jueves, 13 de octubre de 2016

Acoso escolar, una historia de oscuridad


Cuando los orientadores escolares se echan a temblar (y esos tiemblan poco), es que el acoso escolar planea sobre nuestras cabezas. De unos años a esta parte, el vocablo inglés “bullying” se utiliza con demasiada frecuencia dentro y fuera de las aulas. Por un lado, tanta normalización asquea, mientras que por otro, aporta visibilidad a un fenómeno acallado históricamente y que, lo pensemos o no, ha truncado la vida de muchos niños y adultos.
El problema del acoso escolar no es algo nuevo (parece que algunos han descubierto América de unos años a esta parte) sino que viene de tiempo atrás, no sé si inmemorial, pero lo que está claro es que es un fenómeno que hay que, si no erradicar, al menos paliar.
En primer lugar hay que tener en cuenta un factor natural. Los niños, como las crías de cualquier otro mamífero (no es que quiera yo compararlos con los animales, que también, pero no está de más recordar nuestra naturaleza animal) se encuentran en constante cambio y adoptan el juego y la lucha como meros patrones de comportamiento y aprendizaje para la posterior vida adulta. Es así como se hacen eco (a todas horas y en cualquier punto cardinal) de los estereotipos que ellos mismos se crean gracias a los estímulos del entorno, bien sea por sí mismos o por imitación. No deja de ser instintivo y, aunque hay que tomarlo con reservas, en cierto modo está justificado.


Lo truculento de este tema llega cuando esos comportamientos vienen modelados por un mundo adulto que les provee de ejemplos y mensajes (in)deseables, unos que los niños adoptan como suyos en un contexto diferente (véanse los patios de recreo o los parques infantiles, y no los despachos o los andamios), lo que resulta peligroso si tenemos en cuenta que los pequeños desconocen ciertas normas y convenciones crípticas de los mayores... Y emergen prejuicios que no se deben a su condición, sino a la de otros. Es así como la sociedad infantil pasa a ser un reflejo de la adulta en un contexto un tanto ficticio; es así como surgen categorizaciones que, aunque no se relacionan directamente con la hegemonía monetaria, el estatus social y sus artefactos, sí pueden estar modelados indirectamente por estos factores (se me ocurre citar la ropa de marca o el teléfono móvil), que contaminan y envilecen a los niños y recrudecen el acoso escolar hasta un punto de no retorno.


Existen niños que tienen otras preferencias: niños que prefieren leer a jugar, otros con sobrepeso, con orientaciones sexuales diferentes, con un espíritu crítico hiperdesarrollado, aficionados a la ciencia o a la música clásica; unos niños que son más susceptibles de recibir los ataques de indiferencia y marginación del resto, y que la mayoría de las veces acaban en acoso escolar. Mientras que muchos de ellos logran socializarse con otros semejantes o hacen frente a la situación con diferentes estrategias entre las que destacan la invisibilidad o convertirse en acosadores (sí, sí, no se sorprendan), otros no encuentran su lugar, su refugio en otros iguales, y es ahí cuando pueden comenzar los problemas de acoso escolar por la falta de un apoyo manifiesto, que se traducen en fobias, animadversiones, secuelas psicológicas y/o físicas (tanto en el presente, como en el futuro, ese al que siempre van los monstruos del pasado), e incluso la muerte por homicidio o el suicidio.


Aunque somos muchos los que pensamos que, en cierto modo, el niño debe aprender a relacionarse con sus iguales y a enfrentarse a los problemas que surgen de las interacciones humanas en pro del enriquecimiento personal y la buena socialización (algo que se figura cada vez más adverso, todo hay que decirlo), hay que ser consciente del drama diario que suponen el sufrimiento y la indiferencia a las que lleva el acoso escolar.
Es de este modo cómo podemos pensar en posibles soluciones a esta realidad que, aunque la mayor parte de las veces pasan por el proteccionismo y las campañas de sensibilización, deberíamos empezar a plantearlas desde la inteligencia emocional, asignatura cada vez más necesaria en sociedades exentas de escrúpulos, para dotar así a los acosados de estrategias sencillas que les facilitaran, si no insertarse en una sociedad que no está hecha a su medida, sí hacerle frente a situaciones que pueden ser comprometidas, tanto para su integridad física, como psicológica. Respecto a los acosadores, no sólo creo que sería más efectivo un endurecimiento del marco legislativo (las leyes están al servicio de los intereses comunes y son mutables ante nuevas realidades sociales como estas, en las que la niñez deja de serlo), sino en un marco conceptual en el que primasen planes integrales donde los acosadores se impregnaran de la realidad diaria de los acosados, se pusieran en el lugar del otro y empatizaran ante las consecuencias de sus acciones.


Es obvio que este tema es sumamente delicado y que las dificultades, como bien he apuntado en todo lo anterior, se hacen más punzantes conforme se complica una sociedad falta de valores y principios, huérfana y somera, pero a veces, veo la luz al final del túnel cuando leo libros como el de hoy.
Jane, el zorro & yo, un libro de Isabelle Arsenault y Fanny Britt recién publicado en España por Salamandra y que ha cosechado mucho éxito fuera de nuestras fronteras, se podría catalogar como novela gráfica, aunque haya dobles páginas que bien podrían pertenecer a un libro-álbum. En ella se hace uso de técnicas propias del cómic (la viñeta y el diálogo) para narrar la historia de acoso escolar de Hélène, una niña que pasa de estar integrada en un grupo de amigas, a ser menospreciada y ridiculizada por estas. Sumergida en una oscura e interiorizada soledad magistralmente ilustrada por Arsenault a base de grafito y aguadas de tintas grises y ocres, la protagonista decide refugiarse en la Jane Eyre de Brontë y establecer un paralelismo con su dolorosa situación, cuyo final me reservo. 
Este libro, a pesar de sumergirse en un bonito viaje emocional narrado en primera persona y desde los diferentes puntos que se puede abordar el acoso escolar (acosados, acosadores, familias y entorno), no deja de ser un canto a la esperanza, al futuro, ese que ve representado por la figura de un zorro y luz. Mucha luz.


lunes, 10 de octubre de 2016

¿Ser o parecer? He ahí el dilema...


Tras el alivio que supone saber que Paulo Coelho no haya recibido el Nobel este año (Aviso de que estas inocentadas informativas pueden provocar un telele a más de uno. ¡No jueguen con nuestra salud! Prefiero dudar sobre la existencia divina antes que admitir que este tío escribe literatura) y  vaticinando que todo se andará, recomiendo a todos aquellos que persigan un hueco en el firmamento de la escritura, que dejen de leer a Dickens, Cervantes, Chesterton o Cavafis, y empiecen a darse a la paraliteratura. No importa si son libros de autoayuda o adaptaciones cinematográficas, pero la cuestión en que se dediquen a las castañas pilongas para, algún día, recibir de manos del rey de Suecia el citado galardón.
No es de extrañar que el tiempo de los buenos escritores haya quedado atrás. ¡Que más da! Con un buen argumento que desarrollar, no excederse en florituras y cagarla lo menos posible en cuanto a reglas ortográficas y sintácticas se refiere, es suficiente. A todo ello hay que añadir pavonearse, buscar entre tus genes alguno que ayude a explicar tu innata verborrea, escribir tu nombre con luces de neón, rodearte de mucho palmero y perifollo, y apuntarse a todos los saraos, tienen una importancia más que considerable en esto del éxito. Vamos, que la cosa se resume en parecer y dejar de ser.
El postureo, ese concepto que España ha proporcionado al mundo entero y del que debería sentirse ¿orgulloso?, está patente en cualquier faceta de nuestra existencia. Todas necesitan de un espectáculo en el que hay que invertir mucho tiempo e ingresos. Mientras algunos se dejan la paga extra para enmarcar los títulos de la universidad popular, y otros rehipotecan el piso por cuarta vez para embutirse en las creaciones de Azzedine Alaïa, todos intentan a toda costa confundir a los demás y proyectar una imagen ilusoria de sí mismos que les ayude a progresar en el ámbito profesional o social.


Así pasa, que de toparnos con tanto sucedáneo hemos perdido el criterio y somos incapaces de distinguir entre churras y merinas (¿o era entre hombres y piedras de mechero?). Algo no sólo restringido a nuestra especie, sino también a las del grupo de reptiles como El señor serpiente, protagonista del último álbum de Armin Greder publicado en nuestro país a cuenta de la editorial A buen paso. El autor de, entre otros títulos, La isla o La ciudad, y ganador de numerosos premios internacionales, establece un juego de adivinanzas (expectación de las páginas impares), suspense (ese momento mágico de pasar la página...) y decepción o enfado (descubrir lo que esconden las páginas pares). Y justo cuando el señor serpiente tira la toalla, ¡voilá! Aparece algo inesperado. Si a toda esta historia con forma de retahíla clásica añadimos que se desarrolla en un contexto más amplio (no sólo en la dimensión argumental, sino en la dimensión escalar) cuyo final se nos desvela en la última doble página, se podría decir que nos encontramos ante un inmejorable álbum ilustrado para primeros lectores bastante honesto, sin poses ni parecidos razonables, que al fin y al cabo, es lo suyo.

viernes, 7 de octubre de 2016

Catarros pre-otoñales y remedios rimados


Con este verano perpetuo que nos hemos procurado (sí, sí, no se den golpes de pecho que todos tenemos algo de culpa), el resfriado se ha convertido en epidemia. Toses, estornudos, moqueo y clínex por doquier (¿Ven? Sólo con sonarse los mocos están ayudando a la desforestación del planeta... ¡Pañuelos de tela y jabón de Castillaaaa!) se han convertido en cotidianos durante las últimas semanas. Consecuencia: consultas médicas a rebosar de flojos y los farmacéuticos haciendo su agosto en octubre, que se dice pronto.

De todo, de todo tengo
en mi botica.

Un romance para la tos,
un soneto para el dolor de tripa.
Tengo un madrigal que cura
todos los achaques que no se quitan
y, dentro de un frasco,
versos sueltos que sirven de tirita.

Para la tristeza tengo un ovillejo
que se atraganta y da la risa,
para el mal de amores
-aunque hay quien dice que no se quita-
prueba mi jarabe de aleluyas
y verás,
¡con sólo una cucharadita!

De todo,
tengo de todo en mi botica,
y si no lo tengo será
porque no lo necesitas.

Juan Carlos Martín Ramos.
Farmacia de poeta.
En: Poeta eres tú.
Ilustraciones de Mariona Cabassa.
2016. Creotz: Vigo.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Libro-álbum: 16 preguntas con respuesta


El otro día me topé con la intervención de la siempre sencilla e interesante Ellen Duthie en las IV Jornadas “Laboratorio de Lecturas” organizadas por las bibliotecas de Granollers (pueden ver el vídeo AQUÍ), y mientras ella hablaba de las bondades de las preguntas, yo caí en la cuenta de que no me había hecho muchas sobre el tipo de libros que abundan en este sitio monstruoso, los libros-álbum.
Este hecho, probablemente me haya llevado a cometer errores, mínimos unas veces, imperdonables otras, pero como nunca es tarde si la dicha es buena, llevo varios días haciéndome una serie de cuestiones en torno a estos libros tan especiales, de manera que pudiera aclararme las ideas respecto a ellos y fuera capaz de reescribir el discurso (¡revoluciones, crisis y cambios de paradigmas!).
He aquí dieciseis preguntas con sus respectivas respuestas (en base a mi experiencia y la de otros) que creo que les pueden ser útiles si empiezan a preguntarse cosas como ¿Qué pijo es un álbum? ¿Un libro-álbum puede contener poesía y hablarnos de la antigua Grecia? ¿Cuántas páginas tiene un álbum ilustrado? o ¿En qué sección de la biblioteca tiene cabida el libro-álbum?
¡Empiezo! Y ya saben... Si les queda alguna duda, sigan el consejo de la señora Duthie: piensen a conciencia sus preguntas e irán construyendo la respuesta.

1. ¿Libro ilustrado, libro-álbum, álbum o álbum ilustrado? ¿Cuál es su nombre?
 La sola denominación de este producto cultural conlleva muchos quebraderos de cabeza por la gran cantidad de variables a las que está sujeto. En primer lugar tenemos el nombre que recibe en el mundo angloparlante, “libro ilustrado” (picture book), uno que hace alusión a dos conceptos de formato, es más genérico, no ahonda en diferencias con otro tipo de libros y es el más antiguo, el original. En segundo lugar tenemos “libro-álbum”, una denominación más moderna, de origen francés (se acuña tras la publicación de Babar en 1931), que concibe este producto como un género nuevo, lo dota de entidad propia añadiendo el vocablo “libro” para hacer hincapié en las diferencias con otro tipo de álbumes (fotográficos o de cromos, por ejemplo), y acota ciertas características sobre su formato, especialmente en lo referente a la paginación y el uso de varios lenguajes artísticos a un mismo tiempo. El tercer nombre, “álbum” a secas, es una variación del anterior que se usa más que este por su brevedad, pero puede ser confuso al no establecer diferencias con otros tipos de álbumes. La última denominación, “álbum ilustrado”, aunque es una de las más agradables verbalmente y está muy extendida junto con la de “álbum” no es del todo correcta a la hora de hablar del nombre genérico, ya que denominaría a una tipología dentro del “libro-álbum”; no obstante y aunque el adjetivo “ilustrado” puede parecer redundante, al igual que ocurre en “libro-álbum” lo diferencia de otros álbumes, un valor añadido en esta época de buscadores cibernéticos y que si se omite puede llevar a confusión (prueben en Google y verán...). A mi juicio y a pesar de que yo utilizo más la denominación de “álbum ilustrado”, la más correcta es “libro-álbum” porque habla del objeto cultural y define tanto formato como contenido. El resto, aunque igualmente utilizadas y aceptadas dentro del mundo del libro, adolecen de indefinición por exceso o defecto, pero lejos de academicismos, son igualmente utilizadas.


De Brunhoff, Jean. 1931. Histoire de Babar le petit eléphant. (Edición española: Babar. Todas las historias. Blackie Books, 2015).

2. ¿Qué es un libro-álbum? Teniendo en cuenta las variables más importantes (a mi juicio) de un libro-álbum, podríamos definirlo como “artefacto u objeto cultural concebido en inicio con aspecto de libro de pequeña extensión dirigido al público infantil, que contiene un discurso eminentemente poético creado con lenguajes y técnicas artísticas variadas que dependen de la intencionalidad de los contenidos a transmitir”.
Incluyo los conceptos de “artefacto” por su naturaleza antrópica; apunto que es “cultural” y no literario porque de ese modo englobo otras manifestaciones artísticas; subrayo que “en inicio” tiene apariencia de libro dirigido al público infantil puesto que en los últimos años su aspecto físico y los soportes han empezado a cambiar y ya no sólo se ofrece a los niños, sino también a todo tipo de público; y por último hago hincapié en la variedad de técnicas utilizadas en este tipo de libros (lingüísticas, musicales, pictóricas, fotográficas o papirofléxicas) que de manera aislada y conjunta le confieren distintas atribuciones sobre el mensaje final.

3. ¿Qué define al libro-álbum? Aunque algunos autores ofrecen múltiples parámetros a estudiar en los libros-álbum, todos ellos se pueden resumir en dos tipos de variables: las que se refieren al continente y aquellas que tienen relación con el contenido. Cada libro-álbum se crea sobre unas características físicas y unos contenidos determinados que dependen la mayor parte de las veces de la intencionalidad que sus creadores quieran otorgarle. No pueden tener el mismo formato un libro-álbum de tipo “board-book” que otro “pop-up”, ni expresan del mismo modo un álbum ilustrado de poesía y uno gráfico. He aquí la verdadera dificultad de un tipo de libro que es capaz de aunar tantas intenciones, tantos tipos de mensajes y tantas formas de expresarlos, algo que origina multitud de piezas híbridas con compleja clasificación dentro de lo canónico.

4. ¿Cómo es el continente de un libro-álbum? Como bien indica su nombre en inicio tiene aspecto de libro que utiliza como soporte el álbum. Este álbum suele tener distintos formatos (con diferentes dimensiones y con una paginación restringida (en inicio) que suele oscilar entre las 24 y 32 páginas, pero pueden presentarse en mayor (ilimitadas) o menor número (10-12 mínimo). Dependiendo del material utilizado (generalmente papel, cartón, acetato o plástico), se encuadernan de diferente forma aunque la más común es en tapa dura o cartoné (excepto en los países de habla inglesa en los que está muy presente la tapa blanda) y cosida.
Como unidad de superficie y tiempo (también podemos llamarla escena) se suele tomar la doble página, un lugar en el que irán organizados los elementos que la compongan que articularán el mensaje dependiendo, no sólo de los contenidos y de las interacciones que están implícitas entre sus elementos, sino de la relaciones emergentes entre el contenido y la forma (también llamado discurso). Sobre este punto hay que indicar que, como en cualquier otro libro, generalmente, las imágenes se conciben para ser reproducidas en dos dimensiones lo que muchas veces limita el contenido.

5. ¿Pueden existir variaciones a esta apariencia inicial del libro-álbum? En los últimos años y gracias a la introducción de nuevas materias primas y al desarrollo de diferentes técnicas como las transparencias o el troquelado, surgen nuevas concepciones en cuanto a la aspecto físico del libro-álbum, uno en el que tienen cabida los libros “pop-up”, los libros desplegables, los libros táctiles, los libros-mapa, los libros-juego o los libros-objeto, lo que supone una redefinición en este campo de cuasi-infinitas posibilidades.


García Lorca, Federico y André da Loba. Arlequín. Barbara Fiore.


Boisrobert, Anouck & Rigaud, Louis. En el bosque del perezoso. Hipótesi.


Kveta Pacovska, Kveta. Hasta el infinito. Faktoria K de Libros.

6. ¿Qué contenido tiene el libro-álbum? En el libro-álbum podemos definir diferentes contenidos primarios en base a distintos criterios. Si consideramos las técnicas artísticas y los estilos utilizados para su elaboración podemos hablar de literarios (narrativa, ensayo o poesía), musicales, ilustrativos (gouache, acuarela, fotografía o lápices de colores), entre otros. Si consideramos el código utilizado para expresar el lenguaje podemos hablar de literarios, expositivos, visuales, didácticos, pedagógicos, de actividades, sobre inteligencia emocional o autoayuda, pero generalmente hablamos de dos códigos, el código verbal o lingüístico y el código gráfico. Una vez que, tanto las técnicas artísticas, como los códigos cohabiten en las páginas, surgirán nuevos contenidos emergentes como el juego, la teatralidad, la cinematografía, el movimiento, las variaciones rítmicas, etc.


Ziraldo, Alves Pinto. Flicts. This side up. (libro-álbum ilustrado de contenido literario).


Scieszka, Jon & Smith, Lane. El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos. Thule. (libro-álbum narrativo de contenido literario).

Como he apuntado anteriormente en la pregunta-respuesta número 3, esta gran variabilidad de contenidos es muy importante ya que, por lo general, es lo que más nos confunde a los lectores y da lugar a que, por ejemplo, algunos padres y maestros busquen contenidos pedagógicos en libros literarios que no han sido creados para tal efecto. Hay que tener muy claro que, cuando un libro-álbum se concibe como literario nunca tendrá un fin didáctico y cuando un álbum se crea con técnicas literarias pero concebido como didáctico (véase el caso de un libro-álbum gráfico informativo) será muy difícil que alcance el estatus de literatura propiamente dicha (siempre hay excepciones).



Sís, Peter. El árbol de la vida. RqueR. (libro-álbum ilustrado de contenido informativo).


Alemagna, Beatrice. Un león en París. SM. (libro-álbum ilustrado de contenido literario/informativo).


Tan, Shaun. El árbol rojo. Barbara Fiore. (libro-album ilustrado de contenido literario/autoayuda).


Toro, Grassa y Ferrer, Isidro. Cuaderno de vacaciones. Libros del Zorro Rojo. (libro-álbum ilustrado de actividades).

7. ¿El libro-álbum se lee o se mira?
 Aunque solemos limitar la lectura a la esfera lingüística y su expresión escrita, leer consiste en descifrar e interiorizar lo que se nos transmite a través de un código. También se leen la hora, las partituras y los cuadros de Velázquez, Goya o Egon Schiele. Entonces, ¿por qué no vamos a poder leer los mensajes simultáneos que nos ofrece un libro-álbum? Sería una pena si tenemos en cuenta que estamos preparados para ello, puesto que nuestra época nos ha dotado de una alfabetización visual (no hablo de la estética, otra cosa diferente...) que hemos alcanzado gracias a los lenguajes posmodernos, esos simultáneos y fragmentados en los que nos encontramos sumergidos por culpa del cine y su plasticidad, la televisión, el dibujo animado y los videojuegos. Las imágenes, además de ser polisémicas, icónicas y metafóricas, están supeditadas a contextos amplios en los que paratextos e hipertextos hablan por sí solos y dejan al lector experimentar más allá de la doble página. La lectura de un libro-álbum es una lectura enriquecida puesto que utilizamos para ello signos verbales, plásticos e icónicos y, sobre todo, diferente a la que conocemos de manera clásica: no leemos literatura, leemos otra cosa.

8. ¿Qué tipos de libros-álbum podemos definir en base a los lenguajes artísticos que contienen? La sistemática y clasificación del libro-álbum es un terreno pantanoso por la convergencia de dos lenguajes y sus múltiples elementos. Aunque las hay complejas y muy elaboradas (por ejemplo la de Nikolajeva y Scott o Van der Linden), yo soy más partidario de algo sencillo y bien nombrado por lo que distingo tres tipos de libro-álbumes: el libro-álbum textual, el libro-álbum ilustrado y el libro-álbum gráfico. Dado que, en ciertos casos, las fronteras entre ellos pueden adolecer de indefinición y ser un tanto difusas, debemos realizar varias lecturas -obviando las ilustraciones, centrándonos en el texto, tratándolas conjuntamente...- para valorar cualitativamente su grado de interacción, aunque muchas veces veremos que es muy difícil asignarlos a uno u otro grupo.

9. ¿Qué define al libro-álbum textual?
 En un libro-álbum textual, la mayor parte del mensaje recae sobre la parte literaria o texto del mismo, mientras que la ilustración sólo lo acompaña y apoya, es decir, el nivel de complementariedad entre lenguajes es bajo. Por todo esto el libro-álbum narrativo sí puede adscribirse dentro de los géneros literarios para su clasificación en biblioteconomía y documentación, aunque lo más correcto sería que ocuparan parte del corpus general dentro del libro-álbum. 


Hole, Stian. El final del verano. Kókinos.


Silverstein, Shel. El árbol generoso. Kalandraka.


Juster, Norton. El punto y la recta. FCE.


Ezra Keats, Jack. Un día de nieve. Lata de Sal.


Steig, William. ¡Shrek! Libros del Zorro Rojo.

10. ¿Qué define al libro-álbum ilustrado? Es aquel libro-álbum en el que lo literario se impregna de la imagen y viceversa. El grado de complementariedad es elevado y pesan lo mismo texto e imágenes. Hay que apuntar a que la suma de dos lenguajes diferentes provoca la surgencia de un discurso emergente con propiedades diferentes a estas formas de expresión, es decir, si una de ellas desaparece en una obra de estas características, su comprensión global es imposible. Si además añadimos los elementos peritextuales que muchos de ellos presentan, la cosa sigue complicándose. (N.B.:). 


Browne, Anthony. Gorila. FCE.


Lionni, Leo. Pequeño azul, pequeño amarillo. Kalandraka.


Van Allsburg, Chris. Los misterios del señor Burdick. FCE.


Newell, Peter. El libro inclinado. Thule.


Klassen, Jon. Este no es mi bombín. Milrazones.

11. ¿Qué define al libro-álbum gráfico? En un libro-álbum gráfico, el discurso de las imágenes es prioritario sobre el literario. Existen casos en los que el texto desaparece en pro de la ilustración originándose lo que se conoce como “silent book” o “libro-álbum sin texto/palabras”, el máximo exponente de este tipo de libros-álbum en los que las imágenes expresan por sí solas el mensaje. 



Lee, Suzy. La ola. Barbara Fiore.


Ponti, Claude. El álbum de Adela. Lata de Sal.



Banyai, Itsvan. El otro lado. FCE.


Sáez Castán, Javier & Murugarren, Miguel. Animalario universal del profesor Revillod. FCE.

12. ¿Se podría considerar al libro-álbum ilustrado o al libro-álbum gráfico dentro de la Literatura y sus géneros? Si el libro-álbum ilustrado presenta contenidos textuales con finalidad literaria suficientes para enmarcarlo dentro de un género (narrativa, poesía, teatro, ensayo...), sí. En cambio, la realidad del álbum gráfico es otra: el discurso se articula mayoritaria mente sobre el lenguaje de la imagen por lo que debería clasificarse aparte, aunque existan excepciones...


El soldadito de plomo de Jörg Müller (Lóguez) es una de ellas. Este título sin texto está creado a partir de imágenes secuenciales por lo que debería ser tratado como álbum gráfico, pero como el texto subyace aunque no exista, ya que el autor reinventa y reinterpreta un cuento de Andersen, este libro-álbum podría ser considerado narrativo porque tiene en cuenta la experiencia previa del lector para descodificar las imágenes. A pesar de esta narración verbal subconsciente, soy partidario de que este tipo de libros deberían incluirse en la esfera del álbum gráfico en pro de una taxonomía clara y concisa.
No obstante hay que decir que el libro-álbum se puede entender desde diferentes cosmovisiones artísticas en las que prevalece un punto de vista conjunto y por ello, como el cómic y la novela gráfica, es un producto cultural diferente a los ya existentes que debería clasificarse aparte. Otro caso es lo que suceda en la práctica..., una en la que influye, tanto un nivel de subjetividad -bastante elevado-, como la experiencia con este tipo de libros, la autonomía para decidir sobre la ordenación y ubicación de los volúmenes o el siempre limitante espacio.

13. ¿Qué diferencia al libro-álbum del cómic? Mientras que en el libro-álbum se presta mucha atención al formato, en el cómic no es así, uno que la mayoría de las veces esta ideado a la francesa (vertical), puesto que este aspecto no tiene mucha intencionalidad. También podemos apuntar a la unidad-espacio: mientras que en el cómic se hace uso de la viñeta como espacio esencial, el libro-álbum suele se toma como referencia la doble página y a veces la página sencilla. Se puede hablar de la secuenciación, una con más ritmo en el cómic que en el álbum ilustrado, y del bajo nivel de complementariedad entre ilustración y texto. Aunque a veces el libro-álbum se decanta por recursos propios del cómic o la historieta para enfatizar la acción espacio-temporal, son dos productos diferentes.


Briggs, Raymond. El muñeco de nieve. La Galera. (Libro-álbum gráfico con técnicas de cómic).

14. ¿El álbum ilustrado es un tipo de libro dirigido sólo a niños?
 Categóricamente, no. Debido a la asociación errónea que se ha hecho del libro-álbum y la infancia desde sus comienzos, este ha sufrido un menosprecio por parte del lector adulto, relegándolo a un segundo plano por creer que el lenguaje de las imágenes es más primario y menos rico frente al literario. En las últimas décadas este pensamiento colectivo ha empezado a cambiar y el libro-álbum deja de ser una parcela exclusiva del lector infantil. El adulto atraviesa la frontera y ve nuevas posibilidades a un producto cultural enriquecido. Aunque se tiende a una clasificación en la que dos categorías (libro-álbum infantil y libro-álbum para adultos) pugnan por dos públicos diferentes, hay que llamar la atención sobre que los buenos productos culturales son universales y tienen diferentes niveles discursivos que pueden adaptarse a diferentes miradas. A nivel práctico y como bien apunté AQUÍ, la clasificación por edades es útil y orientativa respecto a los contenidos, pero no es fehaciente cuando se trata de responder a intereses individuales.


Greder, Armin. La isla. Lóguez.


Erlbruch, Wolf. El pato y la muerte. Barbara Fiore.


Van Ommen, Sylvia. Regaliz. Kókinos.

15. ¿Cuál es el origen del libro-álbum y cómo evoluciona? Aunque a partir del siglo XVII aparecen las primeras publicaciones que utilizan la imagen en libros de carácter didáctico dirigidos a los niños, el libro-álbum nace a finales del siglo XIX, sobre todo con libro-álbumes de corte textual (la imagen ayuda a comprender el mensaje pero no tiene suficiente entidad), un producto que evoluciona poco a poco hasta que, a principios del siglo XX, empiezan a surgir los primeros libro-álbumes ilustrados, unos con un protagonismo compartido entre texto e imagen. Ambos tipos de álbumes coexisten en el tiempo y sufren una co-evolución en paralelo, algo que no sucede con el libro-álbum gráfico que tiene una evolución más puntuada al verse influenciado por tendencias ajenas al mundo literario. Al mismo tiempo tenemos que apuntar a que estos tres tipos de álbumes sufren procesos de multiplicidad importantes conforme avanzan los siglos XX y XXI originando un crecimiento exponencial de los títulos publicados, una cuestión que por un lado se debe a que cada vez son más los creadores y autores intervinientes (multiplicidad de ideas e influencias) y por otro a la mercadotecnia y negocio editorial que supone la Literatura Infantil y Juvenil (multiplicidad económica).


Comenius, Johan-Amos. 1650. Orbis sensualium pictus.


Hoffmann, Heinrich. 1845. Struwwelpeter. (Edición española con contenidos anexos contemporáneos: Pedro Melenas y compañía. Impedimenta, 2015).


Caldecott, Randolph. 1878. The house that Jack built.


Sendak, Maurice. 1963. Where the wild things are. (Edición en castellano: Donde viven los monstruos. Kalandraka, 2014).

16. ¿Cuál es el futuro del libro-álbum? Desde que el grafismo irrumpe en el mundo del libro-álbum se han abierto innumerables puertas, no sólo en lo que se refiere al mundo de la imagen, sino a las posibilidades en cuanto al aspecto físico del objeto en sí mismo. La revolución en el campo de los materiales nos traerá nuevos tipos de tintas, papeles sensibles al calor y con gran conductividad que ofrezcan nuevas pautas de interacción en las que la era digital tendrá un papel esencial. El juego y, sobre todo, las ideas que surgen de los laboratorios de lectura, incorporarán interactividad y diversidad de público al libro-álbum, un nuevo género que, esperemos, perdure en vez de cavar su propia tumba retornando de nuevo a la página en blanco, una que, al fin y al cabo, es la madre de todas las artes.

Personas, lugares, libros y artículos que me han ayudado a preguntarme sobre el libro-álbum y a los que hay que darles las gracias:

- Grupo de Facebook Álbum ilustrado.
- Librería Circus.
- Nicolajeva, María y Scott, Carole. 2001. How picturebooks work? Psychology Press.
- Van der Linden, Sophie. 2016. Álbum[es]. Ekaré.
- Zaparain, Fernando y González, Luis Daniel. 2010. Cruces de caminos. Álbumes ilustrados: construcción y lectura. Universidad de Castilla-La Mancha/Universidad de Valladolid.
- Colomer, Teresa. 1996. El álbum y el texto. Revista Peonza, 39: 27-31.


lunes, 3 de octubre de 2016

¡Oh, mundo teatral!


No sé qué extraña razón me hace chocar estos días con el universo teatral. No es que me prodigue mucho entre las bambalinas (nunca he sido muy buen actor), pero sí hace eco en mi subconsciente esa palabra, “teatro”, por boca de otros que aman los escenarios...
Eco número 1. Acabamos de celebrar el centenario del nacimiento de Buero Vallejo y, aunque no soy de muchas efemérides, hay que apuntar a este gran autor teatral y algunos de sus dramas, como Historia de una escalera, La fundación o El tragaluz. La imperfección del ser humano, la falta de libertad, la denuncia social o la asunción de la lealtad llenan obras que se erigen entre las mejores del siglo pasado. Quizá estas representaciones trágicas sean demasiado complejas para los niños, pero si algo bueno tiene el teatro es que podemos disfrutar de él in situ, así que animo a las familias a regalar entradas para el teatro en cumpleaños y demás fiestas infantiles para abrirles la puerta a una experiencia diferente a las que acostumbran y que quizá redunde en ellos despertando aficiones hasta ahora desconocidas.


Eco número 2. Se ve que (¡por fin!) muchos padres y directores de colegio se han dado cuenta de que la iniciación al teatro puede ser una opción más que pedagógica en las tardes infantiles. Cada vez son más los actores y aficionados al noble arte de la interpretación que se ganan un dinerillo con expresión corporal, dicción y entonación. A los niños les viene la mar de bien para cultivar otros personajes que no sean ellos mismos e interaccionar entre iguales para perder el miedo a la vergüenza y conocerse más a sí mismos. Bonanzas sobre las tablas que los evaden de tanta tecnología y momentos de pasividad.


Eco número 3. Empiezo a pensar que lo de los socialistas es un entremés, no sólo por el jolgorio que se prometen, sino porque parece una pequeña comedia para justificar sus intenciones. Me gustaría echarle un ojo a los camerinos de Ferraz y constatar que la cosa no se va de madre. ¿Habrá abstención, no la habrá? Lo peor de todo es que el resto de partidos han dejado de aplaudir, empiezan a afilarse las garras, y los tomatazos salpicarán a los espectadores. Corroborando el desastre de la política española... una vez más.


Eco número 4. Con todo esto acaba de venirme a la memoria un libro informativo que no les dejará indiferentes... Teatro, con texto de Ricardo Henriques, ilustraciones de André Letria (autores de  Mar) y publicado por Ekaré en castellano, tardará muy poco en convertirse en una referencia en esto de la escena, no solo por ser un compendio alfabético de conceptos relacionados (si me apuran podemos llamarlo breve diccionario) con el mundo de las tablas, tan rico y variopinto, sino por ser una plataforma para que niños y mayores despeguen en las artes escénicas gracias a datos curiosos, diagramas gráficos y actividades sencillas relacionadas con el vestuario o las técnicas de expresión oral y corporal.


Lo dicho, echen mano de este libro exquisito y perfecto para regalar (para mi gusto es uno de los mejores del año en su categoría) y disfruten del teatro, ese arte que tanto hemos olvidado en estos tiempos pero que siempre está ahí.