incierto.
De todo esto y mucho más nos habla el último libro de Shinsuke Yoshitake publicado en España gracias a la editorial Pastel de Luna. Tantos futuros como puedas imaginar (el título ya nos lo deja más o menos claro) nos cuenta la historia de una chiquilla que pasa la tarde encerrada en casa por culpa de la lluvia. Su hermano llega del colegio empapado y, ni corto ni perezoso, le espeta que el futuro será terrible. Hambre, conflictos, plagas, alienígenas… Parece que todo va a ser una mierda cuando se hagan mayores. La cría, asustada por el pesimismo de su hermano, va en busca de su abuela y juntas le darán una vuelta de tuerca al concepto.
Como no podía ser de otra manera, el autor japonés sigue utilizando su humor surrealista para divertirnos al tiempo que nos interpela. Desde ese diálogo intergeneracional, el lector bucea en un sinfín de propuestas donde el tándem posibilidad-imposibilidad se ponen a bailar en pro de ese optimismo al que se aferra la infancia.
Al mismo tiempo, este álbum conceptual nos invita a ejercitar la inventiva, desafiar la lógica adulta y abogar por la subversión desde lo cotidiano. Futuros en los que se coman salchichas a diario, vayamos todo el día en pijama o en los que tu habitación carezca de gravedad son cuestiones en las que detenerse a pensar. Que podamos cumplir trescientos años o reencarnarnos en un osito de peluche. Todo esto unido al catálogo de huevos que incorpora (de-men-cial), hace reír a cualquiera.
Por último, un consejo: ustedes, como la protagonista de este libro, pueden fantasear lo que quieran, pero nunca olviden que, como cualquier otro tiempo, el futuro no se elige, se vive.




3 comentarios:
¡Buenas ficciones para todos!
¿Qué se diría de alguien que ejecuta la fuerza bruta, el engaño y la corrupción para gobernar un jardín de infantes?
¿Qué códigos comunicativos se preservan en ese tipo de molde?
De una aberrante separación sobreviene la inercia de una lógica unión de lo inocente y lo perverso, lo femenino y masculino, configurándose así una quimera que posee un particular lenguaje de carencia y desmesura.
"En la oscuridad, cualquier luz es suficiente, sin embargo una polilla puede dirigirse hacia una equivocada"
Los adultos se acostumbran, pero qué escucharían de sus niños.
¿Dónde empieza y en dónde termina el jardín de infantes en realidad?
Otros preguntarán, cuándo...
La estupidez, no sólo puede ser distinguida, andar bien vestida y ser ilustrada, también puede viajar en carreta o a la velocidad de la luz, o estár en más de un sitio al mismo tiempo.
La estupidez cuántica no escapa a la relatividad en dónde se convierte en infinita, porque allí fue engendrada. Y fue el cómico, Albert Einstein, el que descubrió que su engaño se desvanece cuando su masa es cero.
El producto y resultado de una fábrica, es lo que es, no puede ser algo más del propósito para lo que fue programado. Y en ella trabaja mucha gente que la confunde con la Vida, cuando es simple teatro. Lucro en el defecto y la resiliencia en la virtud, se hermanan y se llama normalidad en la cadena de montaje.
El resultado del adiestramiento con premios y castigos es convertir al premio en no ser castigado. Consecuentemente, ninguna persona es ajena a los efectos de la descomunicación. Aunque se adapte y compense el defecto y se terciarice la responsabilidad, la realidad terminará tocando a su puerta dejando en evidencia el principio de armonía. Las señales son inequívocas, las virtudes y defectos nunca mienten, y el dolor y sufrimiento siempre tienen razón.
¿Quién escribe el guión?
Unos miran hacia la pantalla de cine y dicen, ¡es sólo ficción! y cuando le dan la espalda hablan de realidad.
Éste dilema se soluciona dándose cuenta quién queda de un lado, y quién del otro.
Pero...
¿Quién es el intermediario, ese extraño relator que cuenta lo que sucedió y sucederá, y lo que nunca ocurrirá oculto en su silencio?
Es una encrucijada interesante, pero si nos adentramos al inframundo griego del defecto, nos remitirá al cercano mito de Jesús en su crucifixión, el ritual del sacrificio de la verdad, la vida, el amor y la justicia que justifica al verdugo, al que se le transfiere ilusoriamente una responsabilidad que regresa mas temprano que tarde a cobrar la cuenta, y el que se posiciona como agente evolutivo o azote divino autorizado. Y por el otro lado nos encontramos con su resurrección en virtud, Cristo, una refrescante consciencia renacida lógicamente en el mismo cuerpo, que observa y comprende el fenómeno de la cruz y ficción. La frustración del iniciado ante la creída e inalcanzable perfección es la que se rinde ante el mas fuerte, la seductora muerte, y con ello adorar al intermediario, el que tiene el poder de matar y de su amenaza. Nadie luchó, lucha ni luchará por su vida mientras no muera la apariencia, como bien dice el manual.
Sin embargo, ésta historia comienza una ficción antes, con la de un paraíso perdido y secuestrado llamado Dios, luego Estado, y ahora "I.A.", con la promesa de regreso hacia la tierra prometida, que es un muro de los lamentos.
"Cuando la esperanza es lo último que queda, ya no hay miedo a esperar o esperar la amenaza, y se la devuelve al baúl de los recuerdos para cuando se la necesite en primer lugar"
"Un mito conserva una condición existencial que puede ser una cárcel en la relatividad del defecto o bien un ejercicio para la virtud. Por eso la vida es cuento y la palabra ficción, y nos encantan sean bellos o de horror, pero mucho más vivirlos y compartirlos"
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La mecánica es la misma durante el tránsito de la ausencia hacia la presencia.
Los sueños de ausencia, claman por los de presencia, necesitando a los que lleven a su destino. Y en el puente aparece el intermediario que bien cobra o paga según se requiera, es el genio de la lámpara que vende infinitos e insoportables futuros, que embargan presentes para enterrar pasados, y así alimentar el bucle de un autónomo circuito.
Los puentes del defecto nunca unen nada porque su objetivo es aislar en la medida y convertirla en la única realidad, expulsando lo que sobra hacia el misterio.
Un puente se construye de una sola manera, ¡bien!
El principio creativo no se hace esperar, y requiere un mínimo de dos.
La luz y los ojos tienen sentido siendo uno, la vista, y su fruto en lo observado, por lo tanto, los ojos de vida ven vida, y los de muerte lo suyo.
El (1;1); (1;0); (0;1) y (0;0), recrean el presente en el equilibrio de los polos, pasado en el retorno a la esencia, futuro en el avance trascendente y silencio del todo en la nada. No hay contradicción, sin embargo se simula una cuando existe conflicto entre los polos. Cuánto más pequeño el mundo resultante, más intenso y efectivo el infierno, estado temporal en dónde igualmente se aplican los mismos principios vitales y su magna pero condicionada abundancia.
En la dualidad del defecto, se encuentra la mafia de los autoelegidos en el lado bueno cedido, mientras del otro los auto expulsados, los esclavos.
El Ángel, Rey y Soberano, es el que custodia el reino con su espada de Fuego, de hierro y antivirus.
Mapa amo; territorio esclavo. La interferencia es a su intervención, la simulación a su simulacro.
El arquetipo "amo y esclavo" son extremos de una misma vara o cuerda disonante. Ficciones fantásticas, legales y técnicas conforman la frontera y manto de impunidad, un can Cerbero que muchos llaman verdad, acuñados con libros sagrados, Constituciones y softwares. Todo es perfecto hasta que no. El amo parasita el sistema aprovechándose del proceso y apropiándose de los resultados de la virtud y el defecto en el gobierno de la carencia. Pero es un esclavo mas al estar obligado a sostener la consciencia ideal y relativa en dónde brillan en la mediocridad, en su intento de llenar el vacío con lo superfluo. Por eso suplen su carencia con la fuerza bruta, el engaño y corrupción, que muchos creen y llaman inteligencia.
A las tonterías, por ser tontas, no se les presta atención, sólo cuando empiezan a dar comezón, y luego al hacer daño es cuando se les llama problema, y sin falta, aparece un veloz carro de bomberos que siempre llega tarde, cuando ya se ha realizado la cosecha y cumplida la misión.
Ningún iniciado, cliente, paciente, consumidor o creyente elige al presidente, Papa o rey, tampoco al director, juez, gerente, pastor ni general, y menos al dueño de la tierra, del dinero o de la empresa en donde se trabaja, pero es más entretenido pensar que si, jugando en un carrusel movilizado por una montaña rusa de sensaciones. Un circo.
El contrato es entre el uno y los ceros detrás de él. Unos saben, deciden y mandan, y otros ignoran, obedecen y se adaptan, y a cada parte le corresponde lo suyo y su administración.
"Roma, el mal mayor y menor beben de una misma fuente, en cambio Amor, sólo hay uno"
El amor es ciego y siempre jura eternidad en el matrimonio con la apariencia, sin embargo en la separación se quedará con lo amado. Por eso el cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo.
Más allá de la locura, sea una democrática, militar, teocrática, monárquica, tecnocrática o un pentágono de ellas, siempre prevalece lo verdadero. La gente seguirá protegiendo lo amado, construido y festejado, cada vez más, sin sus cadenas.
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A pesar de todo ésto, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque el engaño, la mentira y la apariencia, tienen sentimientos, aunque también sus días contados.
La muerte de la apariencia es inevitable, y sucede en su transparencia dejando a todos desnudos.
Nadie puede esconderse ni esconder nada, y nada escapa a la mecánica con la que se programa el truco.
Sin embargo desde niños nos encanta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.
Es lógico e inevitable inclinarse hacia la belleza, las estructuras perfectas armonizan por sí solas cuando sintonizan con otra en la que resuenan, especialmente en hechos más que palabras. Mientras la estructura ordenada de un sistema artificial que la simula, nunca es garantía de nada, si el que le insufla vida no la supera.
"La mano guía al martillo y no el martillo a la mano. Pero si se quiere clavar un clavo con un revólver, hay que tener mucho cuidado, ya que el arma no ve amigos o enemigos, por eso, a las armas las carga el diablo"
Si alguien descuidado se adentra en el cuento ajeno, no irá a dónde quiera, sino a dónde está predefinido ir. Y aunque esté confiado en lo que crée, sabe y obedece, es el programador el que los deja sin efecto para instalar una nueva regla. Una vez programado el Alfa y el Omega, las variantes son anecdóticas y suman las estadísticas. El amo creerá ser amo del tiempo, y el esclavo, estar en alguna parte de la secuencia.
En tal caso, el cuento sólo será contado cuando lo haga suyo y le haya dado un fin, porque la verdad es de todos y no tiene dueño. Y aunque el cuento sea tan sólo un sueño, cuando despierte, podrá sentir que realmente ha amado.
La carne al final de cuentas, concilia las posibilidades más extremas y aberrantes con la fragmentación en el olvido y la reproducción del recuerdo.
"Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas"
La apariencia al Arte, el engaño a los sentidos, la autoridad a la íntima consciencia, mientras la idiotez a su correspondiente museo, entonces cumpliremos con el gran deseo del idiota emperador, el de quedar inmortalizado, siendo soberano en su incapacidad de amar y de ser amado.
...y así nos despedimos de la estupidez, esclavitud y la tiranía, aunque muchos dirán hasta luego.
Fin
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