martes, 12 de abril de 2016

Aprendiendo de LIJ. Obras de referencia y consulta. 1ª Parte.


Desde que empecé a olisquear en este mundo de la literatura para niños, me vi en la necesidad de buscar información más allá de lo que encontraba en las estanterías de la sección infantil de bibliotecas y librerías para entender mejor de lo que estaba hablando y poder contextualizar todas aquellas obras que encontraba reseñables, citables o detestables (de todo tiene que haber...). Necesitaba conocer todo lo que rodeaba a los libros para niños y jóvenes, no sólo históricamente, sino teóricamente; saber qué puntos eran comunes y en qué zonas los caminos se hacían divergentes, qué relación unía a unos libros pero que los hacía distintos a otros, y, sobre todo, conocer la opinión de otros que llevaban mucho más tiempo que yo metidos en este ajo.
Teniendo en cuenta que muchos me suelen preguntar sobre obras de consulta o de referencia y que están interesados en aprender un poco más sobre este gigante llamado Literatura Infantil y Juvenil, hace tiempo que me planteé esta pequeña selección que, a modo introductorio, les ayudase. 
De entre todas las posibles obras y ensayos que he barajado para este “Aprendiendo sobre la LIJ”, me he decantado por una serie de títulos que pueden ser de iniciación o medianamente aclaratorias (he omitido estudios muy académicos, artículos científicos y tesis doctorales) para sumergirse en el mundo que rodea a la LIJ y ampliar su mirada hacia otros derroteros que los puramente lúdicos o didácticos de la lectura. Cuando terminen esta, si quieren conocer la segunda parte, sólo tienen que hacer click en ESTE ENLACE
¡Disfruten!


Teoría de la Literatura Infantil, de Juan Cervera (Mensajero, 2004. Última edición). Aunque ya tiene unos años y las cosas han cambiado bastante en la óptica con la que se mira la LIJ actualmente, nunca está de más leerse este libro clásico que, de modo asequible, nos describe las bases sobre las que se asienta la literatura para niños, de sus géneros, el proceso de la lectura y su contexto, a la vez que nos sirve como obra de referencia primaria (si tiran del hilo pueden toparse con infinidad de estudios especializados y seguramente más actuales que este). Todo un libro de cabecera en lo que a teoría de la LIJ se refiere.


La Historia portátil de la literatura infantil de Ana Garralón y editada por Anaya (2005), es un libro (edición de bolsillo) que incluye una manera rápida y práctica de hacer un recorrido histórico por la LIJ de un modo general sin tener que echar mano de otros estudios más profusos (Carmen Bravo-Villasante, 1959). Con un lenguaje claro y conciso, la autora establece una cronología muy acertada del mundo de los libros para niños y algunas pinceladas interesantes en cada una de sus épocas doradas.


La obra Bienvenidos a la fiesta, de Luis Daniel Gónzález (CIE Inversiones Dossat, 2006), a modo de diccionario-guía enciclopédica, constituye uno de los libros de consulta más útiles -y necesarios- para todo aquel que quiera conocer los títulos y autores más importantes dentro del panorama nacional y mundial de LIJ. Aunque yo me la he leído de cabo a rabo (tengo más vicio que un gato en las uñas), no deja de ser una obra de consulta que puede ayudar mucho en una tarea más formativa y/o especializada.



Album[es] de Sophie van der Linden (Ekaré, 2015) y El arte de ilustrar libros infantiles. Concepto y práctica de la narración visual de Martin Salisbury y Morag Styles (Blume, 2013) son dos diamantes que hacen referencia al género del libro-album o álbum ilustrado. Los dos tratan conceptos básicos para entender este género, tratan temas dispares, la importancia de la ilustración, su estilo, elementos y lenguaje, el análisis y los recorridos históricos, la temática... Dos buenos libros que unidos al 100 Joyas de la Literatura Infantil Ilustrada de Martin Salisbury (Blume, 2015), un recorrido por cien de los mejores títulos de álbum ilustrado bajo la mirada de este autor e ilustrador inglés que complementa desde una perspectiva más artística los dos anteriores, pueden configurar un primer acercamiento al mundo de los libros con imágenes. Les recuerdo que nadie es infalible y que hay muchos libros que tratan este tema desde el grafismo, la ilustración más contemporánea (por ejemplo el Little big books) y otras muchas perspectivas. Buceen y elijan por sí mismos, pero yo entono el “Tengo una debilidad y tu lo sabes bien...”



No se lo cuentes a los mayores. Literatura infantil, espacio subversivo de Allison Lurie (Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998). Constituye uno de los ensayos sobre LIJ más leídos y en el que la autora incluye la perspectiva menos utilitarista de la Literatura Infantil para aproximarse a la visión que el niño tiene sobre algunos libros creados para él. Aunque se basa en ejemplos muy conocidos dentro de la LIJ anglosajona, no hay que perderse sus argumentos y conclusiones, tan válidas y extrapolables a otras geografías y otros libros. Existe una secuela complementaria y actual de este libro (Niños y niñas eternamente).


Siete llaves para valorar las historias infantiles, coordinado por Teresa Colomer y publicado en la colección Papeles de la Fundacion Germán Sánchez Ruiperez (se puede descargar en pdf AQUÍ), es un libro básico que nos abre las puertas hacia el análisis de los libros para niños utilizando para ello siete capítulos ejemplificados en los que se van desgranando elementos y recursos que utiliza la literatura infantil para interaccionar con los lectores.


También de Teresa Colomer y editado por Fondo de Cultura Económica (2006) encontramos Andar entre libros: La lectura literaria en la escuela, un ensayo-estudio asequible que habla de las relaciones entre la lectura y sus dos concepciones (ocio o instrumento) y la omnipresente escuela, el entorno donde se desarrolla el vínculo entre lectores y palabras, desde una mirada crítica pero siempre aportando posibles soluciones.


La penúltima de mis recomendaciones es el Albafeto sobre literatura infantil, un brevísimo ensayo de Bernardo Atxaga editado por Media Vaca con Alejandra Hidalgo a los dibujos que se interna en qué tiene de especial la literatura infantil y cómo se relaciona con el universo adulto a través de una suerte de abecedario que nos hace reflexionar sobre el género a partir de textos referidos al universo de los libros para niños.


Por último y para terminar leyendo sobre la lectura no puedo dejar de recomendarles a Víctor Moreno y cualquiera de sus libros ensayísticos (No es para tanto, divagaciones sobre la lectura -mi favorito-, La manía de leer, Preferiría no leer o Metáforas de la lectura) sin menosprecio de sus libros de carácter didáctico (Leer con los cinco sentidos, Va de poesía, El deseo de leer, El deseo de escribir o Cómo hacer lectores competentes). Su prosa llena de humor y sus múltiples miradas sobre el objetivo final que tiene la Literatura, me chifla hasta lo irrisorio (seré que soy un cafre, pero prefiero el discurso realista, práctico, empírico y mundano del Sr. Moreno que el edulcorado y constructivista de Pennac en su Como una novela).

Y sin más que decir por hoy, les emplazo a echar un vistazo a estas obras para sumergirse un poquito más en el vasto y extraño océano de la LIJ.

lunes, 11 de abril de 2016

De coleccionismo y tesón


Lo del coleccionismo, aunque no es exclusivo del ser humano (fíjense en las urracas), se erige como una de las aficiones más útiles a la humanidad, no sólo por ayudar al hecho histórico, sino por darle alas a otras facetas de la vida. Literatura, medicina, zoología, pintura, arqueología y diversas parcelas tecnológicas, son disciplinas en las que reunir, estudiar y clasificar son el método a seguir para poder prosperar (N.B.: Tampoco podemos olvidarnos de banqueros, mangantes y otros pájaros de usura que, con tanto tino acaparan fortunas en el extranjero con el mero objetivo de procurarse lujos y otros divertimentos. Y luego nos vienen con la filantropía...). Jetas aparte, está claro que debemos alabar las bonanzas de una actividad que nos ha procurado museos enormes, públicos o privados, gabinetes de curiosidades y otros templos de la exhibición. Hay colecciones de minerales, de cromos, de estampitas, de libros, de muñecas de porcelana, de dedales, de pintura, de plantas, y hasta de mecheros. De todo lo inimaginable y que quepa bajo un denominador común están llenos los museos, así que no se extrañen de que exista un museo de la cuchillería (albaceteño, por supuesto) u otro del calzado.


A pesar de que no conozco botánico en ciernes que no se dedique al almacenaje, he de admitir que el aquí firmante no práctica en exceso el coleccionismo, más que nada porque mi orden vital es un tanto caótico y particular, e incurriría en un derroche de tiempo y esfuerzo al terminar en una vulgar e inútil intentona... Siempre que nos ponemos a compilar debemos hacerlo en un contexto, utilizando un plan, un método, porque si lo hacemos a lo loco, a lo pavo, encontraremos muchos problemas, entre los que destaco la repetitividad, la indefinición y la falta de espacio. A ello hay que añadirle constancia, tesón y pasión, sumamente importantes en la elaboración de una correcta selección que ofrezca variedad de saberes y placeres, la principal finalidad de cualquier museo.


Es a todos estos pros y contras del coleccionismo, a los que se refiere El museo de tronquito, ún título de Ashild Kanstad Johnsed muy aclamado por la crítica fuera de nuestras fronteras y que llega al mercado español gracias al selló infantil de la editorial Nórdica. Así que, ya saben, si quieren poner algo de armonía y disciplina en sus hogares, presten atención a este libro de trazo y colorido singular que además se ambienta en un bosque la mar de animado, otro punto a su favor.


jueves, 7 de abril de 2016

Selección de boardbooks 2016


Como el formato “boardbook” (denominación que reciben en el ámbito internacional y que es traducida como libro-tabla o libro de cartón/cartoné) ha proliferado, tanto en calidad, como en producción durante los últimos años, en este curso 2015-2016 me permito la licencia de continuar con la labor que empecé hace ya seleccionando estos libros (ver AQUÍ algunas de ellas).
Al estar concebidos en cartón, son más duros y resistentes al trato que reciben por parte de sus lectores, generalmente niños de corta edad, que vapulean, muerden y golpean estos volúmenes de pocas páginas (una media de doce páginas por título). Aunque suelen estar orientados a iniciados en esto de la lectura (contienen juegos verbales, retahílas o pequeñas canciones y poesías para pre-lectores), hay veces que pueden contener mensajes más complejos aptos para lectores competentes.
No cabe duda de que es un formato en alza (antiguamente había poca oferta de este tipo de libros debido al elevado coste de producción que suponían, pero últimamente, el abaratamiento de la materia prima -se utilizan cartones más blandos y de menor grosor- y la competencia entre los impresores -chinos, sobre todo-, ha provocado una mayor presencia de estos en los catálogos editoriales), pero también hay que denotar que se realizan pequeñas tiradas de cada título y que cuesta encontrar re-ediciones de los mismos, a menos que sean super-ventas.
Todos estos libros utilizan ilustraciones de líneas sencillas y que destacan por su colorido (hay excepciones, como en todo, pero esta es la tónica general), son amables y divertidos, y algunos incluyen como complemento canciones sobre el contenido tratado o musicalizan el texto, un añadido que puede servir a profesionales de diferentes sectores -¡Atención maestros de infantil y especialistas de jardín de infancia!- a inculcar el gusto por la letra impresa.
Y sin más, les dejo con mi selección (N.B.: No he incluido títulos que ya he ido reseñando en otras entradas, con el fin de no ser redundante).



Rubio, Antonio y Villán, Óscar. Veo veo y Limón. Kalandraka.


StraBer, Susanne. El pastel está tan arriba. Juventud.


Porcella, Teresa y Queralt, Carmen. ¿Y el domingo? Combel.



Ortiz, Estrella y Ballesteros, Carles. El cerezo y La mariposa. La Fragatina.


Gamero, Laura y Callejón, Manu. Como atrapar al monstruo de tu armario, en 10 sencillos pasos. Barbara Fiore.



Del Mazo, Margarita y Moreno, Cecilia. 5 Patitos y Mi cara. Jaguar.


Ramadier, Cédric y Bourgueau, Vincent. El libro que duerme. Lóguez.



Wiehle, Katryn. Mi pequeña selva y Mi pequeño mar. Lóguez.


Alemagna, Beatrice. ¡Buen viaje, bebe! A buen paso.


Lancuza, Edurne. ¡Voy a jugar! Ekaré.


Chirif, Micaela y Salaberría, Leire. ¿Dónde está Tomás? Ekaré

miércoles, 6 de abril de 2016

Querer ser mayor... querer ser pequeño...


El tiempo, ese bendito concepto que el Sistema Internacional mide en segundos (¡queridos instantes!) siempre nos ha traído de cabeza, más todavía cuando vamos entrando en años y las lumbares nos crujen de vez en cuando, se nos pinza el nervio ciatico y vamos menguando en estatura (R.B.-O los críos de ahora están emparentados con rusos, suecos y alemanes, o yo cada vez soy más retaco... S.G.- Será que han alcanzado el óptimo ecológico, non ti preocupare...).
Ya empiezo a recordar con nostalgia aquellos maravillosos años en los que uno no sabía lo que era el insomnio (yo creo que tengo el organismo un poco alterado con el revuelo primaveral y el cambio de horario), los días cundían más y había menos facturas que pagar. ¡Y pensar que hace un “momento” estaba deseando cumplir la mayoría de edad! Iluso de mí...


A pesar de ello, uno tiene que cuidarse, menear el cuerpo un par de días a la semana, mantenerse mentalmente activo, no caer en la desidia, untarse con alguna crema y sobre todo, comer con equilibrio y mesura (esto último lo practico poco). Hay que ser consciente de que mucha gente entrada en años no tiene minutos de asueto (ya saben: hijos, ancianos, trabajo, diferentes cargas personales...), pero yo les conmino a que busquen una hora al día (no hace falta mucho más), para darse un paseo, llenarse de energía y pensar que vida, sólo hay una.
No se apenen y caigan en la cuenta de que el tiempo es una paradoja y que, dependiendo de la esquina desde la que la contemplemos, nos puede parecer amable, generosa, cruel o impía... Y seguramente será cierto... En no-sé-qué-ocasión un señor supuestamente respetable, me dijo que los humanos medíamos el tiempo usando nuestra propia escala de vida. Así y de manera general: en los jóvenes el tiempo pasa más despacio porque la experiencia es menor, mientras que en las personas más talluditas corre a toda velocidad porque comparativamente, el tiempo transcurrido en su vida era mayor que el que les resta hasta el fin de sus días... En fin, ¡qué mal repartido está el mundo!


No obstante hay que decir que no entiendo porqué los chiquillos como el protagonista de Si yo fuera mayor... de Éva Janikovszky (texto) y László Réber (ilustraciones), un álbum ilustrado de 1965, todavía vigente y editado por Silonia, están empeñados en echarse años en el lomo... Entiendo que, como bien se apunta en el texto, las convenciones sociales nos impiden hacer ciertas cosas o tomar decisiones propias cuando somo unos mengajos, pero creo que es razón insuficiente para justificar la vejez, más teniendo en cuenta lo que cuesta quitarse los lustros de la chepa. En fin, cosas de niños... y no tan niños.


martes, 5 de abril de 2016

Las expectativas del álbum ilustrado español en el mercado global

Aprovechando que Bologna está atestada de editores, ilustradores, escritores, agencias de representación, distribuidores, impresores y un sinfín de profesionales más del mundo de la LIJ, y dado que me encantan los negocios (pero ojo, no quiero sufrir un paro cardíaco), me ha entrado la vena de valorar y desgranar las que, a mi juicio y conociendo un poco esta gran feria, son las expectativas del libro ilustrado español en los contextos europeo y mundial.


Antes de empezar, tenemos que distinguir dos tipos de editores. Aquellos que quieren vender los derechos de sus obras de producción propia a otras casas extranjeras (los más), y aquellos que intentan abrirse camino en otros mercados, una opción más difícil que supone encontrar distribución en esos lares e incluso personarse físicamente en ellos. A tenor de esta realidad y siempre bajo mi punto de vista, he de decir que encuentro la primera opción más plausible, no sólo porque supone menos coste (aunque menor volumen de ganancias a largo plazo y quedarse sin los derechos de las obras por la el tiempo que estipule el contrato), sino porque el mercado editorial infantil español todavía no es lo suficientemente potente como para hacerle frente a inversiones de esa índole, y el esfuerzo que supone puede caer en saco roto para proporcionar finalmente más desilusiones que alegrías. Sí, sí..., sé que hay firmas que están presentes en muchos países (véase Kalandraka), pero debemos ser críticos con nuestra propia realidad y ser conscientes de que no todos tienen su catálogo ni su volumen de ventas. Así que, ya digo, lo primero que yo haría sería introducir nuestros productos indirectamente (vender derechos y exportar libros), y después, irrumpir en otros mercados de una manera directa.
Una vez he hecho esta aclaración iré desgranando qué contextos exteriores, bajo mi lupa, pueden ser propicios para nuestros libros ilustrados. En primer lugar detengámonos en Europa... Dentro del panorama editorial europeo y de un modo casero (no todo es tan categórico, y se puede dar la existencia de más dependiendo de otros criterios), suelo distinguir seis entornos diferentes: el anglosajón, el germano, el nórdico, el centroeuropeo, el francés y el mediterráneo. Cada uno de ellos tienen sus características y peculiaridades y dependiendo del tipo de álbum ilustrado que pretendamos vender a las casas editoriales debemos de hacer unas consideraciones. A saber...


Lalalimola.

Ninguna casa editorial española ha sabido abrirse camino en el mercado anglosajón a pesar de las intentonas que se han llevado a cabo. Es un mercado difícil y muy cerrado, no sólo por las redes de distribución, sino por la elevada producción propia (entiendo que se apuesta por el producto nacional antes que por el extranjero), y una marcada tradición en cuanto a ilustración (prima el estilo “a-cartoon-ado”, uno que puede ser una gran baza para aquellas casas editoriales que cuenten en su catálogo con obras realizadas por ilustradores que sigan esta tendencia), el tipo de argumentos (cotidianos, generalmente) y un humor característico (lo mismo digo: si hay humor fino, los ingleses no se lo piensan). A pesar de esto, tampoco hay que cejar en el empeño, ya que últimamente están proliferando casas (véase Nobrow-Flying Eye Books) que hacen su apuesta desde otro punto de vista (más ecléctico y menos conservador), que se alejan de esa marcada tradición LIJ, y a través de las cuales se pueden hacer incursiones en lo que a co-edición y venta de derechos se refiere.





Más allá de los Pirineos tenemos al mercado francés (incluyendo el Benelux), que tras el inglés es el mercado editorial europeo más potente y en el que tienen gran cabida nuestras obras, no sólo por la historia y tradición cultural y artística que nos une, sino porque es un mercado muy amplio que da cabida a numerosas y variadas propuestas (a caballo entre el entorno mediterráneo y el anglosajón). Si además tenemos en cuenta que existen numerosas agencias que están aunando esfuerzos en intercambiar proyectos entre nuestra realidad y la suya, el éxito que algunos de nuestros ilustradores están cosechando allí (se me ocurre citar a Raúl Nieto-Guridi o Ana Pez), la potenciación del álbum ilustrado de autor, y el “afrancesamiento” que muchos de los libros independientes españoles (un proceso de mimetismo que comentaré algún día en este lugar) están alcanzando, puede suponer una buena baza ofrecer abiertamente a estas casa editoriales tanto co-ediciones, como la venta de derechos en la Francofonia.


Los terceros receptores de la obra ilustrada española son nuestros vecinos de entorno editorial: portugueses e italianos. Italia es un mercado bastante amplio, con muchas similitudes con el nuestro (aunque con una distribución más exigente en cuanto a requisitos se refiere y unas estrategias empresariales con más dobleces), y una tipología de obras con éxito parecida. No se olviden de distinguir entre el norte y sur de Italia (una sensible dicotomía). Portugal es un mercado más pequeño (no hay comparación en cuanto a extensión y volumen de ventas), más sano y nos comprendemos bastante bien en lo que a literatura e ilustración se refiere, por lo que no hay que descartar esta opción ya que nuestro país vecino puede constituir la puerta de entrada al mercado brasileño, bastante jugoso por cierto. Junto a Francia, las considero las dos mejores bazas para empezar a vender nuestros libros, tanto a nivel directo (sin necesidad de vender los derechos a terceros), como indirecto (creo que las coediciones pueden ser una idea que no desmerece nada).


Sobre los mercados germano, centroeuropeo y nórdico, algunas cosillas (Ea, son los que menos conozco...). Sus literaturas ilustradas son muy intensas en cuanto a mensaje se refiere (hay cierta gradación dependiendo de las zonas) y dejan a un lado el contenido artístico, más plano, laxo y parco. No obstante, hay que destacar el carácter apreturista que estos tres mercados están teniendo frente al resto de socios comunitarios (hay de todo: obras más sobrías o más coloristas), aunque la identificación de sus lectores con ellas sea más complicada. Eviten la venta de obras localistas y céntrense en las de carácter universal. Una mención aparte merece el mercado polaco y el balcánico, con los que parece que nos ponemos de acuerdo en ciertos casos (católico uno y Mediterráneo el otro). No los aparquen y sopesen las opciones.
También me gustaría dar unas pinceladas al resto de mercados mundiales (no me quiero extender uno por uno, pero si citar a los potenciales)...
En primer lugar tenemos el continente americano. Esta claro que todos los países de Centroamérica y Sudamérica son destinos maravillosos para nuestros libros. Chile, Argentina, Colombia, México y Panamá son los países clave en los que tienen cabida los albumes ilustrados españoles, no sólo por compartir la segunda lengua más hablada del mundo, sino por los lazos culturales y empresariales que hemos desarrollado desde hace siglos. Nuestra mirada artística y literaria se comprende y existen facilidades técnicas que pueden aupar, tanto la coedicion, como la exportación comercial de nuestros libros o su presencia en estos países a base de licitaciones gubernamentales. Como adenda añadiremos Brasil, el país de habla portuguesa que está al otro lado del charco y que, con una población enorme, puede ser un lugar excelente para nuestros álbumes (a través del éxito en Portugal o de manera directa en él).


En segundo lugar debemos tener en cuenta a Estados Unidos de Norteamérica. Es un mercado potentísimo, con un volumen de ventas enorme y en el que, a pesar de sus obras de corte imperialista y lineal (algo que empieza a romperse con editoriales como Chronicle Books), es bastante plural y aperturista. Si además tenemos en cuenta que, tanto Canadá (hablaremos seguidamente de este país), como EE.UU., albergan a la mayor comunidad hispanohablante en países de habla no hispana del mundo, debemos sopesar la venta de derechos, la coedición y la exportación a estos paises como un arma eficaz. Sobre la exportación les aviso que no es nada fácil (hay que echar mano de muchos intermediarios, transporte, impuestos, etc., pero no olviden que editoriales como Cuento de Luz, están teniendo un éxito pasmoso por allí). Sobre Canadá he de decir que existen dos mercados (ya saben de esas dos lenguas oficiales), por lo que es un país muy diverso en cuanto a gustos (mezcla el europeo con el norteamericano) y también se ve alguno que otro de nuestros libros por allí.



Aunque muchos detestan trabajar con países orientales como China o Vietnam (su caótica forma de trabajar, la poca seriedad, lo poco controlable de los procesos de producción, junto a las diferencias culturales, las hacen bastante indeseables para los negocios), me centraré en Japón, el que, a mi parecer, es el más occidentalizado. Son muchas las casas japonesas interesadas en importar nuestras creaciones literarias ilustradas. Conozco más de una publicada en el país nipón y con bastante éxito de por medio. No lo descarten ya que su mirada se acerca más a la nuestra (¿Acaso no ven próximos a Taro Gomi y Tupera Tupera?). Formas sencillas, colorido y humor y mensaje sutiles, son su santo y seña; además son bastante serios y no dan lugar a equívocos (que hay cada uno por ahí que telita...).


Para terminar este recorrido, me gustaría decirle a todos los editores españoles que se atrevan a mercadear con los derechos de reproducción de sus libros. Para hacer negocios en Bologna no creo que sea necesario gastarse un dineral en uno de los espacios que ofrece la feria a los editores (¡Qué sacacuartos!), sino investigar qué editores la visitarán, concertar citas con los que les interese con la debida antelación, adquirir la entrada, montarse en un avión, comprarse una barra de pan y una tripa de boloñesa, y tirar millas. No hay que dejarse abrumar, ni caer en la decepción o el desengaño. Nosotros lo valemos y nuestros libros, también.

sábado, 2 de abril de 2016

Divagaciones en el Día del Libro Infantil


A pesar del fin de semana, tengo una congestión cerebral tan grande (ojalá fuera de libros...), que en este Día del Libro Infantil no puedo hacer otra cosa que divagar. Así que perdónenme si ofendo o escribo con poco tino...
¿Será esto de la LIJ una moda pasajera? Ya no sé qué pensar a tenor de los muchos apasionados por el álbum ilustrado que, como el Guadiana, aparecen y desaparecen. Ya no sé si las setas LIJeras dependen más del programa electoral de turno (¿Quién dijo lectura? ¿La solución a nuestros males?... Que no, tontorrón, lo que hay que gobernarse es una paguica y a vivir...) o de las lluvias de marzo. El caso es entretenernos: cada tonto con su tema y el borracho con la bota de vino.


Hasta el fandango me hallo con ese discursito en defensa del libro infantil que calla más que habla (puro negocio y barbarie literaria). Los primeros, algunos editores... Me tiro el pisto aquí, me dejo ver allí, palmaditas en la espalda, sonrisa falsa... Todo se resume en ese que dice “A la LIJ (¿o era a Dios?) rezando y con las subvenciones trincando”... ¿Esto que es? ¡Pues una pitanza! El dinero y la letra impresa se unen de la mano. Y maneja que te maneja, al poder me voy afiliando. A más de uno le quitaba yo la tontería con cuatro inspecciones rutinarias... Después van los políticos, esos señores... Ministerios, bibliotecas, planes (¿o eran panes?) de lectura y otros desmanes, poco hacen por la alfabetización de un país, este, en el que todo se sintetiza en comparar a un jeta con Miguel Hernández (¡Qué pena más grande! El pobre, para lo que ha quedado).


¿Y de los derechos de autor? ¿Habla alguien? Mucho mamoneo a diario, pero ni los poderosos ni los editores dan su brazo a torcer en este negocio en pro de las ideas. Seguramente, si se pagara más y mejor saldríamos todos ganando, no sólo porque no todo valdría en este cotarro (uno tiene que ver cada cosa impresaaaa), sino porque se premie a los más damnificados y se estrujen los huevos de otros. No me extraña que cada vez los editores reciban menos manuscritos válidos, porque a este paso escriben los mancos.
Algo que me sigue chocando es ver como siempre son los mismos ilustradores quienes reciben los encargos más suculentos... ¿Acaso no hay jóvenes promesas, nuevos valores? ¿O es que sólo ilustran las momias y los premios nacionales? Un poquito de solidaridad con los que llegan, que también tienen derecho (mientras no se les suba el pavo). Por no hablar de los escritores de altura literaria que se creen con pleno derecho a escribir para niños y pequeños (como si lo hicieran con la punta... del lápiz). ¡Ea!, pero hay que callarse que luego te tachan de envidioso e indignado.


Interlocutor 1: Oye tú, que estamos aquí debatiendo... ¿Por qué los premios siempre recaen en los mismos? Interlocutor 2: Tío, prefiero darle de comer a este antes que a ese. Interlocutor 1: Joder, con lo bien que lo hace el segundo... Interlocutor 2: Es que el primero me hizo ganar una pasta con su primer libro y tiene un renombre. Interlocutor 1: Te entiendo... Te entiendo... Interlocutor 2: ¡Eso sí! Corruptelas, las justas, ¡que yo soy muy honrado!
Cada vez que veo la presentación de un libro-álbum, dos lagrimones me corren por las mejillas. Y disculpen si no es emoción contenida, pero constato que seguimos siendo pocos y discretitos. Una lástima que no se formen colas kilométricas en las librerías chiquiticas para oír las rimas de los vocablos ilustrados. Pero, ¡cuidado! Es preferible que cada uno vaya por su lado, no sea que alguno nos mangue la primicia y nos saquen más los cuartos... Déjense de historias: seguiremos siendo los mismos a pesar de los esfuerzos malogrados: esto es como la homosexualidad, mucha visibilidad, pero tiemblo si me toca. Y seguiremos siendo animales de bellota.


Me descojono (menos mal que hay algo de risa) viendo como los miembros de esta gran familia de la literatura infantil (No sé porqué encuentro más de una similitud con la mía..., puñaladas aparte) se profieren todo tipo de lametones y enjundias, mientras no haya premios, publicaciones, royaltis y reconocimientos por delante. Pero bueno, no se me entristezcan, el próximo 2 de abril, los mismos besos, los mismos abrazos. Esto es así, manque perdamos.

Las ilustraciones de esta entrada proceden de Ñac-Ñac, el monstruo comelibros de Emma Yarlett (Cubilete – Bruño) y ¡Se busca! Lili la liebre, ladrona de libros de Emily MacKenzie (Combel).

viernes, 1 de abril de 2016

Desconcierto post-vacacional y ventanas para mirar


Olivier Tallec

Por mucho que me empeñe, esta semana no hay quien saque partido de mis alumnos... Algo normal tras una semana y pico dándole al garuto, el tambor y la corneta. A ver si las neuronas dejan de volar por el otro lado de la ventana y regresan al aula. ¡Y todavía nos queda el jolgorio primaveral...! Habrá que sonreír y mantenerse firme. No queda otra...

Dos por una es dos,
dos por dos, cuatro.
Tras de la ventana
un cielo claro.

Dos por una es dos,
dos por dos, cuatro.
Cruza la ventana
un pájaro.

-¡Silencio!
Dictado:
Las agudas se acentúan
cuando... - No sé cuándo.

Celia Viñas.
Tabla de multiplicar.
En: Celia Viñas para niños y niñas... y otros seres curiosos.
Ilustraciones de Montse Ginesta.
2009. Pinto (Madrid): Ediciones de la Torre.