martes, 18 de octubre de 2016

Ideas geniales en forma de libro (o sobre papel y cartón)


Libro. (Del latín, liber) Nombre masculino. Conjunto de hojas de papel, pergamino, vitela, etc., manuscritas o impresas, unidas por uno de sus lados y normalmente encuadernadas formando un solo volumen.” La Real Academia, tan parca como siempre y haciendo poca gala de su lema, da poco esplendor a una de las definiciones que podrían ser su santo y seña. Podrían haber incluido alguna nota poética para darle importancia, otra dimensión menos árida y pragmática con la que ensalzar un objeto que tánto (bueno y malo) ha hecho por nosotros. A pesar de los severos peros a esta descripción (¿Es el libro digital uno de estos libros? ¿Y los libros que no estan encuadernados? ¿Los libros acordeón?), debería darnos igual mientras existan librerías que nos provean de todos ellos.
Aunque muchos ven en el libro tan sólo literatura (ya saben ustedes del ego, el patrimonio y otros insanos vicios humanos), hay que dejar a un lado el arte y ponerse del lado de las ideas, el verdadero contenido de cualquier libro. Sabemos que, como en todo, hay muchos tipos de ideas... Las hay brillantes y apagadas, pobres y enriquecedoras, sobre-explotadas y novedosas. Pero en todos los casos, la dificultad reside en llegar a los destinatarios de una forma clara y comprensible, y, cómo no, empaparnos de ellas. Lo mejor que nos puede pasar es que caigan como semillas maduras, germinen en nuestro interior y, como la terca yedra, trepen por nosotros reverdeciendo las nuestras propias (No todo es tan positivo, les recuerdo la bomba atómica...).
Sí, lo sé, este lugar habitado por monstruos esta lleno de literatura infantil, pero a veces hay que bajarse los pantalones ante otro tipo de libros que, a pesar de no considerarse tales, pertenecen igualmente al reino de las ideas y merecen cierta visibilidad en las redes sociales. Unos son libros curiosos o juguetones, otros son libros más allá de los libros, también hay objetos en sí mismos, libros que nos hacen pensar o que nos roban una carcajada, llenos de imágenes, para tocar y morder, y casi todos, inmejorables para soñar. En definitiva, libros dirigidos a los niños que, aunque dejen el academicismo para otros, enriquecen y embellecen nuestro mundo -interior o exterior- desde otra perspectiva. Es por ello que hoy he caído rendido ante estas geniales iniciativas (ideales para regalar a niños y no tan niños) que nos han ido trayendo los meses.


Digón, Consuelo y Martín, Cintia. +caras. Ediciones Tralarí. Libro-juego con varios niveles interactivos que, a base de imágenes especulares, nos permite descubrir personajes de siempre en una entretenida historia visual para primeros lectores.


Benegas, Mar y Rubio, Carlos. A juego lento. Litera Libros. Rehogando palabras y mezclando sonidos, los autores proponen un taller de cocina que, a fuego lento, abre el mundo de la poesía a quienes se atrevan a meterse entre sus fogones.


Tulley, Gever y Spiegler, Julie. 50 cosas peligrosas (que deberías dejar hacer a tus hijos). Litera Libros. No sé si después de leer este libro muchos padres dejarán a un lado sus miedos, pero lo que está claro es que muchos niños se atreverán a desafiar al peligro. Imprescindible a cualquier edad para saber lo que nos falta, lo que nos queda.


García Sánchez, Sergio y Moral, Lola. Caperucita roja. Dibbuks. Una caperucita con forma de acordeón, la sombra de un lobo que nos lleva a un mundo desconocido, un libro-manual de todo lo que sospechábamos sobre esta historia... No sé como definirlo pero me encanta.


Arrhenius, Ingela P. Animales. CocoBooks. Imagiario-palabrario zoológico de grandes dimensiones con cierto aire vintage. Cuando lo abrí por primera vez, me daban ganas de arrancar las páginas y tapizar las paredes con ellas.


Toro, Grassa y Ballester, Arnal. Una pierna. A Buen Paso. Esta es la historia de un matrimonio. Un triste juego hecho historia, una historia en forma de juego. Esta es la historia de un matrimonio, el de una pierna y un dedo que recorren juntos las baldosas del camino.




Duthie, Ellen y Martagón, Daniela. Wonder Ponder. Filosofía visual para niños. (3 títulos) Wonder Ponder. Preguntarse a través de las imágenes, para responderse a través de la experiencia. Caminos que se abren a partir de situaciones cotidianas. Un proyecto original que busca aproximar a los niños al campo de la ética y la filosofía renunciando al dogmatismo.


Scott, Katie. Historia de la vida. Evolución. Impedimenta. Imprescindible en mi biblioteca de biólogo evolucionista. De vez en cuando me lo traigo a clase y lo despliego ante la atenta mirada de mis alumnos. Es importante ponerle cara a las formas de vida pasadas y de paso, darle un toque de color a la Escuela.


Goes, Peter. La línea del tiempo. Maeva. Recomendadísimo para todos los aficionados a la historia, una maravilla gráfica que ilustra nuestra historia desde el mismísimo “Big-Bang” hasta el día de hoy. Saquémosle partido...



Demois, Agathe y Godeau, Vincent. La gran travesía. Patio. Cuaderno ilustrado que con una lupa mágica nos descubren el interior de los objetos. Grandes o pequeños, enormes o insignificantes, todos esconden detalles interesantes desde la perspectiva del buen observador.


Laval, Anne. Caja de cuentos. mtm Editorial. Juego interactivo que permite combinar escenas de cuentos clásicos originando así historias emergentes que desarrollan la imaginación. ¡Sería maravilloso hacer algo parecido con las funciones de Propp!


Baobaby Studio. Ekológico. mtm Editorial. Un cuaderno gigante para aprender y hacer actividades que se relacionan con el desarrollo sostenible y algunos conceptos básicos sobre la ecología. Datos curiosos sobre las abejas, el ciclo del agua o el mundo del reciclaje.

Bogucka, Kasia y Tomilo, Szymon. Kulinario. mtm Editorial. Libro de actividades en gran formato que nos desvela los intringulis, no sólo de la cocina, sino de cómo hacer la compra, cómo preparar un picnic o hacer un tentempié fácil.


Sugranyes, Miriam. Boletus. Pequeña guía de setas para colorear. mtm Editorial. Aunque se editó hace ya, me he permitido la licencia de traer esta belleza para colorear a estos primeros días del otoño en los que níscalos, macrolepiotas, negrillas y otros hongos empiezan a poblar pinares y robledales de nuestra geografía. A la plancha, acompañadas de castañas asadas... Mmmmm.

Autoría de la imagen principal de esta entrada ©Estudio Milimbo.

lunes, 17 de octubre de 2016

Caca, pedo, culo, pis y libros escatológicos


Sitúense. Segunda hora de la jornada escolar. Biología y geología. Veinticinco alumnos empiezan a despegar las pestañas y un señor (qué bueno es reírse de uno mismo) profesor explicando el proceso de digestión humana. Paso a paso. Ingestión del alimento, bolo alimenticio que atraviesa el esófago, jugos gástricos, clorhídrico, pepsina y pepsinógeno, secreción biliar, reabsorción del agua y... ¡voilá! ¡mierda a tutiplén! Sí sí, hagan como mis alumnos: ríanse que, como los besos, es gratis y sienta bien... Y siempre hay alguno que te dice “¿Pero lo escribimos así, Román?” “Claro, Óscar, hasta donde yo sé, la mierda es mierda y no tiene otro nombre, ¿no?” Se queda embobado y vuelve a sus apuntes con aire de triunfo.
Seguramente les parecerá soez que utilice estos vocablos en mis clases, pero lo cierto es que tras ellos reside su éxito (no es por tirarme flores, pero mis alumnos se lo pasan en grande aunque se les caiga la mano de tanto apunte..., ¡Ea, soy acérrimo enemigo del libro de texto). Si extrapolamos esta realidad a la literatura infantil, vemos que sucede algo parecido: todos aquellos libros que hacen referencia a aspectos escatólogicos, tienen unas ventas estratosféricas, pero, ¿por qué? He aquí algunas respuestas...


En primer lugar tenemos el aspecto subversivo de la LIJ, una que se atreve a ir contracorriente, a enfrentarse a las convenciones sociales que los adultos han establecido sin tener en cuenta al niño, ese lector libertino. Este es el punto en el que los libros infantiles y sus autores transgreden las normas y se atreven a preguntarle al lector: ¿Los buenos libros tienen que pasar por la corrección? ¿Hay que eliminar palabras malsonantes de los libros? ¿Resta credibilidad tener un olor nauseabundo y un aspecto indeseable?


En segundo lugar hay que hablar del efecto rebote... Aunque cabría esperar que el tabú, el pudor y la censura dilapidarán sin miramientos a este tipo de libros, lo cierto es que estas tres palabras se articulan en pró del éxito de la literatura infantil escatológica, no sólo por la sensación de triunfo o evasión que tiene su lector frente a los cánones de supuesto buen comportamiento, sino por hacer más apetecible un producto (pseudo)prohibido y que poco nos puede aportar (culturalmente hablando, porque carcajadas, a raudales...).


También hay que hacer referencia a los aspectos técnicos... La literatura infantil, sobre todo en lo que respecta al álbum y sus congéneres, tiene un arma inmejorable para hacerle frente a todo lo malsonante, la ilustración. Las imágenes son capaces de representar las ideas con un lenguaje que reverbera desde el interior, es un habla sin sonido que facilita la inclusión de estos conceptos poco deseados en el discurso, impregnarlo del realismo que se quiera, al tiempo que critica y satiriza desde otro ángulo de visión. Si a ello añadimos los diferentes tipos de diálogos que se establecen entre las palabras y las ilustraciones (juegos, complementariedad, disociación, etc.) tenemos una amplia variedad de propuestas para interaccionar con el niño.
A todo esto se debe que obras como Todos hacemos caca de Taro Gomi y publicada por Blackie Books en castellano, hayan vendido la friolera de un millón de ejemplares en toda la Tierra desde su primera edición en 1977, un planeta donde la mayor parte de los seres vivos comen y después, excretan (¿sería esta la palabra que buscaba mi alumno? Espero que no, porque suena mejor “mierda”).

Otros títulos escatológicos:


Holzwarth, Werner y Erlbruch, Wolf. El topo que quería saber quién había hecho aquello sobre su cabeza. Beascoa.



Gusti. La mosca en: Un día perfecto puede ser una pesadilla. Serres.



Heine, Helme. Cuentas de elefante. FCE.



Nikly, Michel y Claverie, Jean. El arte de la baci. Lóguez.



Da Coll, Ivar. ¡No, no fui yo! Alfaguara.



Van Genechten, Guido. El libro de los culitos. SM.



JuanolO. Culos. Algar.


Van Genechten, Guido. El gran concurso de la caca. SM.


Van Genechten, Guido. ¿Puedo mirar tu pañal? SM.


Charlot, Beniot. Cacanimales. Combel.


Mora, Sergio. La caca mágica. Bang Ediciones.


Kelly, Mo y McQuillan, Mary. ¿Quién ha visto mi orinal? Serres.


Willems, Mo. Tengo pis. Entre Libros.



Lemaitre, Rascal y Lemaitre, Pascal. Todo el mundo hace caca. Corimbo.



Stalfelt, Pernilla. El libro de la caca. La osa menor.



Davies, Nicola y Layton, Neal. Caca. Una historial natural de lo innombrable. Lynx Ediciones.



Maudet, Matthieu. ¡Voy! Océano Travesía.



Jaume Copons y Mercé Galí. Todo lo que sé de la caca. Combel.



Diane Christyan Fox. ¡Caca de dinosaurio! Bruño - Cubilete.



Rafael Ordóñez y Laure de Puy. El pedo más grande del mundo. NubeOcho.



Shinsuke Yoshitake. Gotitas. Pastel de Luna.




Mariona Tolosa Sisteré. La vida secreta de los pedos y eructos / La vida secreta de los mocos. Zahorí Books.

 

Fredéric Marais. La ciencia de la caca. Océano Travesía.



Nick Caruso, Dani Rabaietti y Alex G. Griffiths. ¿Se tira pedos? Océano Travesía.



Elena Odriozola. Yo tengo un moco. Ediciones Modernas El Embudo.


jueves, 13 de octubre de 2016

Acoso escolar, una historia de oscuridad


Cuando los orientadores escolares se echan a temblar (y esos tiemblan poco), es que el acoso escolar planea sobre nuestras cabezas. De unos años a esta parte, el vocablo inglés “bullying” se utiliza con demasiada frecuencia dentro y fuera de las aulas. Por un lado, tanta normalización asquea, mientras que por otro, aporta visibilidad a un fenómeno acallado históricamente y que, lo pensemos o no, ha truncado la vida de muchos niños y adultos.
El problema del acoso escolar no es algo nuevo (parece que algunos han descubierto América de unos años a esta parte) sino que viene de tiempo atrás, no sé si inmemorial, pero lo que está claro es que es un fenómeno que hay que, si no erradicar, al menos paliar.
En primer lugar hay que tener en cuenta un factor natural. Los niños, como las crías de cualquier otro mamífero (no es que quiera yo compararlos con los animales, que también, pero no está de más recordar nuestra naturaleza animal) se encuentran en constante cambio y adoptan el juego y la lucha como meros patrones de comportamiento y aprendizaje para la posterior vida adulta. Es así como se hacen eco (a todas horas y en cualquier punto cardinal) de los estereotipos que ellos mismos se crean gracias a los estímulos del entorno, bien sea por sí mismos o por imitación. No deja de ser instintivo y, aunque hay que tomarlo con reservas, en cierto modo está justificado.


Lo truculento de este tema llega cuando esos comportamientos vienen modelados por un mundo adulto que les provee de ejemplos y mensajes (in)deseables, unos que los niños adoptan como suyos en un contexto diferente (véanse los patios de recreo o los parques infantiles, y no los despachos o los andamios), lo que resulta peligroso si tenemos en cuenta que los pequeños desconocen ciertas normas y convenciones crípticas de los mayores... Y emergen prejuicios que no se deben a su condición, sino a la de otros. Es así como la sociedad infantil pasa a ser un reflejo de la adulta en un contexto un tanto ficticio; es así como surgen categorizaciones que, aunque no se relacionan directamente con la hegemonía monetaria, el estatus social y sus artefactos, sí pueden estar modelados indirectamente por estos factores (se me ocurre citar la ropa de marca o el teléfono móvil), que contaminan y envilecen a los niños y recrudecen el acoso escolar hasta un punto de no retorno.


Existen niños que tienen otras preferencias: niños que prefieren leer a jugar, otros con sobrepeso, con orientaciones sexuales diferentes, con un espíritu crítico hiperdesarrollado, aficionados a la ciencia o a la música clásica; unos niños que son más susceptibles de recibir los ataques de indiferencia y marginación del resto, y que la mayoría de las veces acaban en acoso escolar. Mientras que muchos de ellos logran socializarse con otros semejantes o hacen frente a la situación con diferentes estrategias entre las que destacan la invisibilidad o convertirse en acosadores (sí, sí, no se sorprendan), otros no encuentran su lugar, su refugio en otros iguales, y es ahí cuando pueden comenzar los problemas de acoso escolar por la falta de un apoyo manifiesto, que se traducen en fobias, animadversiones, secuelas psicológicas y/o físicas (tanto en el presente, como en el futuro, ese al que siempre van los monstruos del pasado), e incluso la muerte por homicidio o el suicidio.


Aunque somos muchos los que pensamos que, en cierto modo, el niño debe aprender a relacionarse con sus iguales y a enfrentarse a los problemas que surgen de las interacciones humanas en pro del enriquecimiento personal y la buena socialización (algo que se figura cada vez más adverso, todo hay que decirlo), hay que ser consciente del drama diario que suponen el sufrimiento y la indiferencia a las que lleva el acoso escolar.
Es de este modo cómo podemos pensar en posibles soluciones a esta realidad que, aunque la mayor parte de las veces pasan por el proteccionismo y las campañas de sensibilización, deberíamos empezar a plantearlas desde la inteligencia emocional, asignatura cada vez más necesaria en sociedades exentas de escrúpulos, para dotar así a los acosados de estrategias sencillas que les facilitaran, si no insertarse en una sociedad que no está hecha a su medida, sí hacerle frente a situaciones que pueden ser comprometidas, tanto para su integridad física, como psicológica. Respecto a los acosadores, no sólo creo que sería más efectivo un endurecimiento del marco legislativo (las leyes están al servicio de los intereses comunes y son mutables ante nuevas realidades sociales como estas, en las que la niñez deja de serlo), sino en un marco conceptual en el que primasen planes integrales donde los acosadores se impregnaran de la realidad diaria de los acosados, se pusieran en el lugar del otro y empatizaran ante las consecuencias de sus acciones.


Es obvio que este tema es sumamente delicado y que las dificultades, como bien he apuntado en todo lo anterior, se hacen más punzantes conforme se complica una sociedad falta de valores y principios, huérfana y somera, pero a veces, veo la luz al final del túnel cuando leo libros como el de hoy.
Jane, el zorro & yo, un libro de Isabelle Arsenault y Fanny Britt recién publicado en España por Salamandra y que ha cosechado mucho éxito fuera de nuestras fronteras, se podría catalogar como novela gráfica, aunque haya dobles páginas que bien podrían pertenecer a un libro-álbum. En ella se hace uso de técnicas propias del cómic (la viñeta y el diálogo) para narrar la historia de acoso escolar de Hélène, una niña que pasa de estar integrada en un grupo de amigas, a ser menospreciada y ridiculizada por estas. Sumergida en una oscura e interiorizada soledad magistralmente ilustrada por Arsenault a base de grafito y aguadas de tintas grises y ocres, la protagonista decide refugiarse en la Jane Eyre de Brontë y establecer un paralelismo con su dolorosa situación, cuyo final me reservo. 
Este libro, a pesar de sumergirse en un bonito viaje emocional narrado en primera persona y desde los diferentes puntos que se puede abordar el acoso escolar (acosados, acosadores, familias y entorno), no deja de ser un canto a la esperanza, al futuro, ese que ve representado por la figura de un zorro y luz. Mucha luz.