miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Y ya van cinco!



Cinco años han pasado desde que inicié esta andanza entre álbumes clásicos, ilustraciones, historias, palabras, abecedarios, opiniones y lecturas. ¡Cómo pasa el tiempo! Seiscientas cuarenta y seis entradas, trescientos setenta y cinco seguidores (¡quiero más! ya saben donde darle… je, je, je), ochocientos cuarenta y siete comentarios, y más de ciento sesenta y siete mil visitas, se agolpan en este lugar que me absorbe mucho tiempo pero que también me ofrece muchas satisfacciones, que se deben, principalmente a ustedes.
Si a todo ello añadimos que durante este año se celebran cincuenta años desde que Harper & Row publicaran por vez primera el Donde viven los monstruos (Where the wild things are en lengua inglesa) de Maurice Sendak, obra cumbre de la Literatura Infantil que no sólo da nombre a este lugar, sino que ha sido adaptada al cine en dos ocasiones (en su versión animada de 1974 por los estudios Weston Woods y en el largometraje dirigido por Spike Jonze en 2009), ha inspirado una opera (1980), algunos temas musicales e incluso unos test de la Walt Disney Company, tendré que celebrar este quinto aniversario doblemente.
A veces dudo de la importancia de este libro, sobre todo por todas las virtudes que se le presuponen, todas ellas derivadas de los estudios psicológicos que muchos “especialistas” han hecho de él o de las intrincadas lecturas que muchos “entendidos” se empeñan en vociferar desde sus púlpitos. Está claro que los premios que ha obtenido la obra y su autor -entre ellos la Medalla Caldecott, el Hans C. Andersen, el Memorial Astrid Lindgren o la Medalla de las Artes de los EE. UU. de Norteamérica-, la buenas (y malas) críticas que se le han propinado, o la tan extraña y hermética vida de su autor, han logrado crear una leyenda de este libro, que para mi, sigue contado la historia de un cabreo infantil con un bonito final moldeado por un viaje a caballo entre el sueño y la imaginación.
Por todo ello, no sólo espero que me ayuden a soplar esta tarta, sino que también les felicito por formar parte de este sitio que un día creo Sendak, ese en el que vivimos todos los monstruos.

lunes, 25 de febrero de 2013

Libros y nazismo (2)



Continuando con mi propósito de elaborar una breve selección de títulos relacionados con las barbaries que trajo consigo el nazismo, desgrano hoy Soldados de plomo (editorial Bruño), otra de las obras del premio Hans C. Andersen, Uri Orlev.
Aunque esta novela juvenil está narrada en tercera persona, contando las idas, las venidas y las desgracias de un niño judío y su familia, hace alusión a la propia vida del autor, otra de las numerosas víctimas del antisemitismo, pilar abominable del social-comunismo hitleriano que obligó a Orlev a permanecer unos años en el campo de concentración de Bergen-Bersen junto a su madre y hermano para ser testigo de las perrerías que allí tuvieron lugar.
Aunque parecida a otras muchas novelas sobre el tema, plagadas de calamidades y descripciones capaces de emocionar a un témpano de hielo (¡Qué naturaleza la humana!... los animales, al menos, no disfrutan con la muerte de sus congéneres), en ella podemos encontrar ciertos rasgos bastante llamativos, como son:
-          Orlev no se conforma con relatar un suceso, focalizando toda la narración en el drama y la lágrima fácil, sino que lo contextualiza, es decir, aporta otros datos reales que aproximan al lector a otros puntos de vista, un aspecto necesario en novelas históricas de este tipo.
-          El escritor, además de basarse en las relaciones entre víctimas y verdugos, arroja otra serie de sentimientos e impresiones, que van desde el odio, hasta la conmiseración, la penitencia o el perdón. Denoto esto como un rasgo diferenciador puesto que muchas otras obras del mismo estilo (véanse libros, películas o documentales) centran la atención sobre las víctimas y su papel de mártires.
-          La mirada infantil. Aunque el protagonista, como en gran parte de la narrativa infantil y juvenil, sea un niño, Uri Orlev es capaz de transmitirnos dos rasgos sumamente importantes, por un lado su humanidad (ningún niño es bueno o malo, angel o demonio, simplemente ES), y por otro lado el crecimiento personal que en él se obra, no sólo por el paso de los años, sino por todo lo vivido.

viernes, 22 de febrero de 2013

Cuando llega la noche



Disfrutando del doodle sobre Edward Gorey que hoy nos regala Google, les remito una oda a la noche, que engullendo las siluetas de los montes, llega. Trae frío, soledad y miedo; la duda de si mañana habrá un nuevo amanecer…

Blasfemé,
imploré,
pinché,
subí tras alguien
para echarle el diente.

En el cielo, rojo como una “Marsellesa”
se estremecía al morir el ocaso.

Es una locura.

No pasará nada.

Llegará la noche,
después de hacer boca
tragará.
¿Veis?
Otra vez el cielo soborna
con un puñado de estrellas salpicadas de traición

Llegó,
comió vorazmente,
repantigada sobre la ciudad.

Vladimir Maiakovskiï
En: La nube en pantalones.
Ilustraciones de Manuel Flores.
2012. Barcelona: Sd Edicions.

miércoles, 20 de febrero de 2013

De adaptaciones y caperuzas



En cierto foro (no me acuerdo en cual… ojeo tantas cosas al cabo del día que es bastante difícil citar todas las fuentes), leí que cuando un artista es incapaz de crear algo nuevo, acude a las adaptaciones de los clásicos. Por el contrario, ayer di con cierta entrevista en la que varios autores defendían las adaptaciones por el mero hecho de intentar dar nuevas visiones sobre historias sobradamente conocidas para así mejorarlas en un contexto diferente. Si estas dos razones le añadimos esa tercera que arguye que, en tiempos de crisis son mejores las copias mediocres que las malas ideas, ya hemos puesto al fuego un cocido de lo más jugoso en el que mucho tiene que decir la Literatura Infantil y Juvenil…
En mi modesta opinión y con el poco bagaje humanístico que acarreo, me urge decir que, excepto los griegos, pocos son los que han inventado algo en esta arcaica cultura occidental, un saber que se ha ido enriqueciendo de refritos y alguna que otra idea chispeante, como cualquier otro… Aunque muchos defiendan estos cambios instantáneos y otras apariciones marianas, soy de los que opinan que el gradualismo no sólo se hace patente en el contexto evolutivo de la Biología, sino en otras ramas y disciplinas que pasito a paso, agregan nuevas perspectivas, diferentes visiones, eso sí, sin que ello se convierta en esa innecesaria costumbre de meter en el microondas, una y otra vez, esas sobras que aguardan en el frigorífico un inapetente final.
Con estas cavilaciones, el último libro (idea e ilustraciones) de Roberto Innocenti, aunque escrito por Aaron Frisch, editado en nuestro país, y titulado La niña de rojo (Kalandraka a la batuta), les recomiendo disfrutar de un nuevo concepto de la caperucita de Perrault o los hermanos Grimm (¡hay tantas versiones de este cuento popular que por una más…!), esa que se pierde entre escombros, neones, centros comerciales, asfalto y bandas callejeras, para finalmente, elegir el propio final de su historia.

lunes, 18 de febrero de 2013

Libros y nazismo (1)


El pasado 30 de enero se cumplieron ochenta años desde que Adolf Hitler fuera nombrado canciller de Alemania por el entonces presidente Paul von Hindenburg, un hecho que repercutió increíblemente, no sólo en la Historia universal del siglo XX, sino en otros contextos como el artístico, el tecnológico o el literario, el que aquí nos ocupa.
Decenas de títulos que trazan argumentos sobre las barbaries acontecidas durante el nazismo, se agolpan en las estanterías de bibliotecas y librerías, por lo que la triste excusa de los campos de concentración, las cámaras de gas y la limpieza religiosa, étnica o sexual, siguen vivas, no sólo en el ideario colectivo, sino como recuerdo de todos los que murieron por los complejos y la envidia, causas de cualquier conflicto.
Lejos de profundizar en el contexto histórico (sobre ello hay muchos que saben más que yo) y dado lo ávidos que son mis lectores por las recomendaciones de lectura temáticas -soy poco aficionado a los listados, aunque creo que a veces son necesarios…-, durante esta y las próximas semanas reseñaré algunos libros para niños, jóvenes y no tan jóvenes que creo de buena calidad, de poca lágrima y bastante objetivos, sobre los acontecimientos que trajo consigo el Tercer Reich (y no me refiero precisamente al “escarabajo” de Volkswagen, las carreteras alemanas o la Cruz de Honor de la Madre Alemana).
El primero de estos libros es el re-editado recientemente Cartas a Bárbara, de Leo Meter (Lóguez). En esta edición, bellamente acompañada por las ilustraciones originales del autor, se recogen las cartas que el artista y escenógrafo alemán Leo Meter envía a Bárbara, la hija que tuvo con la judía de origen holandés Elisabeth Plaut, durante la II Guerra Mundial desde Ucrania, adonde es enviado para luchar en el bando germano. De sutil belleza y lenguaje cercano, narra la realidad de una vieja Europa minada por la tristeza, omitiendo en todo momento la palabra “guerra”, un vocablo censurado por régimen nazi. Léanlo con una sonrisa porque en todas sus páginas cabe la esperanza.

jueves, 14 de febrero de 2013

San Valentín y la nefasta distribución: una historia para no reseñar





A consecuencia de un cuello totalmente dolorido, me encuentro completamente abocado a las quejas y denuncias de todo tipo, de las que hoy, efeméride amorosa, entra a formar parte la dirigida a las editoriales de literatura infantil a tenor de la mala distribución de sus productos…
Andaba yo rebuscando (y no precisamente cebollas) entre estanterías, algunas novedades primaverales (no pongan jeta de asombro, aquí no manda el calendario sino la evidencia: ¡miren los almendros cuajados, en flor!), y no veía nada… Nada de Lóguez; Edelvives, ni por asomo…, poca cosa de Kalandraka, OQO o Libros del Zorro Rojo; ni gota de Ekaré… de La Fragatina, Almadraba, Océano o Corimbo, “res”. Flamboyant, A Buen Paso, Impedimenta o FCE, prácticamente inexistentes. El jinete azul estaría con Everest, y El Naranjo de cañitas con Edebé… ¿Y Los cuatro azules? ¿se habrán retirado? Una pizca de Juventud, menos de Lumen y nanay de Media Vaca. A Pintar-pintar me lo encontré hace mil años y nunca más se supo… Sólo podía ceñirme a algunos títulos de SM, Anaya, La Galera o Lumen… A menos que encontrase algo de Bárbara Fiore, la entrada de hoy estaría vacía… Por allí apareció Encarnita, esa viciosa del libro-álbum bueno, bonito y barato, y nada, ninguna pista que me hiciese dar con lo que buscaba… No habría una pizca de amor “lijero” durante este San Valentín…
Deambulé desde Dionisio Guardiola hasta la calle Concepción, atravesé la ciudad desde uno a otro centro comercial, Tesifonte Gallego arriba, Tesifonte Gallego abajo… Pero no di con lo que buscaba… Así que, después de tanta pamplina, habiendo citado a la mayor parte de las editoriales LIJ del país (hubiese preferido hacerlo por otros motivos…), sólo les pido, desde la frustración que se siente como aficionado lector al no dar con el libro deseado (será la primera vez que reseñe algo que no he leído) que, si los encuentran, disfruten con estas tres historias de amor.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Miradas que valen un aplauso



Aparte de unas cervicales sumamente dañadas (según la fisioterapeuta la contractura oprime la arteria vertebro-basilar… ¡total na’!), la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma ha traído a mi vida, un año más, esa ilusión de niño por el disfraz y la máscara.
El carnaval, una fiesta pagana reconvertida por el ansia de poder vaticana, tan de moda estos días (¿fumata blanca o fumata gris?... sólo sé que esa chimenea se parece a la de la estufa de leña que nos calienta en los domingos de campo y huerta…, ¿tendrá algo sobrenatural?), se tiene que mamar desde temprana edad, y sembrar así la semilla del sinvergüenza canalla que cantará en lo venidero a lo mundano y lo divino, o en su defecto, a lo que le dé la real gana.
Ya se sabe que para dar la murga o ser un gran chirigotero, el mayor de los requisitos es llevar un niño dentro, de esos que poco saben de normas, leyes o consensos, para poder soplar a gusto la turuta que entone el cuerpo (y el intelecto), aunque también es cierto que, en cuestión de disfraces, no todo vale, porque bien es sabido que lo sencillo, bonito y profundo tiene una melodía que da valor donde sobra el gusto, un tándem del que pocos hacen gala en estos días de tanto crédito y papel moneda…. Y si el atuendo acompaña a la letra, sólo faltan ritmo y melodía; esas que ponen los ojos del niño sobre el problema, lanzan el dardo de la evidencia a unos oyentes cada vez más embobados, forjándose así el aplauso y haciendo grande un mundo chico.
Y si no denotan que las miradas pequeñas distinguen lo humano de lo fútil, observen la vida a través de la lente de El catalejo, una historia con dos directoras, Marta Serra Muñoz y Violeta Lópiz (editorial Almadraba), que se olvidan de ver para enseñarnos a mirar.

lunes, 11 de febrero de 2013

Poesía carnavalera



Y hoy, lunes de coros, no puedo evitar invertir el orden de las entradas semanales y dejarles con la letra de uno de los pasodobles de los ganadores en la categoría de chirigota del Carnaval de Cádiz de este año 2013, la agrupación “Los de Gris”, cuya intervenciones en la semifinal y la final del concurso en el Gran Teatro Falla pueden disfrutar AQUÍ y AQUÍ, y llenarse de su risa canalla, su crítica lenguaraz y de la poesía de sus letras.

[…]

Eres tú la razón
pa’ que nazca mi copla,
es el único motivo
porque saco chirigotas.

Y los nervios tengo a flor de piel
esperando otra vez
que mis notas te lleguen,
lucharé aquí poniendo mi voz
y con ella va mi corazón
para que tú te la quedes.

Toma, aquí dejo mi pasodoble,
que lo mimen las almas nobles
y lo aprenda el chirigotero,
que si escucho de tu voz la melodía
soñaré con ese día.

De verdad te juro, compañero,
si tú lo quieres cantar,
no me hace falta mas na’,
y es el premio que me llevo.

Chirigota “Los de Gris”
Letra de Moisés Camacho Ortega.
Música de José María Barranco Cabrera.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Huelgas con sabor a des-unión



Hoy, tal como ayer, nos encontramos ante las mal bautizadas jornadas de lucha (creo que a este país todavía no ha llegado “la primavera árabe”… pero bueno, siempre hay algún nostálgico que se acuerda del franquismo) en la Educación, sobre todo secundaria, siendo muchas las opiniones que se agolpan en los pasillos, las salas de estar y, sobre todo, en mi cabeza.
Todos hemos sido estudiantes (o al menos lo hemos intentado, unos haciendo novillos, otros ligoteando con la guapa intelectual de turno, y, los menos, buscando un futuro universitario –por cierto, bastante desangelado, todo hay que decirlo…-), y nos ha encantado eso de buscar excusas para disfrutar del sol invernal y restregarnos en el asfalto, o sobre cualquier rincón lleno de grama…, con cierta moderación… Lo de tres días consecutivos de huelga estudiantil me parece el clímax de la sinrazón, no para cafeterías y otros lugares recreativos (los mejor parados estos días), sino para la imagen que da la familia educativa en momentos tan críticos como los actuales.
Poco se habló en el último programa de “Salvados” (La Sexta TV), dedicado a la comparativa entre el sistema educativo finlandés y el español, de las características climáticas que afectan a unos y otros, así como de la idiosincrasia y acervo cultural que aúpan o degradan una y otra, tan extremista como puede ser la coreana, la canadiense o la japonesa, todas ellas grandes potencias educativas y sin mucha inversión…
Siempre he creído en la escuela (soy de los que encontraban mucho atractivo a esa vida agitada de griterío, tramas amorosas, pasillos atestados, travesuras y prohibiciones, apuntes olvidados, trabajos en grupo y otros sinsabores de la adolescencia), pero también creo que la Educación no es una labor unilateral en la que el Estado y sus trabajadores sean los últimos responsables de esta, sino que estudiantes y familias tienen también parte de responsabilidad (33% unos y 33% otros) en poder exhibir ante el mundo y las agencias calificadoras de la prima de riesgo, que España, fuera de cretinismo, corrupción y siesta, es capaz de formar no sólo a aquellos que emigran buscando una realidad mejor, sino a aquellos que se quedan para luchar por un país que Alemania, Italia, Francia, EE. UU. o China, entre otras, intentan convertir en su club de putas particular.
Concluyendo: no hay mejor lucha ni mejor ejemplo, que el de marcarse un objetivo, hacer frente común y llevarlo a cabo hasta el final, hasta llegar al cielo, llámese éste “futuro” o “autobús”, ese que niños, padres, abuelos y vecinos convierten en el paraíso que muchos disfrutan en Un autobús caído del cielo del australiano Bob Graham (ganador de la Medalla Kate Greenaway en 2002) y editado en nuestro país por Flamboyant (2012).

lunes, 4 de febrero de 2013

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XVII): Dorothy P. Lathrop








Dorothy Pulis Lathrop nació 16 de abril 1891 en Albany, Nueva York. Su madre era pintora, su hermana escultora, y su abuelo era dueño de una librería, por lo que parecía destinada a una carrera a caballo entre el arte y la literatura. En sus inicios como estudiante de arte en el Teacher’s College, dibujó junto a Arthur Dow, aunque en un principio le sedujera más la idea de escribir que la de ilustrar. Más tarde, asiste a clases de dibujo en Pennsylvania bajo la supervisión de Enrique McCarter, y a la Art Students League, con F. Luis Mora como profesor.
Es en 1918, cuando la entonces maestra de 27 años de arte en Albany, colabora con Walter de la Mare e ilustra con 12 imágenes The Three Mulla-Mulgars (1919), una fabula protagonizada por tres monos en la que usa muchos recursos pictóricos sacando partido del amplio abanico de posibilidades que ofrece esta obra fantástica. A este libro le siguen otros del mismo autor, como Down-A-Down Derry (un libro de poemas de hadas de 1922 que ilustra con la técnica del punteado que rivalizaría con su contemporáneo Dugald Stewart Walker) o Crossings (editado en 1923 y con grandes influencias de Beardsley).
Más tarde, en 1926, trabaja con Ethel May para Tales from Enchanted Isles, una inmejorable antesala para su libro más conocido -aunque menos representativo-, Hitty: her first hundred years (de 1930, reeditado durante varias décadas por MacMillan en lengua inglesa, la última, la Navidad de 1999), un libro de Rachel Field. Con un estilo algo arcaico y pomposo, probablemente como deferencia a la edad del personaje, fue galardonada con la Medalla Newbery (American Library Association) ese mismo año.
A este le siguen otros de diversos autores entre los que se cuentan, Dutch Cheese (1931), Mr Bumps and his monkey (1942) o Bells and Grass (1942), todos ellos de Walter de la Mare, The Little Mermaid de Hans C. Andersen (1939), Little Boy Lost, de  W. H. Hudson, The Princess and Curdie y The Light Princess, ambos de MacDonald, o The Animals of Bible, a picture book, de Helen Dean Fish, con el que obtiene la Medalla Caldecott en 1937.
Al mismo tiempo y a partir de 1931, Dorothy comienza a escribir sus propios libros. The Fairy Circus (1931), The Colt from Moon Mountain (1941), Angel in the Woods (1947), Bouncing Betty (1936), Dog in the Tapestry Garden (1942), Let Them Live (1951), Littlest Mouse (1955), Puffy and the Seven Leaf Clover (1954), Skittle-Skattle Monkey (1945) o Follow the Brook (1960), dan muestras de su talento como escritora e ilustradora.
Tras más de 86 libros ilustrados, en los que es evidente la atracción que sintió por plasmar el mundo animal (su hermana, Gertrude, decía que más que compartir una casa con su hermana, compartía un zoológico en constante cambio), una labor tardía como escritora y editora, Dorothy Pulis Lathrop fallece en Nueva York, el 30 de diciembre de 1980.

El estilo de Lathrop, aunque preciosista, se basa en técnicas sencillas como son la tinta y el lápiz, un hecho que añade un toque de misterio a las imágenes que, si bien están protagonizadas por animales, les imprime cierta personalidad humana, una vivaz llama que aporta luz en un mundo complejo, tenue, gris y, probablemente, algo juguetón.

viernes, 1 de febrero de 2013

... y cierra España.



Hace cosa de mil años, en cierta entrevista televisiva, le preguntaron a María del Monte (sí, la tonadillera): “¿Qué hizo con el parné ganado en sus primeras galas?” Y ella, rotunda y cañí, contestó que, como cualquier pobre, comprarse un Mercedes-Benz®. Aquello se me quedó grabado y constata, día tras día, que la pobreza de este país es inconmensurable.
La miseria que sufre nuestro ¿estado? no se mide por el grado de alfabetización ni por el acceso a los alimentos; tiene su termómetro en coches de alta gama, “smartphones” y cruceros por el Mediterráneo, unidades que no entienden de clase, ni condición, sino más bien de ostentación. El problema se hace más acuciante cuando esa carencia monetaria (e intelectual, véanse los esfuerzos de la prensa en afiliarse a uno u otro partido) se mimetiza con el poder, un combinado explosivo que acarrea corruptelas de todo pelaje que hacen de este país el sumum de la vergüenza.
Y no se engañen proclamando su inocencia, acudiendo a manifestaciones en contra de unos u otros, escupiendo contra Europa, ni echándole la culpa al imperialismo americano (¡eso sí son tribunales de justicia!), cómplices ciudadanos y votantes, ya que ansían, como cualquier otro, estar a sus once vicios pese a quien pese. Sólo necesitan asomarse a la mirilla y contemplar como, escayolistas, profesores, concejales, duques, banqueros y jueces, cantan a coro lo de “Billetes, billetes verdes, ¡pero qué bonitos son!”, dando fe -una vez más- de que España no tiene solución (a menos que alguien quiera ahorrar y trabajar…). Así que: apaga la luz y vámonos.

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

[…]

Es galán, y es como un oro:
tiene quebrado el color;
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
que pues da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

[…]

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

[…]
Francisco de Quevedo.
Poderoso caballero es don Dinero.
En: Antología poética.
2002. Madrid: Espasa.

jueves, 31 de enero de 2013

Otra galaxia




Atiborrado de obligaciones, no tengo tiempo para estudiar la curvatura de mi ombligo, toda una suerte que no sólo me ayuda a recrearme en el tiempo libre, sino que me evade de la realidad, cada día más y más aburrida. Mire hacia donde mire encuentro las mismas escenas y el mismo anquilosamiento. España tiene menos movimiento que la cintura de una octogenaria…, y los políticos dan muestras de saberlo.
Si hay algo que me exaspera son los discursos vacíos, una pobre exhibición de la inteligencia ante cientos de televidentes que, atontados ante tanta indecisión, se encuentran perdidos entre deudas, pagarés, hipotecas y otras necesidades monetarias. Aunque la mayoría se conforme, a un servidor le jode bastante que lo tomen por gilipollas. Es cierto que poco sé de economía, de finanzas, de desavenencias territoriales o de dialéctica, pero hagan el favor de callarse y dejen de excusarse por tener la jeta de enriquecerse a nuestra costa, ¿o es que no se dan cuenta que honestidad y pillaje se cogen de la mano? Que si auditorías para otras auditorías, que si cuentas en paraísos fiscales…, fundaciones con ideas especulativas, reformas educativas con presupuestos desorbitados, familias reales y otros chupópteros, sanidad para todos y para ninguno…, y políticos engordando en la Cumbre de Davos… ¡Este carnaval se promete entretenido!
¿Existirá algún recóndito lugar del espacio al que acudir sin necesidad de soportar tanta mediocridad? Alguno quedará donde poder sentarse a la sombra de un baobab, darle volumen al Preludio Op. 2 para cello y piano de Rachmaninov y, mientras el viento que sopla a primavera nos eriza el vello, abrir Andromedar SR1 (Editorial Gustavo Gili) y disfrutar de los extrañas ilustraciones que elaboró Heinz Edelmann  (ilustrador y animador del Yellow Submarine de The Beatles) para nosotros y la especial historia que nos cuentan Martin Ripkens y Hans Stempel, esa que nos habla de otra galaxia, de unos peculiares desconocidos y su afán por encontrar flores cobalto entre el mayor surrealismo que ha habitado en Marte.

miércoles, 30 de enero de 2013

Post perruno



En cualquier familia (da igual la alcurnia), siempre hay algún incauto que, lejos de utilizar a los animales como mera fuente de subsistencia, se aleja de lo práctico y decide tratarlos como muñecos de peluche, un error mayúsculo que no acarrea más que gastos alimentarios, visitas al veterinario y un hogar a rebosar de pelo. 
Como en cualquier otra especie, este tipo fauna humana cuenta con distintos fenotipos que, clónicos, se repiten sin cesar por el ancho mundo. Aquí, unos ejemplos:


1.      Abuelito soltero (o en su defecto calzonazos y felizmente casado), jubilado y aburrido que lo mismo pasea perros, que cría gatos, o que cultiva alcachofas.
2.    Mujer de bien, viuda y con hijos creciditos, que focaliza sus dotes de mando en algún perro faldero que otrora encontró en la calle.
3.   Pareja o matrimonio joven que, indeciso entre hijos biológicos o adoptados, prefiere poner un perro en su vida común para ir acostumbrándose a ellos mismos.
4.  Mujer joven, preferentemente del sexo femenino que, dándose por vencida en el terreno amoroso, se rodea de felinos que la resoben, protejan y alejen de posibles pretendientes.


5.  Hombre joven, ignorante y con acento de otra galaxia llamada Villapocicos de la Serena, que alterna sus labores cinegéticas con la cría de mastines para agasajar al señorito durante la cacería.
6.    Inconsciente caprichoso/a, votante de izquierdas y dispuesto a alardear de altruismo y solidaridad, que acude a la perrera más próxima y salva de dos a cinco almas perrunas, para su mayor gloria divina.
7.   Obrero, lumpen, choni o cani, con superavit en su cuenta bancaria, que adquiere un perro de raza para vacilar entre congéneres de que en épocas de escasez venideras, tendrá can que pasear y otra boca que alimentar.
Seguro de las risas que suscito y reprochándome alguna que otra palabra, admito que no siento animadversión alguna por acompañantes de pelo y pluma, pero si intento seguir a pies juntillas esa consigna tan manchega que advierte “cada uno en su casa y el burro en la linde”, que bien pensado, ahorra alguna que otra discusión familiar, enfermedad contagiosa y percances irracionales. 


Por otro lado, si tienen ganas de animales hogareños, siempre pueden imaginar uno como el que protagoniza Un perro en casa (Daniel Nesquens y Ramón París, editorial Ekaré), que a caballo entre la imaginación, lo extraño y el deseo, pase de ser una idea tangible a terminar en el desagüe. Y es que esta historia trata de todos aquellos niños que anhelan adoptar un perro callejero y hacerlo suyo; un perro que se va volviendo cada vez más y más negro y que al final acaba desvaneciendo. Una maravillosa metáfora de los sueños infantiles que, inevitablemente, lo convierten en uno de los mejores álbumes ilustrados del 2012.

martes, 29 de enero de 2013

Premios Little Bird 2012


Ya se han hecho públicos los "Little Bird 2012", unos premios que otorga la Children's Books Guide y reconoce la calidad de 30 buenos libros de literatura infantil que podéis consultar aquí (no diré los mejores porque cada uno tiene los suyos...), mayormente en la categoría de libro ilustrado. Entre ellos contamos con Los de arriba y los de abajo (Kalandraka) de la chilena afincada en Barcelona, Paloma Valdivia. ¡Enhorabuena!

lunes, 28 de enero de 2013

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XVI): Gustave Doré








Si el otro día nos detuvimos en la vida de Vierge, príncipe de la ilustración, hoy le llega el turno al rey de este arte, el francés Gustave Doré.
Nacido en la rue Bleue de Estrasburgo el 6 de enero de 1832, desde muy joven se despierta en él la pasión por el dibujo (siempre mantenía los dos extremos del lápiz afilados para dedicar más tiempo a esta afición). Cuando cuenta 9 años, su padre, ingeniero, se traslada por motivos laborales a Bourg, cuyos espacios naturales inspirarán el atrezzo montañoso que tanto acompaña las escenas de este autor. A pesar del futuro como ingeniero que su padre había planeado para él, el Doré alegre, divertido y deportista de la juventud, presenta, con tan sólo 15 años, unos bocetos/dibujos humorísticos de gran calidad al editor Phillippon, lo que le permite moverse a París (1847) y publicar en el Journal pour rire, una revista humorística, desde 1848 hasta 1851, al mismo tiempo que publica su primer trabajo como ilustrador, en una serie de litografías basadas en Los trabajos de Hércules (1848). Imparable, Doré, entre los 20 y 40 años de edad, comienza a elaborar cientos de imágenes que acompañarán más de 100 libros como las Oeuvres de Rabelais (1854), Les Contes drolatiques de Balzac (1855), El Infierno de Dante (1861), los Cuentos de Perrault (1862), Don Quijote de Cervantes (1863), Las aventuras del barón de Münchhausen (1866), El paraíso perdido de Milton (1866), La Biblia (1866), Las Fábulas de la Fontaine (1867) o los Cuentos de Poe.
Sus xilografías son grabados interpretativos (he aquí su gran aportación a la ilustración) cuyo diseño, composición, valores iniciales y aguadas, supervisaba en los talleres de grabación, para que más tarde hábiles especialistas, como Pannemaker, Gusman y Pisan, finalizaran. De entre sus litografías, destaca aquella que representa la muerte trágica de Gérard de Nerval (1855).
Cada más reconocido y a la vez más autodidacta, las obras de Gustave Doré aparecen, no solamente en Francia, sino también en Inglaterra, España, Alemania y Rusia. Como consecuencia de estas publicaciones, su influencia se dejó sentir muy pronto sobre numerosos ilustradores de toda Europa y América, constituyendo una importante fuente de inspiración para los pintores románticos, quienes compartían la atracción por el mundo onírico que él representaba.
Experimentó con la pintura, representando escenas de carácter histórico o religioso, y con la escultura (véase su tributo a Alexandre Dumas erigido en París), pero, aun obteniendo cierto reconocimiento de los círculos artísticos de la época, sus creaciones en estos medios nunca alcanzaron la vivacidad de sus ilustraciones.
En 1931, Henri Leblanc publicó un catálogo razonado que contabiliza 9.850 ilustraciones, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 aguadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas y 45 esculturas. Una carrera artística inigualable para alguien que murió nombrado oficial de la Legión de Honor francesa, con tan solo 51 años (París, 1883), y frustrado por no ser el completo artista que siempre soñó ser.

Sobre la obra de Doré se pueden verter un sinfín de adjetivos, como: educada, dramática, prolífica, serena, sutil, directa, humorística, elegante, exuberante, fantástica o grotesca; pero sin duda, su gran contribución, la todavía hoy vigente en la ilustración de obras literarias, es aumentar el valor de una obra artística hasta concebirla como otra más hermosa todavía.

viernes, 25 de enero de 2013

De pelo y tijeras



Pese a la ciclogénesis explosiva (no entiendo a qué viene tanta tontería para darle nombre a una borrasca de toda la vida…) del pasado fin de semana y a las lluvias que nos han puesto en remojo durante los pasados días, he decidido raparme la cocorota y dejar que el viento frío se abra paso entre las pocas ideas que pueblan mi testa… Y cómo no… ¡para que el cuero cabelludo se refresque!

Peluquero de mi pelo,
no me cortes, por favor,
que me pegan cocotones
en la escuela, si me pelo.
El que se pela, ¡se estrena!

Marisa  López Soria.
Peluquero.
En: Diversopoemas.
Ilustraciones de Isidro Ferrer.
2002. Madrid: Ajonjolí – Hiperión.

jueves, 24 de enero de 2013

Cuando nace una historia



Cuando los lazos se estrechan, son muchos, conocidos y amigos, que me preguntan sobre cómo parí este blog, un espacio que poco tiene que ver con mis estudios universitarios, algo con mi profesión y mucho con mis aficiones. Llevándoles unos cuantos años hacia atrás, les cuento la historia de aquel joven que, recién terminada la licenciatura en “Biología”, se vio obligado a apuntarse al paro, regresar al hogar paterno y concederse pocos caprichos, mientras quedaba sepultado por horas de estudio que tenían como objetivo llegar a ser profesor algún día… Entre tanto avatar estático y habiendo sido un niño lector, si no ávido, al menos aceptable, se me presentó la oportunidad de impartir algún seminario sobre lectura en los ya extintos Centros de Profesores (no sé cómo… no estaba afiliado a ningún partido político, no había lamido culo alguno y mi experiencia como animador a la lectura se resumía a unos cuantos talleres en la Red de Bibliotecas Municipales de Albacete…). Entre estos cursos hubo de todo...Risas, quejas, historias…, pero sobre todo libros, muchos libros… Iba de pueblo en pueblo cargado de una maleta con álbumes ilustrados desconocidos que pesaba como un muerto (el papel satinado y la tapa dura es lo que tienen…), actividades sencillas (nunca he creído en lo complejo) y el enfoque interdisciplinar (literatura y mundo son sinónimos) que tanto se necesita en escuelas y centros educativos. Leíamos en voz alta, jugábamos a las adivinanzas, presentábamos libros, opinábamos, escribíamos tontas poesías y pasábamos el rato. Cuando todo terminaba, unos marchaban a su casa ofuscados y decepcionados, y otros, entusiasmados y alegres, me pedían más y más. Para los últimos construí este lugar, un espacio que sirviera para compartir, más que experiencias, libros, los que leemos los monstruos, y al que di un nombre homenaje, ya que pocos maestros y profesores sabían que el libro de Sendak era considerado una joya de la Literatura Infantil.
De entre estas actividades y para destacar el valor pedagógico de cualquier libro (cosa que jamás debe ser el fin de la LIJ y en la que muchos docentes se centran…), utilizaba un pasaje del Eclesiastés, uno de los libros que forman el Antiguo Testamento de La Biblia, para explicar el ciclo del agua de una manera sencilla -Todos los ríos van hacia el mar, y el mar no se llena; al lugar donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir-, una científica evidencia en la que también parece haberse inspirado Beatrice Alemagna (algo más modernizada y con trasfondo ecologista) para La corta historia de una gota (editorial Tramuntana).

miércoles, 23 de enero de 2013

¿Por qué ilustradores orientales?



Durante los pasados días ha corrido como la pólvora en lijeros y lijeras la noticia de que, en la famosa Feria de Ilustración de Bologna (para los despistados geográficamente, apunto hacia Italia…), una cita para cientos de artistas en la que se da a conocer el trabajo de principiantes, profesionales, nuevas promesas y advenedizos para que editores de todos los confines negocien a sus anchas con la mercancía de este gran escaparate, se ha primado la procedencia oriental de los participantes de la selección oficial del 2013. Ello conlleva que entre los elegidos abunden japoneses, coreanos, los procedentes de los países árabes y algún que otro indio… ¿Y occidente? ¿Dónde queda occidente?
Hay dos formas de analizar este “suceso” (Ja, ja, ja… me encanta el misterio…). Por un lado no debemos olvidar que esta feria es una tarta muy suculenta en torno a la cual se manosean muchos billetes, por lo que sus italianos organizadores, que no son tontos y han vendido muchas Vespa®, han creído oportuno dar un giro y presentar al mundo editorial los trabajos poco conocidos de una parte del mundo que quiere emerger y que no está tan explotada como en los países de cultura occidental. En la otra mano tenemos a la crisis económica occidental que ha acarreado una crisis de ideas también occidental… Aunque la proliferación de muchos artistas y diseñadores ha sido abrumadora durante los últimos años, no ha aumentado la calidad de unos trabajos que se basan en una serie de pautas normalizadas que engendran cierto hastío en el mundo editorial; es por ello que el desconocido (no creo que mejor) mundo de la ilustración oriental, acapare la atención, no sólo editorial, sino de estudiosos de la LIJ o lectores de LIJ (el exotismo es lo que tiene).
Lleve razón o no en estas pequeñas consideraciones, cabe decir que en el equilibrio está la clave del éxito de cualquier empresa, llámese esta heladería o feria de ilustración, por lo que no hay que dejar que la balanza caiga injustamente hacia un lado.
Y para amenizar esta entrada, más que a leer, les invito a degustar un cortometraje animado que más tarde inspiraría un álbum ilustrado (pueden hacer las dos cosas) titulado La casa de los cubos de Kunio Kato y Kenya Hirata (Adriana Hidalgo, colección Pípala), y que fue bastante reseñado en su día, para que sean conscientes de la novedad argumental que supone, de la calidad narrativa y del surrealismo implícito, tres evidencias a favor de la ilustración oriental.

martes, 22 de enero de 2013

Breves: Exposición "Cápsulas del Tiempo, objetos encontrados en los libros"


Plumas, hojas, cartas, anotaciones o bocetos, son ejemplos de los muchos y variados objetos que muchos de nosotros utilizamos como marcapáginas para no perder el hilo de nuestra lectura. Con todos estos tesoros y muchos más, la Biblioteca de la Universidad Complutense ha organizado la exposición Cápsulas del tiempo, objetos encontrados en los libros, que se puede visitar en la Biblioteca María Zambrano (C/ Profesor Aranguren s/n, Madrid, España) hasta el 20 de febrero de este 2013 y cuya homónima virtual se puede visitar aquí
¡Disfruten de estas curiosidades lectoras!

lunes, 21 de enero de 2013

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XV): Charles Robinson












Charles Robinson nace en 1870 en el seno de una familia donde la ilustración era un medio de vida. Su abuelo imprimía el trabajo de los ilustradores en periódicos y panfletos, y su padre era ilustrador, al igual que sus dos hermanos William Heath Robinson y Thomas Heath Robinson. Así, los tres hermanos fueron criados en un ambiente que definió su profesión desde edad temprana.
Después de la escuela secundaria, Charles se enrola como aprendiz en una imprenta donde trabaja con las piedras litográficas. Mientras tanto, recibe lecciones de arte en horario nocturno, que fueron suficientes para obtener, en 1892, un puesto en prácticas en la Royal Academy of Arts, que no pudo disfrutar debido a las penurias económicas que sufría su familia en esa época por las revoluciones en el campo de la impresión y la reproducción en papel introducidas inicialmente por Vierge.
Charles Robinson crecía al tiempo que la técnica fotográfica y le fue posible disfrutar de la obras de Beardsley, Abbey y Crane, tal y como eran engendradas por estos artistas, que tanto le influenciaron.
No fue sino hasta la edad de 25 años, cuando Charles empieza a realizar ventas profesionales. Las más de 100 ilustraciones creadas para el Jardín de versos infantiles de Robert Louis Stevenson (editada por John Lane, The Bodley Head, en 1895), muestran las diferentes facetas de un artista talentoso que, no sólo juega con la pluma, sino que muestra la exuberancia y la alegría de la niñez. 
Al mismo tiempo, florecen bastantes revistas infantiles que necesitan ilustraciones. De entre estas, Golden Sunbeams, publicada a partir de 1896, ofrece muchos ejemplos del trabajo de Charles en sus primeros números.
En 1899, junto con sus hermanos Thomas y William, ilustra en una versión de los Cuentos de hadas de H. C. Andersen, donde se hace evidente su fascinación por ángeles, querubines y seres mágicos, que no abandonará jamás. El mismo año, aparece Lilliput Lyrics, un librito editado también por John Lane en el que trabaja con las técnicas litográficas aprendidas durante su juventud y que incluyen gran cantidad de ilustraciones –véanse más ejemplos de este hacer prolífico y elaborado en The Big Book of Fairy Tales,  The True Annals of Fairy Land: The Reign of King Herla (1900) y The Big Book of Nursery Rhymes (1903)-.
Además del trabajo con litografía, hay que destacar el gran acuarelista que vivía en Charles Robinson, una técnica pictórica que destaca en sus trabajos de madurez, Imágenes que ilustran el  llamado “libro regalo”, un libro preciosista cuyo esplendor tiene lugar en el recién llegado siglo XX con la reproducción fotomecánica, y cuyo éxito podemos contrastar en la una publicación mensual y especializada de la época, The Bookman, que emitía un informe anual de los mejores de estos libros cada navidad. 
 En lugar de dibujar cuadros que acompañaran textos infantiles, Robinson, cautivado por el "libro regalo", concibe el libro como un todo con identidad propia. Láminas a color, intrincados dibujos dorados en relieve, y hermosos diseños de cubierta acompañan a Lullaby Land (1897), Sintram and his companions (1900), Alice's Adventures in Wonderland (1907), los Fairy Tales de los Grimm (1910), The Secret Garden (1911) y muchos otros libros escritos por W. Copeland, W. Jerrold o él mismo, hasta que llega la Primera Guerra Mundial.
Después de la guerra, Charles continua trabajando como ilustrador, siendo de los pocos artistas de la época dorada de las ilustraciones que publicaban regularmente ediciones ilustradas, por ejemplo Once on a time de A. A. Milne (1922), aunque con una frecuencia mucho menor.
Destacar también que Robinson fue un pintor activo, sobre todo al final de su vida, realizando trabajos como A bit of Jade, una acuarela que se presentó y expuso en la Royal Institute of Painters in Water-Colours (de la que formó parte a partir de 1932).
Robinson vivió una vida modesta y sin pretensiones. Admirado y amado por su familia y amigos, murió inesperadamente en 1937 a la edad de 66 años.
Del trabajo de Charles Robinson cabe destacar, además de su virtuosismo en el arte litográfico, su capacidad para llenar de vida y luz las imágenes realizadas con acuarela. Unas ilustraciones que, aunque vidriosas, son asombrosas, ricas y sutiles, etéreas y brillantes, integrando así tonos y texturas que encarnan las historias que otros escribieron.