jueves, 17 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (IV): Lectores... Instituciones... Editoriales...


Aunque desde Europa y basándose en informes educativos, pedagógicos, e incluso veterinarios (que aviso, me paso por el forro…), quieran vender una imagen de la boyante, avanzada e instruida Alemania, poco tienen que hacer con un país que copa el 20º lugar de PISA 2012 en la materia que aquí nos ocupa, la lectura. Un puesto que, frente al 33º de la lúdica y despreocupada España, esa que muchos tachan de ignorante y analfabeta,  no se traduce en éxito rotundo, sino en una evidencia más de que algo preocupa en el viejo continente.
A pesar de lo poco que brilla el sol, los centímetros de nieve que cubren sus calles y los grados bajo cero que sufre Germania, sus habitantes no invierten las horas de este encierro invernal en leer a Von Chamiso o Hegel, algo que cabría esperar de un país que tanto alardea de sus mínimas tasas de paro juvenil, un sistema educativo altamente instructivo y una tradición humanística más que palpable.
Es una evidencia que el mercado editorial infantil germano lleva en alza unos cuantos años a tenor del incremento en las ventas (representan el 15% del total) y de la venta de licencias internacionales de títulos infantiles (un aumento del 24% y siendo las editoriales españolas el mayor comprador de éstas), pero no se engañen... Endiosada por las nuevas tecnologías y la ingeniería de última generación, la Alemanía rural e industrial sufre de manera tardía el colapso cultural que germinó en una España abonada por la explosión inmobiliaria (eso que llevamos de adelanto), ya que, a excepción de los grandes núcleos de población como Hamburgo, Frankfurt o Berlín, donde se concentra una juventud culturalmente inquieta y ávida de saber, así como instituciones como el Arbeitgemeinschaft Jugendliteratur und Medien (AJuM), la sección del IBBY en este país, el colectivo de editoriales de LIJ alemana, la Biblioteca JuvenilInternacional de Munich o el Museo de Libros Ilustrados de Troisdorf, la lectura es la misma y aburrida castaña pilonga que en cualquier otra parte.


Lo que sí estoy dispuesto a reconocer es que,  aunque no sea oro todo lo que reluce, el protestantismo, esa religión práctica y utilitaria, juega un gran papel en el desarrollo centroeuropeo y nórdico de estos días, y haciendo mella en la sociedad premia el esfuerzo en vez de la penitencia semanasantera, algo que denota el alto número de usuarios (sobre todo aquellos de hasta doce años de edad) y préstamos que realizan las bibliotecas alemanas durante todo el año (por un lado, los alemanes utilizan el gasto social que suponen sus impuestos y por otro amplían su oferta de ocio más allá de bares y restaurantes). En definitiva, un trabajo que, aparte de en la ciudadanía y las instituciones, muchas de las veces recae sobre la intrincada red editorial que ayuda a autores nóveles, apuesta por nuevos productos y recupera otros que han caído en el olvido. De entre la enorme cantidad de empresas que engordan el suculento bocado LIJero, son Beltz & Gelberg, Ravensburger, Carslen, Cecilie Dressler, Kinderbuchverlag Wolff, Nord-Süd o Peter Hammer, las más conocidas del sector, uno que, a día de hoy, supone una gran baza para los pequeños lectores que desafían los smart-phones y demás distracciones que impiden ojear un libro y, de paso, disfrutar.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (III): Autores... Ilustradores...

Si ayer hablábamos de escritores, hoy toca un análisis sintético de la ilustración alemana. Un análisis que comienza con artistas de los siglos XVII al XIX, como son Albrecht Durer (para mí, el primer ilustrador) o Adrian Ludwuig Richter (grabador que imaginó los cuentos de los hermanos Grimm) y obras como el Pedro Melenas de Heinrich Hoffmann (todo un clásico), la ilustración alemana sufre un gran punto de inflexión en el siglo XX que comienza con las líneas adultas de George Grosz o Heinrich Kley y las más suaves y aniñadas del austriaco Ludwig Bemelmans (Madeline). 



Al contrario de lo que sucede con las letras, las imágenes que acompañan los textos literarios para niños no beben en exceso de las tradiciones nórdica e inglesa como cabría esperar, sino que sus influencias se encasillan en un apartado de ruptura, simbolismo y abstracción que procede de la Francia impresionista y expresionista.
En cuanto a las técnicas y materiales podemos decir que, a pesar de la influencia que la ilustración anglosajona de preciosismo y acuarela ha tenido en toda Europa, las escuelas germanas (excepto la austríaca Lisbeth Zwerger) han preferido técnicas más sencillas que abandonan el realismo (a veces también el figurativismo) y se decantan por la sencillez de las formas y los mensajes encriptados. También hay que señalar que los artistas eligen técnicas más próximas al público infantil como son los lápices de color, las ceras, el collage y los acrílicos y témperas, algo que podemos constatar en la obra de grandes ilustradores alemanes como Wolf Erlbruch, Susanne Rotraut Berner o Jacky Gleich.
Por otro lado, la estética del tebeo, la historieta y la caricatura es un valor seguro para muchos ilustradores que, como Jutta Bauer, Norman Junge, Nadia Budde, Helme Heine, Manfred Bofinger, Ali Mitgutsch o Janosch, dan mucha importancia a un vínculo entre lector y autor que parte de la risa y del humor.




A pesar de que la ilustración de libros para niños germana tenga una estrecha relación con la ilustración europea, también hay romper una lanza por ella y por figuras como Quint Buchholz, Nikolaus Heidelbach, Binette Schroeder, Klaus Ensikat o Jörg Müller que, desde la vanguardia y la modernidad, constatan la influencia que los movimientos culturales y artísticos que tanto influjo ejercieron en la Alemania dividida, también han aportado su grano de arena a una pequeña revolución en el campo de la imagen literaria.



Si bien es cierto que los anteriores son valores a resaltar, también hay que decir que muchos de estos trabajos (sobre todos los de la segunda mitad del siglo XX) carecen de movimiento y dinamismo, plasman imágenes que no ofrecen continuidad al ritmo narrativo, algo que supongo puede estar relacionado con la relación que otrora parte del territorio alemán mantuvo con los movimientos artísticos de la ex U.R.S.S., pero que poco a poco se repone con artistas como Peter Schössow, Anke Khul, Susanne Janssen o Friedrich Karl Waechter.



martes, 15 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (II): Autores... Escritores...

Como en cualquier familia, la LIJ alemana, mantiene un nexo común con la del resto de países de la vieja Europa, a la vez que posee una serie de rasgos que la caracterizan y se basan en ciertos aspectos que esbocé ayer.


El punto de inicio de este tipo de literatura es, inevitablemente, la tradición oral que en este caso mucho se ve moldeada por las leyendas nórdicas y una cierta influencia de una Centroeuropa medieval. No es hasta el trabajo recopilatorio de Wilhem y Jakob Grimm que la literatura para niños da un paso de gigante en la cultura germana, dueña y señora de un territorio más vasto que hoy día, empezando a mirar hacia el mediterráneo dadas sus relaciones con Italia y España. Es sobre esa tradición cuentera de corte fantástico y moral sobre la que se cimentan las bases de una narrativa para niños que, complementada por la cercanía del danés Andersen, se mantiene estática hasta el siglo XX en el que sufre una revolución marcada por dos grandes eventos: las Guerras Mundiales y la división de las dos Alemanias.


Es por todos sabido el gran impacto que supone en la cultura occidental el triunfo de Adolf Hitler en las elecciones de 1933, así como en todos los eventos posteriores que se suceden en la Segunda Guerra Mundial y que sirven de base para los relatos de Judith Kerr o todos los autores polacos adoptados por el mundo editorial germano, víctimas del holocausto judío que sirven a la memoria literaria y colectiva de estas masacres.



Así, una Alemania derruida, odiada y dividida, debe reconstruir una nueva forma de pensar, algo a lo que contribuyen las nuevas corrientes que, entre socialismo y liberalismo, ven germinar autores que, como Eric Kästner o Paul Maar, dan a luz personajes como Emil o Sams, que suponen una revolución en el campo de los libros para niños alemanes (y que bebe de la sueca Pippi Langstrumpf de Astrid Lindgren). Así emergen historias libertarias y rebeldes que encandilan al pequeño público. Así mismo, Ursula Wölfel, Gudrun Pausewang y Michael Ende, empiezan a abonar el terreno para hablar de una verdadera LIJ en alemán fantástica y surreal que llena las librerías durante los años setenta y ochenta.
Si a ello unimos las grandes corrientes migratorias que, desde ex territorios coloniales y los países mediterráneos, sobre todo los limítrofes con Oriente Próximo, repueblan la Alemania de las oportunidades de postguerra, estas historias infantiles se llenan de exotismo y problemas sociales derivados de una multiculturalidad (“Migrantenliteratur”) que bulle en las grandes ciudades a ambas orillas del Rhin. Es así como el africano Hermann Schulz, el turco Rafik Schami o la finesa Marjaleena Lembcke abanderan este tipo de literatura social.




Durante la década de los noventa y principios del siglo XXI, el álbum ilustrado hace su aparición de la mano de nuevos autores como Heinz Janisch, Axel Schleffer, Werner Holzwarth o el holandés Martin Baltscheit que, abandonando una imagen acomplejada y conciliadora, se sirven del humor (más propio del Benelux), para captar nuevos y libres lectores que, con Cornelia Funke, Andreas Steinhöfel, Jürg Schubiger o Daniel Napp, aúpan la nueva literatura infantil alemana, más laxa y divertida.

B.S.O.: Annett Louisan. (2007). Kleine Zwischenfälle.

lunes, 14 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (I): Ideas... Pinceladas...


A Marifé.
A los españoles en Alemania.

Teniendo en cuenta que la historia es de naturaleza repetitiva, que el españolito tiene que emigrar a otros lares para ganarse una vida que en su patria se le niega a tenor de las circunstancias, y que uno de esos destinos laborales es Alemania, no podía dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas cuantas entradas a la literatura infantil que se mama en dicho país, tan querido, y a la vez tan odiado.
Como cualquier otra faceta de la vida, como parte de la cultura, la Literatura es otra mera extensión de la idiosincrasia de los pueblos, una que se cimienta sobre la historia, el carácter y las perspectivas de sus habitantes. Mientras que en España, el panorama literario se construye sobre las leyendas medievales, la omnipresente Guerra Civil, su transición, y los conflictos entre sociedad y religión, los libros para niños germanos tratan temas que van desde la cultura nórdica y centroeuropea, unas I y II Guerras Mundiales que pasan por el vergonzante nazismo y el recordado holocausto judío, las diferencias, similitudes y conflictos entre los regímenes de las antiguas RDA y RFA, unas ideas de multiculturalidad y tolerancia basadas en la inmigración que trajo la segunda mitad del siglo XX, y los principios morales de orden, resignación y sacrificio que aúpan al protestantismo, piedra angular de esta nación.
Aunque son muchos los refritos de literatura clásica (desde Goethe a Heine) que se pueden encontrar en la librerías alemanas (en eso no hay mucha diferencia con las editoriales españolas), la literatura para niños, alejándose del sentido crítico, opta por demonizar el pasado más reciente de su historia y construir en los jóvenes lectores un nuevo acervo casi imaginario de respeto y aceptación global, repleto de dogma “buenista” que, intentando escapar de un pasado no muy boyante en el que mucho tuvieron que ver los eternos conflictos centroeuropeos, redimen del pecado y eximen de culpa a las generaciones ¿lectoras? de ese futuro esplendor automovilístico y tecnocrático (a juzgar por las ventas desorbitadas del e-book) que desde el viejo continente se prodiga por todas las televisiones.



Alemania mira al futuro gracias a Angela, los mini-jobs y el apoyo de los países colindantes, mientras que los demás le vamos a la zaga para picotear entre las sobras de una Europa paupérrima, pero ¿hasta cuándo esta hegemonía?... El paro aumenta, la educación crepita, el P.I.B desciende paulatinamente y los libros infantiles, ese indicador de pequeñas ideas y grandes intenciones, mueren con lentitud. Vox populi que anuncia una cura de humildad que, a pesar de desmoronar esa fuerza que exhalan los pueblos germanos, imprima una pizca del corazón que nos sobra a los mediterráneos.


viernes, 11 de octubre de 2013

Ausencia


Hoy toca cruzar caminos, puentes y carreteras. Y, tras la pereza del viaje, asomado a la ventanilla, veo pasar el monte, los ríos y los rebaños de ovejas. Discurren las ruinas de aldeas, de cortijos y hogares abandonados. Esos que antaño guardaban risas y llantos, hablaban de otra vida no muy lejana y todavía hoy nos recuerdan lo que fuimos y hemos olvidado.

Espliegos y zarzales.
Sabinas y cerezos.
Olivos y amapolas.
Senaras y barbechos.

Nadie queda ya
entre los adobes.
Ni los viejos
que amaban
las solanas
ni los niños
menudos
del invierno.
Nadie queda ya
entre los adobes.

Jarales y tomillos.
Barrancos y romeros.
Encinas y trigales.
Carrascos y recuerdos.

Ramón García Mateos.
Ausencia.
En: De los álamos al viento.
Ilustraciones de Fernando Vicente.
2013. Pontevedra: Faktoría K de Libros.


jueves, 10 de octubre de 2013

Otoño de LIJ

Esto otoño “lijero”, se presenta muy animado, algo que se agradece después de un verano en el que lo más candente han sido las playas de bajo coste, La sureña© y los botellones ilegales.
De entre los lugares donde la literatura infantil y juvenil se erigirá protagonista en las próximas semanas, les recomiendo:
-Los llamados Diálogos de Otoño de la Casa del Lector que reúne tres interesantes propuestas de información que llevan por título De la cuna a la nube. El itinerario lector que involucra a la familia (25 y 26 de octubre), Álbumes ilustrados. Educar la mirada (15 y 16 de noviembre, y… ¡la mar de prometedor!), y La biblioteca escolar de calidad, ¿utopía o ilusión? (12, 13 y 14 de diciembre), cuyas preinscripciones se pueden realizar aquí.


-La exposición en la Biblioteca “Jaume Fuster” (Barcelona) con la que la editorial La Galera, pionera en el fomento de la LIJ en catalán, celebra su cincuenta aniversario acompañada de escritores, ilustradores y, por supuesto, lectores. Más información, aquí.



-Uno de los mayores expositores de ese oscuro objeto de deseo llamado “libro”, la Feria del Libro de Frankfurt, por donde desfilarán del 9 al 13 de octubre toda suerte de autores de decenas de países que llevarán consigo obras de nueva hornada y las últimas propuestas editoriales a un lugar como este.


miércoles, 9 de octubre de 2013

De mascotas exóticas


A tenor de libros para niños repletos de mascotas y seres de compañía, regreso, aparcando esta vez a canes y felinos, con uno de mis temas favoritos, ese que lleva por título “el zoológico casero”… Y antes de despotricar, y aunque les extrañe, les recuerdo que el aquí firmante es biólogo de formación…, bastante irónico y recalcitrante, eso sí, pero también serio y academicista, algo que juega a mi favor cuando de animales trata el juego.
Bajo esa estúpida costumbre que ha quedado instaurada en los países del primer mundo, de coleccionar bajo un mismo techo los seres animados de la más dispar procedencia, queda también reflejada la consabida omnipotencia humana, esa que jode a todo bicho viviente, a excepción de ratas, moscas y cucarachas (ya nos podría haber dado por comérnoslas..).
Fuente de enriquecimiento para muchos veterinarios (después de pasarse la vida estudiando, es lógico que quieran echarse algo a la boca), los mamíferos exóticos, los reptiles ojipláticos, las sierpes kilométricas, los arácnidos descontrolados o los psitácidos deslenguados, son una carga ligera para muchos conciudadanos, esos que, criados entre bocinazos y asfalto, añoran la peligrosa (y extinta) jungla, donde más de uno moriría de un zarpazo. A todo esto y siendo conscientes de que destetan y arrancan de brazos y picos maternos a estos indefensos entes, sus “dueños” se purgan la culpa adquiriendo toneladas de Royal Canin® para estas hermosas criaturas, mientras ellos pasan las noches a base de sopa de sobre… ¡Menos mal que yo prefiero las gallináceas -desplumadas y en pepitoria-¡
En fin, que a la fuerza, ahorcan, no es ninguna novedad, sobre todo si se trata de huskies siberianos en pleno Écija, monos encadenados o camaleones burgaleses. La cuestión es matarlos, aunque sean los mejores amigos del hombre. Otra de nuestras impertinencias (como si no tuviéramos bastantes…) que me dejan temblando.



Y para sacarles una nota de humor ante tanta crueldad manifiesta, les traigo Mi boa Bob, de Randy Siegel y Serge Bloch (editorial Juventud), una agradable historia de un ofidio muy leído que, además de vocabulario, regala a su joven y cariñoso dueño una gran lección: no hay animales tontos, sino humanos poco inteligentes.

lunes, 7 de octubre de 2013

De monos a hombres... o ¿de hombres a monos?


Mientras unos se quejan de sus patéticas vidas, otros derrochan glamour por los cuatro costados, un ejercicio que, alimentándose de las envidias y aspiraciones del resto, resulta la mar de rentable, sobre todo en las crisis, sean estas monetarias, o de pensamiento (todavía no sé cuál empobrece más el espíritu…). Como el personal necesita equipararse a las estrellas del celuloide, los ricachones de turno y las putas de lujo, se encabrita más y lo paga con el vecino, que, harto de comprar en los establecimientos más cutres del barrio y sufrir al extinguido  INEM en los riñones, vive jodido a costa de la suerte de otro tercer  vecino, más desgraciado que este.
¿A cuántos de sus compañeros de trabajo les chirrían los dientes cuando se enteran de que se ha ido de paseo por El Retiro con su mujer? ¿A cuántos les molesta sobremanera que sus hijos tengan un trabajo a turnos en una fábrica de bolígrafos? ¿A cuántos les quita el sueño que se tome un soberano cocido en “Malacatín”?… Lo dicho: “Si un cuasiquiera tiene un bancalico, a otro cuasiquiera le da eco”.
Tener en el punto de mira a los demás ennegrece el alma, agria el carácter, y, lo peor de todo, no nos deja mirar hacia delante. Con total seguridad, pensar en nosotros puede ser el ejercicio más provechoso en estos momentos. Saber quiénes somos, adónde vamos y qué queremos puede contrarrestar este efecto dominó que mina una sociedad enrarecida y abyecta, que nos empieza a cansar a muchos, sobre todo a los que vamos a lo nuestro, hacemos lo posible por mejorar lo que no nos gusta y evitamos bajezas de cualquier signo y condición. Algo a lo que, posiblemente, muchos títulos de LIJ dedicados a la confianza, la autoestima y la reafirmación, nos pueden ayudar a conseguir…



De entre todos, la novedad del momento, Mono sapiens, obra de Davide Cali y Gianluca Folí y editada por Bárbara Fiore, un título que, aunque hable de la personalidad, el amor propio, la idiosincrasia, de cómo se forjan los valores personales y nuestra identidad, bien valdría como lección para esos que, vencidos por la cochina envidia y el libre albedrío, pasan de personas a monos, en un efímero abrir y cerrar de ojos.

viernes, 4 de octubre de 2013

Ser libre...


Ser libre, hacer lo que uno quiera, pasa por la billetera, ese oscuro lugar donde los hombres guardamos nuestros preceptos morales y, en caso de necesidad, dar rienda suelta a la compra-venta de principios y necesidades. Aunque bien pensado, peor sería disponer de monedas y no poder disfrutar de lo que uno quiera, cosa que suele pasar a avaros e hipócritas que, saciados de bienes y riquezas, no saben aquello de “la libertad tiene un precio”.

Deja un gran vacío el rey al salir
y la princesita se pone a escribir:

“No quiero casarme, ni tener palacios,
ni ricos brillantes, ni hermosos topacios.”

“Lo que yo deseo no puedo comprar,
nunca estuvo en venta, es la libertad.”

“Ser libre al leer, libre al escribir,
combinar palabras que yo quiera unir.”


 Beatriz Berrocal Pérez.
En: La princesa que quería escribir.
Ilustraciones de Daniel Montero Galán.
2013. Villaobispo de las Regueras (León): Amigos de Papel. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

La montaña de la LIJ


Hace unos días se conocía el dato de que el mercado editorial ha sufrido un retroceso que lo sitúa doce años atrás (¡y yo que creía que durante los años de bonanza nadie leía ni las etiquetas de Anís del Mono®…!). En definitiva, un disgusto para todas las empresas que subsisten a la hecatombe económica y que nos arroja perspectivas poco halagüeñas a los que gustamos de encontrar libros de calidad y en cantidad… Así pasa, que llevo dos meses visitando librerías y bibliotecas, y, como nunca antes me había sucedido, siento unas repentinas ganas de salir corriendo ante este fantasmagórico declive. Más por el exceso que por la desolación, las baldas donde otrora reposaban las novedades, se resienten de tanta morralla. Montañas y montañas de libros infantiles (y no tanto…) que harían un buen papel a la hora de asar castañas, se agolpan en pro de editoriales de nuevo cuño y devoradoras multinacionales que, a mordiscos, intentan arañar algo del lector, ese superhéroe cultural que, en vez de ahorrar para las cañas del fin de semana, opta por abandonarse a su suerte, entre el ingente sinapismo de la letra impresa.
Se lo confieso. Me las veo negras para dar con algún título digno de reseñar… Los mismos argumentos de siempre, el mismo estilo narrativo, moralinas invariables, y las ilustraciones de toda la vida. Y así pasa, que ando, más que aburrido, harto. Harto de andar de aquí para allá, de revisar los catálogos de novedades de todas las editoriales conocidas, de volverme loco buscando otras desconocidas, de pedir ejemplares que nunca llegan (ni a las librerías, ni a mi casa), de recurrir a los clásicos, de pedir consejo a los sabios y entendidos… ¡Es más difícil dar con un libro bueno que subir a la cima del Teide!... Espero no morir sepultado por esas inestables pirámides de papel satinado, cuando, exhausto de tanto hurgar entre los cimientos del álbum ilustrado, haga que se tambaleen los títulos, derrumbándose por el mismo peso que hace unos años hizo renacer de sus cenizas a los libros para niños, y destruir a su paso, como si de un alud se tratase, los pequeños ladrillos que entre todos hemos cementado para, sostener en lo alto, nuestra cumbre particular.



Y para recordarles que esta escalada no ha llegado a su fin, les traigo un pequeño cerro, La montaña de Antonio Zurera (editorial Kokoro), para que hagan un alto en el camino, recuperen el aliento, se llenen de fuerzas renovadoras y retomen ese reto que todos llamamos en su día LIJ.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Dormir o no dormir, he ahí la cuestión


Dormir es un placer, sobre todo para quien puede hacerlo… Guardias hospitalarias, recogidas de basuras, programas radiofónicos, cubatas y cerveceo, hijos lloricas, turnos en fábricas, preocupaciones y depresiones, pan fermentando y viajes incansables, son buenas (o malas, según el caso) razones para permanecer despierto y hacer un hueco a la vigilia invisible, esa que muchos desconocemos, bien por suerte, bien por desgracia.
Aunque bastante tranquilo, no debe ser agradable para neuronas, músculos y esqueleto, permanecer en vela la mayor parte de la noche, mientras el resto, la inmensa mayoría, duerme con aplomo sobre cualquier superficie horizontal. No envidio en absoluto a todos esos insomnes que, por necesidad laboral, trastornos orgánicos o voluntad propia, se cuelgan de la madrugada día a día, mes a mes, año tras año.


He visto caras mortecinas, amoratadas y en parte amarillentas, en definitiva, destrozadas, que constatan mi fortuna y suerte, más todavía cuando experimento en mis propias carnes esa horrible sensación de soñar y no poder, de girar de uno a otro lado de la cama, como si de una larva en su crisálida se tratase, y terminar -por fin- con un nuevo amanecer entre una amalgama de alivio y tortura, de alterado descanso.
Y así pasa, que con tanto asueto, un resfriado de vías altas en fase de extinción y meditación espiritual a todas horas, me han tocado dos tazas... ¿Será que necesito una buena dosis de nocturnidad y alevosía para regular el ciclo día-noche? Ya les diré el próximo día pues este fin de semana no he parado y creo que será la cura a todos mis males durante las noches que se acercan. 


Es por ello que, para darle la bienvenida a la noche, esa que nos recoge y repone, la editorial Edelvives edita en castellano la versión-revisión que Rébecca Dautremer ha hecho de El cuento durmiente, un cuento de Perrault poco conocido por estos lares que nos habla de un príncipe que, acompañado por su sirviente, llega a un pueblo en el que todos su habitantes duermen.
Aunque tarde (desconocía que existiera esta edición con la que me topé un día deambulando por las librerías de Madrid), me creo en el deber de darle un puesto en este cuaderno de bitácora, porque si bien es cierto que huyo de las adaptaciones, reconozco que la visión de la ilustradora gala es, más que deliciosa, muy sabrosa. 


Aparte de la intensidad y la poesía con la que suele colarse en nuestras estanterías, este trabajo rezuma referencias al mundo circense, al universo del cine (¿Ven ustedes por ahí El sueño eterno de Humphrey Bogart y Lauren Bacall?) o al del jazz. Desde la misma portada se convierte en un homenaje a los grandes trabajos de cartelería de la primera mitad del siglo XX que se funden con escenarios que mezclan realidad y ficción extraídos de cualquier puntos de Europa y su propia imaginación.


Si a todo ello unimos un gran trabajo de investigación (el vestuario de sus personajes me parece digno de una costurera de teatro), las alegorías (¡El abrazo entre dos boxeadores propiciado por un sueño repentino me parece tan significativo, como encantador!) y sus típicas y desdibujadas perspectivas en movimiento, me parece un inmejorable aperitivo de una noche reparadora.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Amigos que se hacen mayores


Pasan el tiempo y los amigos, más que años, contamos veranos (a veces, también ferias). Los compromisos laborales, familiares y maritales, complican los encuentros fortuitos y hemos de recurrir a fechas señaladas y otras efemérides para hacer el tonto, discutir un poco y disfrutar los unos de los otros, dejando a un lado suegras, jefes y parientas, para, en derredor de un vaso de vino peleón, entonar eso que los muñecos de papel cantaron

“¡Que te crees tú eso, nariz de patata!
Vamos muy juntos, no nos soltamos por nada.
Somos Piqui y Pecas y Helena Melenas
Y Juan Dos Narices y Ana la Lanas.”

Los muñecos de papel
Julia Donaldson
Ilustraciones de Rebecca Cobb
2013. Barcelona: Ediciones B.

Colección B de Blok

jueves, 26 de septiembre de 2013

Malos tiempos para grandes esperanzas


Mientras que algunos pasan los años vaciando su vida a tímidos sorbos, con generosos tragos o derramándola por alguna alcantarilla, otros la llenan de sueños, ilusiones, expectativas y grandes esperanzas. No sé qué será peor, si vivir despierto o pecar de incauto, algo que le está pasando a más de un joven parado, sobre todo si hace caso de los mensajes optimistas que desde hemiciclos y púlpitos se declaman a todas horas.
No diré que pensar en positivo es peor que “pensar en verde”, pero se hace necesaria una mente preclara que acabe con tanta aberración televisiva. Hablemos alto (y eso que me aquejo de afonía): la crisis va para largo… Empleos bananeros, “overbooking” en establecimientos de segunda mano, yuppies rebuscando cebollas, y el quinto de Mahou® a todo trapo…


España está más seca que el astil de una pera y mientras tanto, nuestro joven capital humano se la rasca a dos manos en base a sus erróneas expectativas, esas que fluyen en bares y discotecas, en redes sociales y páginas de contactos. Aquí lo que triunfa es la supervivencia, ningún riesgo y todas las comodidades… Aunque bien pensado, para que me exprima el estado, liquido a mi padre (o a la abuela, que es la única que cobra).
Pero ahí no acaba la cosa… Si a estas púberes esperanzas, sumamos las gubernamentales, la cosa se va de madre… ¿Recortes salariales? ¿Minijobs? ¿Privatización? ¿PYMES? ¿Quién coño quiere darse de alta?... Afanes recaudatorios y recargos de equivalencia aparte, nuestra situación demasiado tiene que ver con el título de la obra cumbre de Dickens que, si bien proveyó de caudales al hijo adoptivo de un herrero, también lo cegó de amor y pobres pensamientos, dando a luz un gran relato, pero poniendo en evidencia las pocas miras de este joven actor altamente esperanzado.

Cambiemos el mundo y esperemos poco, pues el que mucho espera, derrocha el presente, olvida el pasado e hipoteca el futuro.

lunes, 23 de septiembre de 2013

No al cambio de hora


Retornan los madrugones de prisas y trompicones, de vaivenes insustanciales y desayunos supersónicos (no hablo de duchas ni de otras rutinas higiénicas porque el calentador del agua sigue jodido, y yo, sin gusto))… ¡Con lo bien que, enredados en las sábanas, vivimos el estío!... Una pena que todo pase y el otoño, las lluvias, los cielos cenicientos y, sobre todo, el cambio de hora, se cuelen por las rendijas del tiempo…
 Se dice, se comenta, que el gobierno planea terminar de golpe y porrazo con el odiado cambio horario, ese que mina el sistema límbico, altera los biorritmos, y nos convierte en androides somnolientos. Y yo asevero que “¡Dios quiera!”, porque en España, un país de luz y día, nunca han cuajado esas necesidades germanas de ocultar el sol antes de tiempo y trastocar el engranaje epifisario.


Me declaro a favor de un horario invernal compartido con Portugal y Reino Unido. Le declaro la guerra a la mente anochecida centroeuropea, a las efímeras tardes de invierno, a la oscuridad cavernícola. ¡Ojalá y se atrevan los mandatarios a plantar cara al autoritarismo temporal europeo! ¡El mismo que se escuda en el ahorro energético para seguir malográndonos! Sería un paso de gigante que, aunque no diluye la deuda pendiente (nos queda Merkel, Siemens® y Volkswagen® para rato…), da buena cuenta de nuestro descontento y nos otorga un efímero triunfo ante las imposiciones reinantes, esas que a modo de intereses, reformas fiscales y fondos de cohesión nos dejan la chepa como un acordeón.
Se agradecería un pequeño acto de rebeldía (aunque sólo fuera relativo a las manecillas del reloj) y de paso, disfrutar más tiempo de los paseos vespertinos y las terrazas de los bares (el único negocio que, por lo visto, medio funciona… ¡Bienvenida “burbuja hostelera”!), al paso que unificamos criterios con nuestros vecinos lusos y aupamos nuestro carácter mediterráneo. 
Ante algo tan subjetivo como el uso del reloj, sólo podemos decir que, por soñar, que no quede... Mientras unos necesitan más de la cuenta, otros se dedican a derrocharlo sin medida, unos exprimen los minutos y otros ven pasar las horas como sinuosas bandadas de tordos. Es por ello que hoy, haciendo referencia a esa relatividad temporal, les invito a leer, Tic-Tac una propuesta de Grégoire Rizac y Jörg (editorial Takatuka), que desvela desencuentros familiares en torno al tiempo y su desmedida.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Recuerdos del verano


Aún suena el mar en mis oídos. Sala el Mediterráneo mis labios. Y me trae recuerdos de la calma, del verano… Del arroz a banda, de las lonjas de pescado, de ese sol que enamora a las gentes del norte, de esa brisa, de ese barco…

A este niño inquieto
lo cubre el pañal
de pies a cabeza,
pétalos de sal.

Su red de amor
le teje a mi niño,
vaivén de la hamaca
duerme el pececillo.

Alas, olas, hilos
cubren al pequeño;
arrulla su llanto
la espuma del sueño.

Llega la sirena,
después el delfín,
le traen arena
en un calcetín.

De pies a cabeza
lo cubre el pañal,
a este pececillo
lo arrulla la mar.

Ramón Suárez.
Arrullo marino.
En: Palabras para armar tu canto.
Ilustraciones de Cecilia Rébora,
2012. Pontevedra: Kalandraka.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Aprendiendo con las ilustraciones


Siempre sido un gran defensor del libro-albúm de divulgación o libro de entendimiento. Y lo seguiré siendo aunque esta denominación se vaya diluyendo debido a la ingente cantidad de libros que se publican y que solapan tanto conceptos como finalidades (he ahí el problema de la indefinición de “Literatura Infantil y Juvenil”…, todos los años, lo mismo…).
El álbum ilustrado de divulgación es un libro que, aunque carece en gran parte de un sentido literario estricto, explica de manera expositiva una parcela del mundo real a través del alto contenido gráfico/ilustrado que posee. Y muchos dirán: ¿Qué diferencia a estos libros de los tan odiados libros de texto?... Ahí voy,  ¡de cabeza!
Aunque muchos constatamos que la principal diferencia reside en el formato (cualquier libro de texto no baja de las cien páginas), me gustaría apuntar varios comentarios sobre la segunda, es decir, el tratamiento de las imágenes. En el libro de entendimiento, las imágenes ayudan a la comprensión lectora pero sin dogmatismos; abren la mente del lector y la enriquecen; y no se crea un hueco a modo de calzador, sino que penetran de manera sutil.
Y me rebatirán: Sí, sí… pero, ¿y las de los libros de texto? ¿Qué libro de texto no tiene ilustraciones hoy día?… La mayor parte las tienen, aunque usadas como un mero añadido que embellece pero no ilustra (podríamos llamarlas “dibujos”). También señalar que la mayor parte están realizadas con ordenador, una técnica de bajo coste y sencilla que poco tiene que ver con las que desarrollan los autores de los álbumes del aprendizaje, donde el humor, los detalles y la interacción con el lector, es más que palpable.
De entre los grandes autores de los libros de conocimientos que disfruté durante la niñez (o ya como adulto), podría citar a David Macaulay, Steve Jenkins, o, cómo no, a Richard Scarry (mi favorito) que regresa a las estanterías de nuestro país gracias a la publicación de El gran libro de la escuela (editorial Kókinos), una suerte de páginas llenas de animales con ansía de aprender, jugar y sonreír (espero que algo parecido les ocurra a mis alumnos…).

lunes, 16 de septiembre de 2013

Empezando el curso y terminando la feria


Tras dos meses y medio de vacaciones queda inaugurado el nuevo curso escolar, y con él, se abre la puerta de este lugar donde la L de libros, letras y lecturas, campa a sus anchas. Aunque con bastante desgana (no olvidemos que la depresión postvacacional hace estragos en cualquiera), intentaré mantenerles informados de todo lo que acontezca en la actualidad lijera, y, por qué no, de todo lo que nos rodea y provoca encontradas opiniones (no tiemblen, sólo les tensaré la fibra cuando sea estrictamente necesario, que luego muchos hacen acopio de insultos gratuitos e inmerecidos y ya estoy viejo para guerrear contra la estupidez humana…).
¿Y qué mejor para terminar las vacaciones y empezar con la rutina septembrina, que una feria? Llenas de luces, de bullicio, de bailoteo a doquier, de coches de choque y norias incansables, de mazorcas asadas, de manzanas de caramelo, de vino dulce y barquillos, de bolas de anís y berenjenas encurtidas, de caballos al mediodía, y de charangas bullangueras, las ferias llenan nuestra geografía hasta la entrada de octubre, acompañan la vendimia y auguran un otoño de recogimiento y trabajo, que, aunque nos pese, necesitamos más que nunca.
Ferias hay para todos los gustos…, de postureo o callejeras, de corto o de largo…, las tenemos breves e interminables, taurinas o ecuestres, de botellón y de gasto desmedido. Las hay sucias y muy limpias, alegres y no tanto, a rebosar y también vacías, mayoritarias y para las minorías. Pero eso sí, como la de Albacete, ninguna.



 Ya termina la feria…, sólo quedan dos días. Es por ello que, si les pilla cerquita y tienen ganas de jolgorio, no duden en visitarla, y ver así su tronío y valía. Y si no, siempre pueden conformarse con Luces de feria, una propuesta de Fran Nuño y Enrique Quevedo (editada por Cuento de Luz) que, aunque no es lo mismo, transmite ese sentimiento que llena todas ellas.