lunes, 26 de diciembre de 2016

Relación entre la Navidad y la muerte


George Michael falleció ayer, día de Navidad. Aunque todavía no se han hecho públicas las circunstancias que rodean el triste acontecimiento, el haberse producido en un día tan significativo como ese y no en otro, me ha llevado a pensar en la relación que existe entre la muerte y la Navidad... Muchos dirán que el tema para empezar la semana se las trae, pero prefiero que no me tachen de macabro y piensen en ello con objetividad (mirar hacia otro lado puede ser contraproducente cuando se trata de ampliar la mirada crítica). Ahí voy...
Antes de nada y como apunte, hay que tener clara la relación entre la fe y nuestra naturaleza mortal. Todas las culturas se apoyan en religiones de todo tipo (budismo, cristianismo, islamismo o hinduismo)  para explicar una realidad que asola al ser humano, la muerte. Por ello cabe esperar también que todo lo que se relaciona con las tradiciones religiosas tenga bastante que ver con ella. De ahí que, en parte, podamos extrapolar realidades y relacionar hechos aparentemente inmiscibles.


En primer lugar cabe decir que la muerte, a pesar de ser un hecho omnipresente (nunca nos abandonan las dualidades), parece necesitar un hueco más visible en ciertos puntos del calendario. Aunque destacan fechas como el 1 de noviembre en el que rendimos honores a nuestros muertos de una manera más explícita, la Navidad es la época del año en la que más pesa la pérdida de los seres queridos, tánto, que algunos expertos la consideran una época de duelo en la que las reuniones familiares se asemejan más a un velatorio en torno a los fallecidos que a un momento de dicha y júbilo. Las alusiones que en muchas familias se hacen a los que ya no están, a las sillas vacías: silencio, recogimiento, suspiros, dolor y lágrimas.... 
Posiblemente este hecho tenga sus raíces en el tenebrismo de una cultura barroca en la que también se anclan las festividades navideñas. Con ello quiero decir que muerte y Navidad se cogen de la mano a tenor de un hecho cultural que también esta muy presente en otras tradiciones de carácter religioso cristiano como puede ser la Semana Santa.


En segundo término y fuera de la esfera cultural, hemos de ahondar en las circunstancias sociales que explican la relación causal entre navidad y muerte... Aunque la Pascua parece ser el mejor momento del año para dejar a un lado los problemas que trae el tiempo y disfrutar de la vida junto a padres, hermanos y otros allegados en honor de un mensaje religioso donde la concordia y la paz están por encima de todo, no todo es tan bonito. Las reuniones familiares son en pocos casos bien avenidas. En torno a la mesa se reúnen multitud de intereses y circunstancias personales. Intenciones de todo tipo y casualidades impiden mirar al otro con la distancia necesaria para la cortesía y el mutualismo. Envidias, dardos envenenados, reproches pasados, desplantes y alguna que otra lágrima lían todavía más la madeja, y las cenas de Nochebuena y las comidas de Reyes son el inmejorable caldo de cultivo para depresiones, violencia doméstica o cardiopatías que pueden transformarse en muertes por infarto, homicidios o suicidios.


Quizá lo mejor sea tomar consciencia de que la muerte, de su golpe certero, de que no podemos hacer nada por los que ya no están, pero sí por los que quedan. Honrar la memoria de aquellos que se fueron, sin aferrarse al lastre que suponen los recuerdos en una vana esperanza. Establecer unas buenas relaciones con los que tenemos a mano, con los que, codo a codo, compartimos el camino. Para que así la vida, esa que no valoramos lo suficiente, deje crecer unas alas que, colocadas sobre nuestra espalda, agiten el vuelo liviano de saber que hemos estado aquí morando y, sobre todo, disfrutando.

Cristina Bellemo y Mariachiara Di Giorgio, 2016. Dos alas. Combel.


viernes, 23 de diciembre de 2016

Demasiado de todo


Queda poco para que los padres, en nombre de Papa Noel, la Befana, el Olentzero o los Reyes Magos (¡Mira que hay seres mágicos para hacer regalos! ¿Por qué nunca se acordarán de mi...?), se despachen para con sus hijos a base de papel de regalo. Así pasa: los buzones a reventar (Nota: Estas anacronías postales en un mundo digital me encantan..., ¡algo habrá que conservar del pasado para enseñar a los críos cómo se envía una carta!) y las grandes superficies echando humo como locomotoras. Es diciembre, ese mes en el que el consumo se desata y algunos sueños (no todos, por imposibles o inalcanzables) se hacen realidad.
Aunque respeto que aquellos con posibles, no le den tregua a la tarjeta de crédito (el que tenga mandanga que se la gaste y active la economía si es su deseo), les diré que mi relación con la Navidad no pasa por su momento más álgido. A estas alturas de la película: menos dientes, me va sobrando de todo. Bufandas, zapatos, abrigos, artilugios tecnológicos, libros y toda suerte de cachivaches se amontonan en mi hogar, que tiene todas las papeletas para convertirse en la típica casa-museo.


Aunque intento dar uso a todo lo que tengo, muchas veces es imposible, no sólo por cuestiones que derivan de las modas (lo que ayer nos encandilaba, hoy nos produce arcadas... ¡Qué cosas tiene la mirada!), sino porque algunas prendas de ropa se me han quedado pequeñas, la bufanda se ha deshilachado, los zapatos están sumamente desgastados, al ordenador se le han roto un par de teclas o ha visto la luz otra edición mejor de ese álbum ilustrado...
Ya, ya..., ya sé que en esos casos lo mejor es acudir al cubo de la basura, apartar la triste mirada y dejarlos caer en él, pero son dos las fuerzas invisibles (aparte del mero fetiche) que me lo impiden. La primera es la nostalgia, esa sinrazón que nos conmueve, y la segunda es la incertidumbre, esa que aparece cuando no sabemos si encontraremos algo tan duradero en esta sociedad de consumo donde lo efímero y perecedero es una constante.


La receta para evitar tanto despropósito, como en muchas otras facetas de la vida, es conformarse con poco, y, en un acto de generosidad para con los demás, dejar que las casas se vacíen de cosas sobrantes, inútiles o que ya han prestado sus servicios. Parece una tontería, pero dar, como le ocurre a Lulú, la protagonista de¡Demasiados juguetes! un álbum de Heidi Deedman editado en castellano por La casita roja, y quedarnos solo con lo bueno (Júpiter, en esta historia) es el mejor ejercicio para liberarse de uno mismo.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Los mejores álbumes ilustrados infantiles 2016 / 2016 Best children's picture books


A un día para empezar las vacaciones y toda la Navidad por delante para gastar (hagan un esfuerzo por la cultura), aquí les traigo mi lista favorita del año: los mejores álbumes para niños del 2016.
Holidays begin and Christmas comes. It's time to select the best children's picture books in 2016, something that DVLM LIJ blog has been doing since 2012, so… Let’s continue!
Como muchos de ustedes pensarán que este tipo de listados son un error ya que no responden a los intereses y gustos personales, otros lo agradecen sobremanera ya que les permite discriminar entre la ingente cantidad de títulos que se agolpan en las librerías, y un servidor no sabe qué pensar, aquí expongo mis criterios para realizarla que, aplicándolos con rigor (otros las hacen al libre albedrío), vomitan esta selección. A saber:
Many of you think that these lists are a big mistake because it does not recover the interests and tastes of every reader, many other are also greatly thankful because it allows them to discriminate among a massive number of titles that crowd in bookstores… and I don’t not know what to think ... All I know is my own criteria to obtain a balanced picking. These are:
  • Seleccionar obras editadas por primera vez en castellano durante el 2016 (Este año, por primera vez, he decidido abrir un hueco final para las re-ediciones, re-impresiones y re-catalogaciones que espero no eclipse a las primeras).
  • Select works published for the first time in Spanish during 2016 (This year I decide to open a little space for reissues and reprints, and I hope these works don't eclipse the first ones).
  • Seleccionar obras con aceptación entre el público infantil (¿de qué me sirve darles opciones que no les van a gustar a sus hijos, sobrinos o nietos?..., creo firmemente en las ilustraciones de calidad, en las historias hermosas, con mucho humor, de bonito trasfondo, con éxito…, ¡hay que ser práctico!).
  • Select works with acceptance among children (I prefer giving you options that are going to like children, nephews or grandchildren -not to parents, aunts or grandparents, obviously...- I firmly believe in great illustrations, beautiful stories, humorous, meaningful and successful ones ... Let’s be practical!).
  • Que el listado no supere los 25 títulos, que ya son…- (debe ser variado, pero no una amalgama en la que te vuelvas a perder).
  • The list will not exceed 25 titles (It must be diverse, but not a huge mess in which you ever lose).
  • Dividirlas en dos grandes categorías: “Primeros lectores” y “Lectores competentes” (ver AQUÍ el porqué).
  • Divide all titles into two categories: "First Readers" and "Competent Readers" (Why? see HERE).
  • Combinar títulos patrios con otros foráneos. Este año, la presencia es menor -5 de 25 títulos-. Aunque representa un 20% del total (no está nada mal teniendo en cuenta el gran volumen de lo publicado), sigo animando a nuestros creadores y editoriales en esa difícil tarea de aupar la LIJ patria, tan válida como aquella que procede de fuera, y les doy mi enhorabuena por su dedicación y trabajo.
  • Combine Spanish authors with foreign ones. Five titles this year, it represents 20% of the total. It's a good quote if we consider the big market they are insert. I encourage Spanish creators and publishers to support our Children's Literature and picture books, as valid as this one that comes from other countries. Congratulations to all of them!
  • Incluir obras cuyas ilustraciones tengan un componente artístico-estético sobresaliente o cuya edición la haga destacar de entre las demás (no olvidemos el valor intrínseco de la imagen).
  • Include works whose illustrations have an outstanding artistic or aesthetic component (Don’t forget the intrinsic value of the image!).
  • Incluir, al menos, un título de poesía (¡la poesía al poder!), preferentemente originales en castellano (las obras de poesía traducidas pierden frescura y sentido lingüístico).
  • Include at least one Spanish poetry work (The translated poetry books lose freshness and linguistic sense). Long live Poetry!
  • Este año no incluyo libros informativos. Debido al aumento de este tipo de libros les dediqué una selección propia que se puede consultar AQUÍ.
  • This year I haven't included informative picture books because I made a selection of these before. You can see HERE.
  • Este año tampoco incluyo teatro infantil (nada reseñable bajo el sol, tomen nota los editores...).
  • This year I haven't included children's theater books neither (There's nothing good enough... Open your ears, publishers...).
Y así llegamos hasta los mejores libros para niños del 2016 (algunos reseñados ya en este espacio y otros por reseñar… perdónenme, pero no dispongo de tanto tiempo…), enumerados por orden de complejidad lingüística creciente. ¡Disfrútenlos!

So here you are the best children's books of 2016 in Spain listed in order of increasing text complexity. Enjoy them!


INICIACIÓN TEXTUAL / FIRST READERS


El intruso de Bastien Contraire (Libros del Zorro Rojo)


Bárbaro de Renato Moriconi (Fondo de Cultura Económica)


El libro que hace clap de Madalena Matoso (Fulgencio Pimentel)



Caperuza de Beatriz Martín Vidal (Thule)


Hija única de  Guojing (Pastel de Luna) 
N.B.: Se podría incluir también en la categoría de novela gráfica.


Formas/ Colores de John J. Reiss (Blackie Books)


¡Oh! ¡Un zig zag! de Antonio Ladrillo (Silonia)


¿Mau iz io? de Carson Ellis (Barbara Fiore)


La gota moja a la gata maja de Olga Capdevila (A buen paso)


Mi maestra es un monstruo de Peter Brown (Océano Travesía)


Esperando de Kevin Henkes (Editorial Juventud)


Serie infantil de Bruno Munari (Niño Editor)


Un hoyo es para escarbar de Ruth Krauss y Maurice Sendak (Kalandraka)



El mejor libro para aprender a dibujar una vaca de Hélène Rice y Ronan Badel (Barbara Fiore)


TEXTO AVANZADO / COMPETENT READERS


Encontramos un sombrero de Jon Klassen (Milrazones)


El gran día de nada de Beatrice Alemagna (Combel)


Érase de Raúl Nieto, Guridi (Tres tristes tigres)


Mi amigo libro de Kirsten Hall y Dasha Tolstikova (Blackie Books)


Abrázame de Simona Ciraolo (SM)


Última parada de la calle Market de Matt de la Peña y Christian Robinson (Corimbo)


El niño semilla de Levi Pinfold (NubeOcho)


El vuelo de la familia Knitter de Guia Risari y Anna Castagnoli (A buen paso)


La niña de los libros de Sam Winston y Oliver Jeffers (Andana)


La leyenda de Sally Jones de Jakob Wegelius (Sushi Books)
N.B.: Se podría incluir también en la categoría de novela gráfica.


Un jardín de María José Ferrada e Isidro Ferrer (A buen paso)

Libros re-editados en 2016 / Reprints

Si yo fuera mayor... de Éva Janikovszky y László Réber (Silonia)
Mister Magnolia de Quentin Blake (Kalandraka)
Marcelín de Sempé (Blackie Books)
Los últimos gigantes de François Place (Ekaré)
Monky de Ingrid Schubert (Ekaré)
Madeline de Ludwig Bemelmans (Libros del Zorro Rojo)
La oca loca de Gloria Fuertes y Miguel Ángel Pacheco (Kalandraka)
El letrero secreto de Rosie de Maurice Sendak (Kalandraka)


lunes, 19 de diciembre de 2016

Fértiles jardines como patios de recreo


Un día a la semana me toca ejercer de policía. Sí, ya saben, guardia de recreo... Un clásico.
Aunque para muchos, sacrificar la media hora de descanso para controlar los altibajos hormonales de cientos de adolescentes es un latazo, yo gusto de pulular por el patio y observar a los chavales. Créanme, merodear entre ellos te proporciona cierto estatus. Compartes su ocio y relaciones personales fuera del academicismo que se le presupone al aula. Los ves insertos en otro contexto, en toda una suerte de dispares situaciones. Una condición de espectador que te enriquece y aproxima a ellos. Te sientes otro más, pero con cierta distancia (y algo de lumbago, ja, ja, ja).


Ese lapso espacio-temporal que para nosotros es un ligero paréntesis laboral, es un punto donde se integran muchas de las cosas que los chavales han escuchado a lo largo de la mañana. Las derivadas, los ríos peninsulares, el mito de la caverna, la estrella cromática, o esa disección de corazón que nos regala el Román... Como los buenos libros, los contenidos académicos también necesitan cierto reposo para madurar en el córtex cerebral, en el subconsciente. Y eso, amigos, es algo que también consigue el recreo.


Pero no dejemos a un lado las relaciones humanas... El patio también es un hueco en el que todos confluyen, donde se reencuentran amistades de otros cursos, enemigos acérrimos; es un lugar donde flirtear, jugar, reñir y alcahuetear. Todo ello conlleva que surja el conflicto y ahí es donde nosotros debemos jugar un papel acertado, no tanto como autoridad moral y ética, sino como mediadores en unas guerras que, aunque importantes en el día a día, poco nos atañen aunque repercutan mucho a los chavales. Es este el sitio donde traman venganzas, guerras entre bandos o alguna declaración de amor inolvidable.


A pesar de la importancia que, como hemos visto, tienen los patios de recreo, es curioso constatar como muchos de estos lugares de esparcimiento escolar están yermos y desolados. Son espacios multiusos (pistas para practicar deporte o aparcamientos) inventados sobre desiertos de hormigón, que poco tienen que ver con parques y jardines, oasis de esparcimiento y ocio humano por excelencia, donde el amor por la naturaleza se funde con la tranquilidad, la calma, el juego o las relaciones sociales. Necesitamos naturaleza en escuelas e institutos; árboles, setos, enredaderas, animales, bancos en los que acurrucarse, rincones en los que besarse, troncos tras los que atrincherarse... No lo olviden, maestros y profesores: plantemos árboles en los patios. Y si ya los tienen, no se olviden de cuidarlos.

Antonio Sandoval y Emilio Urberuaga. 2016. El árbol de la escuela. Kalandraka.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Aclarando el día...


Este otoño que terminará en breve, menos setas (al menos en estas latitudes), ha traído de todo. Frío, viento y lluvia. Mucha lluvia. Nos han obligado a sacar del armario bufandas, abrigos y paraguas. A enrollarnos en la manta y a buscar las pantuflas debajo de la cama (¡Brrrr! ¡Qué helado está el suelo!). Acurrucados en el sofá, mientras la cucharilla gira en la taza de té, hemos buscado al calor de un libro los rayos del sol. Yo he encontrado muchos, ¿y tú? A veces no hay que esperar a la primavera para iluminar el día...

A una nube
de tu pena
me siento
hasta que aclara.
Luego salimos.
Tú, el sol y yo.

Cecilia Pisos.
En: Nube con forma de nube.
Ilustraciones de Diego Bianki.
2016. Vigo: Faktoria K de Libros.


jueves, 15 de diciembre de 2016

Agenda LIJ de Diciembre 2016


Jonathan Bean

Aunque para la mayor parte de occidente la Navidad comienza con el encendido de las luces callejeras (¡Qué pobres están algunas! Será el ahorro subjetivo que llevan algunos...), para los amantes de los libros para niños comienza con algunas citas culturales.


Bajo el lema 40 años leyendo, el Centro Conde Duque se llena de literatura infantil y juvenil, así que hasta allí se dirigen un montón de monstruos (un servidor no da para más... discúlpenme). Este año desde el 1 de Diciembre hasta el próximo 8 de Enero (¡Cada año más largo!), se programan multitud de actividades, talleres, exposiciones, entregas de premios, y, sobre todo, de hermosas historias que calan hondo entre los lectores. De entre todas las actividades, la mayoría gratuitas (¡Ojo al dato! Para algunas es necesario retirar invitaciones previamente) y aptas para toda la familia (monstruos mayores, pequeños, altos, bajos, gordos o flacos), un servidor destacaría la exposición de ilustración organizada por la APIM y la entrega del Premio Lazarillo (más que nada por curiosear y arropar a los ganadores, siempre es de agradecer) que este año ha recaído en Carles Cano en la modalidad de creación literaria, y Ana González y Kike Ibáñez en la de álbum ilustrado. De entre todas las actividades -que pueden consultar AQUI- yo me aventuraría a participar en el encuentro con Roger Olmos y los talleres “Cocina de cuentos... ¡qué ricos aromas!”, “Contar leones” o el concierto de la Chica Charcos, además de acudir a muchas presentaciones de libros y visitar la biblioteca. ¿Estará este año el autobús que el Centro de Transfusiones de la Cruz Roja ubica en el patio? Si está, ¡no se olviden de donar sangre!


También y como cada diciembre (desde hoy, día 15, hasta el próximo domingo 18), nace Ilustrísima en aras del tesón y el trabajo de los ilustradores para contemplar (y comprar a precios asequibles) el trabajo de muchos artistas que, como Nader Sharaf, Berta Llonch, Susie Hammer, Rubén Iglesias, Laura Brenlla o Sandra Fiz, dan forma a las ideas y los sueños. Este año, Javier Sáez Castán, flamante Premio Nacional de Ilustración y autor del cartel anunciador de esta edición, ofrecerá unas charlas hablando de sus procesos de trabajo (también estará en el Salón del Libro Infantil). Acudan al Museo ABC de Dibujo e Ilustración (C/ Amaniel 29-31, muy cerquita del Conde Duque, así que, con el mismo paseo, matan dos pájaros de un tiro) y disfruten de exposiciones, talleres para jóvenes y grandes, curiosidades y entrevistas relacionadas con el mundo de la ilustración nacional e internacional.


Si ven que va a ser demasiado trajín, pueden cambiar de ubicación y dirigirse al centro cultural Matadero (Metro Legazpi), más concretamente a la maravillosa Casa del Lector, adscrita a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y acompañar a sus hijos en dos talleres titulados DIN-DON-DAN: Ritmos de Navidad, un taller de narración y creación dirigido a niños entre 0 y 3 años impartido por Teresa Corchete (sábado 17), y Cuentos al viento, un taller de Atrapavientos dedicado a niños entre 8 y 12 años (domingo 18). Mientras ellos disfrutan, se pueden dar un garbeo por los patios y jardines de la Casa del Reloj, husmear a través de los cristales del elegante invernadero o, si tienen suerte, ver alguna pirueta en el Centro Nacional de Danza.


Los que no tenemos la suerte de pulular por Madrid, nos conformaremos con las iniciativas virtuales de entre las que destaco el extraordinario calendario de adviento a base de cuentos y relatos de algunas obras del pasado y presente de la LIJ que se está marcando Inés Puig, de la plataforma Leoteca y que pueden visitar AQUI y AQUI mientras ponen el belén, decoran el árbol o se hinchan a turrón duro o blando.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Ilustradores contemporáneos: Emily Gravett


Aprovechando la publicación de buena parte de la obra de Emily Gravett por la editorial Picarona, he decidido hacerle un hueco a una de las autoras de álbum ilustrado contemporáneo más aclamadas tanto por público como crítica. Así que, retomando a los ilustradores de estos días abrimos fuego con algunos datos sobre esta artista.


Emily Gravett nace en Brighton (Inglaterra) en 1972. Su padre, que era impresor, y su madre, una profesora de arte, se separaron cuando era pequeña. Aunque vivía con su madre en aquella época, le gustaba acompañar a su padre a pintar en los museos. Tras terminar la secundaria con excelentes calificaciones en el (llamémosle así para entendernos) “bachillerato” artístico (GCSE), empezó un periplo alrededor de Inglaterra durante ocho años, una época nómada (vivió en “una gran variedad de vehículos” según ella misma) y muy enriquecedora en la que conoció a su actual pareja, Mik. 


En 1997 se afincó en Gales y tuvo a su hija Oleander. Es entonces cuando se dio cuenta de que quería estudiar algo relacionado con el dibujo, su verdadera destreza, y se inscribió en un curso de arte. Gracias a las buenas calificaciones obtenidas, en 2001, decidió matricularse en un grado de ilustración en la universidad de Brighton, su ciudad natal. En el segundo año de carrera Emily se animó a participar en el prestigioso premio MacMillan de Ilustración Infantil y logró un accésit por su excelente trabajo. Al año siguiente, 2004, se graduó y se volvió a presentar al citado premio con su proyecto fin de grado que llevaba por título Wolves (Lobos, en castellano en Castillo-MacMillan España) y que realizó en seis semanas. Ganó por unanimidad y que fue publicado al año siguiente con una enorme acogida, tanto por el público, como por la crítica, que le otorgó la primera de sus dos medalla Greenaway en 2006. 


Continuó trabajando en Orange Pear Apple Bear, un libro que esbozó en ¡11 horas!, Meerkat mail y The imaginary, hasta que en 2008 ganó su segunda medalla (algo que sólo han conseguido unos pocos afortunados) por su exquisito trabajo en El gran libro delos miedos del ratoncito. Le siguieron obras como Mi mono y yo, El huevo misterioso, Perros, su serie de El oso y la liebre o El gato de Matilda que, junto a otros títulos como El camaleón azul, Un sombrero muy anticuado, 10 perros y 10 gatos superan la veintena (pueden encontrarlos todos en la editorial Picarona). A día de hoy vive en Brighton con su hija y su pareja, ideando historias fantásticas desde su ático-estudio con vistas a South Downs




Las historias que cuenta están llenas de humor que, aunque a veces puede parecer tontorrón, está lleno de ironías y paradojas, y puede llegar a ser bastante punzante y crítico. Como ejemplo tenemos ¡Qué ordenado! o ¡Demasiadas cosas! (Picarona nuevamente), que se desarrollan en un bosque con el mismo elenco de personajes. El primero es una conspiración en toda regla contra el exceso de pulcritud, y el segundo se centra en la importancia de ese materialismo actual que nos impide ver lo verdaderamente importante. En otros casos como ¡El lobo no nos morderá! (en la misma editorial que los anteriores), su puntito canalla se ve acentuado por la variedad tipográfica, tanto en tamaño, como en estilo.




Sobre el estilo de sus ilustraciones hay que decir que se adscribe al tradicional dentro del mundo del álbum anglosajón, uno que bebe de técnicas artísticas clásicas como son la acuarela, el gouache y el lápiz de color, una caracterización a-”cartoon”-ada de los personajes, escenas planas sobre fondo blanco -generalmente-, cierto dinamismo en las figuras que las configuran, la superposición de otras ilustraciones, y la inclusión de elementos como fotografías, mapas, noticias, elementos "pop-up" como las solapas de Hechizos (Picarona) cartas o tarjetas a modo de collage que trabajan el objeto libro desde un punto de vista más interactivo. 




Como nota curiosa en la creación de sus ilustraciones, hay que señalar el proceso que desarrolló para darle realismo a las de El gran libro de los miedos del ratoncito (Picarona). Según cuenta ella misma, impregnó papel con yogur y lo metió en la jaula de Botón y Mr Mu, dos ratas que tenía como mascotas y a las que dedica este libro, que mordieron y sobre el que depositaron sus excrementos. Emily recuperó estos papeles y los escaneó para utilizarlos como fondo en las ilustraciones de un excelente álbum informativo (N.B.: Hizo algo parecido con algunas imágenes de Lobos, azuzando a un perro para que la mordiera. Como no tuvo éxito, le pegó una dentellada ella misma).




Las características que definen a los libros de Emily Gravett, aunque muy variadas, confluyen en una serie de puntos como son la metaficción (Este palabro incluye a todas aquellas obras literarias que salen de sí mismas y se contemplan; una ficción dentro de otra ficción para lanzar un guiño cómplice al lector), el dinamismo, tanto de la ilustración, como en la actividad lectora (El lector forma parte de la acción, descubre elementos minuciosos, debe pasar páginas hacia atrás y hacia delante, levanta solapas o despliega mapas, lo que da lugar a un objeto interactivo que juega sorprendiendo al niño) y los elementos peritextuales (en casi todos sus libros llama la atención el uso de troqueles, la inclusión de las guardas como elemento narrativo de síntesis, de ampliación o complementario, o un pensado diseño de las tapas que, en algunos casos como ¡Otra vez! (Picarona), un álbum muy apreciado por los amantes de los libros, son las protagonistas de la narración que, aunque a veces peque de efectista, son eficaces en la construcción del mensaje).




Todo esto y mucho más es lo que, a mi juicio, la incluye dentro de la élite de los creadores de grandes álbumes contemporáneos, a pesar de que muchos de sus detractores la cataloguen dentro de las corrientes casposas del álbum inglés por recurrir a estilos poco vanguardistas y posicionarse en la esfera del discurso poco rebuscado. Así que “Long live Emily Gravett!”