lunes, 22 de diciembre de 2025

Los beneficios de la amistad


Teniendo en cuenta que nos encontramos embebidos en una época del año en la que las reuniones de amigos son una constante, he reunido un puñado de curiosidades referidas a la amistad como preámbulo a una tanda de álbumes protagonizados por buenos amigos.


Seguramente habrán oído aquello de quién tiene un amigo tiene un tesoro, ¿verdad? Pues deben saber que es totalmente cierto ya que muchos estudios científicos apuntan a que son beneficiosos para la salud. Las personas que tienen amigos tienen niveles mayores de dopamina, oxitocina y endorfinas, sustancias del bienestar y la felicidad. Así mismo, son menos propensas a sufrir enfermedades cardiovasculares y ciertos trastornos mentales, incluidos el estrés y la depresión. Su sistema inmunitario es más fuerte, por lo que están más protegidos ante infecciones y se recuperan antes de cualquier dolencia. ¿Será cierto eso que tener amigos alarga la vida?


Ya saben que hay mucha gente que vive enganchada a las redes sociales y creen que cualquier relación que se establezca a través de ellas se puede considerar amistad. Pues va a ser que no… Según algunos estudios, los verdaderos amigos nunca se conocen a través de las pantallas, pues el vínculo que se establece entre dos amigos necesita de una percepción global en la que se articulan diferentes niveles. Comunicación verbal y no verbal, interactividad y reciprocidad, pautas comportamentales, contexto social y cultural, etc.


Aunque no me gusta nada esa expresión que se refiere a los amigos como “la familia que se elige” (Si muchos supieran que sus amigos fueron elegidos por un jefe de estudios, cambiaría su percepción), hay que darles en parte la razón, pues la amistad puede llegar a ser un sentimiento tan profundo que muchas personas conectan tanto con sus amigos que pueden sentir su dolor, su alegría o su tristeza tanto como ellos, sacrificarse laboral o personalmente (donar un órgano) o sentir celos de una tercera persona. ¿Algo parecido a lo que nos ocurre con nuestra madre, los hermanos o un primo, no?


Mientras indago más en este fenómeno, les invito a disfrutar con cuatro álbumes. Empiezo con Fred y Gloria, un libro de Ratha Tep y Anna Pirolli (Flamboyant).
Cuando Fred recibe la carta de Gloria, su amiga por correo, tiene claro lo que debe hacer: cruzar el océano. Pero todo sería más fácil si supiera donde está. Como no tiene ni idea, comienza un periplo en el que irá encontrándose con una serie de animales que le van indicando lo que ellos entienden por el océano. Una oruga, una rana y una tortuga. Cada uno le explica lo que ellos creen que es el océano, pero nada, sigue sin dar con él. La peor parte llega cuando se encuentra a la orilla del mar y debe cruzar al otro lado. ¿Lo conseguirá? ¿Conocerá finalmente a Gloria?


En este álbum que ya he incluido en mi selección de libros sobre cartas y carteros, las autoras no solo se centran en las relaciones de amistad sino que nos hablan de muchas otras cosas, como por ejemplo la perspectiva y el tamaño relativo de las cosas, el crecimiento personal y la búsqueda de aventuras. Todo ello aderezado con una nota de humor blanco donde las sorpresas finales también nos dicen mucho (¿Qué opinan ustedes de los encuentros a ciegas? ¿Pueden ser productivos?)


Ilustraciones coloristas, una naturaleza exuberante, animales con rasgos antropomorfos, mapas (Me quedo hipnotizado cuando encuentro alguno en un libro infantil), onomatopeyas que juegan a las canciones repetitivas, juegos visuales (¿Han visto alguna vez unas constelaciones tan divertidas?) o las guardas peritextuales que nos permiten saben la procedencia de los protagonistas, son algunos de los elementos que hacen de este libro una propuesta más que singular sobre este tema.


El segundo título de esta pequeña tanda es ¡Oh, zanahorias!, el nuevo álbum de Mariajo Ilustrajo publicado por Bindi Books, su editorial de cabecera en nuestro país. Este libro nos cuenta la historia del señor Conejo, un tipo de vida tranquila que pasa el invierno leyendo acompañado de su taza de té y sus plantas. Cuando llega la primavera y un poco aburrido de esos meses de soledad, coge los aperos y se dirige al huerto para plantar lo que más le gusta: zanahorias. Pero este año una semilla está creciendo muchísimo y, tras observar que se mueve, decide arrancarla. ¿Pero esto qué es? ¡Una zanahoria que habla, anda y no sabe estarse quieta! Esto supone todo un reto para el señor Conejo a quien le gusta la calma y la soledad. ¿Será capaz de librarse de ella?


La autora española establecida en Reino Unido nos presenta esta vez una historia de amistad (¿O quizá enemistad?) entre dos personajes aparentemente muy diferentes (Recuerden a Don Quijote y Sancho Panza, Mortadelo y Filemón o Mofeto y Tejón) a los que el azar ha unido (Como todas las grandes historias entre amigos, ¿no?). Con un guiño surrealista al Amanece que no es poco de Cuerda y esa magia desenfadada que tanto gusta a los primeros lectores, consigue dar un vuelco narrativo y modificar la opinión de un personaje con pequeñas reminiscencias al señor Scrooge de Dickens.


Gracias a la expresividad de los personajes, un lenguaje visual que recuerda a otros autores de la LIJ anglosajona y ese toque de humor que imprime en todos sus libros, consigue darle forma a una historia muy cercana que nos hace ir y venir a esa página donde se cuenta el verdadero secreto para hacer crecer a los grandes amigos (¿La han descubierto? ¡Espero que sí!).


Continuo con la tercera parte de una trilogía muy conocida de Oliver Jeffers. Dónde esconder una estrella (editorial Andana), que así lo ha titulado el archiconocido autor, nos cuenta la historia del protagonista. Tiene dos amigos, la estrella y el pingüino. A los tres les encanta jugar al escondite. El niño siempre encuentra a la estrella primero y luego busca al pingüino en su escondite favorito. Pero un día, el pingüino se esconde tan bien que se queda atascado y el niño deja a la estrella sobre una barca para ayudarlo, con la mala suerte de que, olvidándose de ella, termina a la deriva. ¿Adónde la llevarán las corrientes marinas? ¿Conseguirán encontrarla?


Haciendo uso de muchos de los recursos narrativos que ya utilizó en Perdido y encontrado y Cómo atrapar una estrella, el autor irlandés nos sumerge en un relato de anhelos y paralelismos entre dos niños que buscan un amigo. Fíjense que hay dos historias (Había una vez un niño... / Había una vez una niña...), un conflicto (¿Quién ganará finalmente la amistad de la estrella?) y muchas vueltas de tuerca.


Personajes surrealistas que proceden del espacio exterior, detalles humorísticos en segundo plano (¿Se han fijado en el pingüino y sus muñecos de nieve?), imágenes secuenciales y guiños que recuerdan a los títulos predecesores, ensalzan un mensaje universal en el que cualquier lector, independientemente de su edad, puede verse reflejado. Y es que todos compartimos el mismo firmamento a pesar de nuestras diferencias.


Por último, aprovecho la coyuntura para recuperar La vida sin Santi, un título de Andrea Maturana y Francisco Javier Olea publicado por Fondo de Cultura Económica hace unas cuantas temporadas. Los autores de Secreto, nos traen la historia de Maia y Santi, dos niños que son muy amigos. Nunca se aburren de jugar y están muy conectados. Todo cambia el día que el padre de Santi tiene que irse a estudiar muy lejos de casa y se lleva a toda la familia con él. El día de la despedida llega y con él, un gran vacío se abre en la vida de Maia. Ese vacío no le permite disfrutar de ciertos momentos y lugares ni deja que otros niños se le acerquen. Con el tiempo todo cambia y ese hueco se rellena con personas y cosas nuevas. Entonces Maia se pregunta: ¿Si regresa Santi habrá espacio para él?


Con un estilo muy reconocible en el que conviven metáforas visuales y un lenguaje verbal muy parco y directo, los autores nos hablan del proceso que acontece cuando perdemos el contacto con un amigo. Ese mundo que crece entre las manos de Maia, las sombras que proyecta, su agujero en el pecho, los nuevos momentos que crecen como las enredaderas y rellenan el espacio…


No se dejen guiar por las apariencias. Seguro que todos ustedes tienen algún amigo del que se han sentido alejados y han experimentado las mismas sensaciones y emociones que Maia. No saber cómo reaccionarán, creer que han traicionado esa amistad, que han encontrado gente que los sustituya o pensar que no se reconocerán después de tanto tiempo, son pensamientos recurrentes. Pero lo verdaderamente importante es que, a pesar del correr del tiempo, hay afectos que perduran con fuerza.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Fabricando trinos


Siempre he creído que la palabra “creación” se utiliza muy a la ligera. Sobre todo en lo que se refiere a lo literario. Y no es que me vaya a meter en un berenjenal retórico, sino más bien intentar lanzar una crítica constructiva a novelistas o poetas, pues si bien es cierto que cualquiera puede crear una obra literaria, no toda creación sería sinónimo de literatura. Seguramente dé para un debate más que extenso en el que entren en juego etimología, epistemología y dialéctica, pero yo prefiero centrarme en la estética, ya que sin ella, no hay arte posible.


Y así, columpiándome en la poiesis, la esencia y la belleza, les dejo caer sobre la mesa el delicioso poemario que ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia en su edición del 2022. Con él, el chileno Felipe Munita sigue dando buena cuenta de su calidad creativa, pues no solo domina las palabras, sino que las hacer cantar a su antojo. No pueden ser indiferentes a su arte. No solo fabrica, también deleita. ¡Qué menos esperamos de un poema!

Llegada del poema

Escurridizo cual pez
visitante fugaz, ¡rayo!
el galope de un caballo
que escuchas pero no ves
pluma que cae a tus pies
(un cosquilleo florece)
hay días que el verso crece
y días en que se esfuma
como en la ola la espuma
que viene y desapar


Árbol y sueño

Mi sueño es un árbol: crece
en silencio y sin apuro
lo alimento, lo aventuro
cada día que amanece
así fluye y reverdece
como agüita de arroyuelo
enraizado en un anhelo:
que nadie me lo derribe.
Mi sueño es un árbol: vive
entre la tierra y el cielo.

Felipe Munita.
En: Trinares.
Ilustraciones de Sozapato (Diana Sofía Zapata).
2024. México: Fondo de Cultura Económica.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Un lugar para la imaginación


Recapitulando un poco, les diré que he estado muy tranquilo este primer trimestre del curso. No solo en lo personal, sino también en lo laboral. Cuando los grupos de alumnos con los que tratas hora tras hora te dejan trabajar y no dan demasiado la lata, es una maravilla. La vida es así, unos cursos escolares son insoportables y otros los vives relajadamente. Esto va por hornadas.
Y no es que los críos sean revoltosos o maleducados, que también, sino que influyen numerosos factores que condicionan la buena o mala marcha de los días. Algo bien certero cuando tu trabajo tiene que ver con las personas, tengan estas setenta años o catorce primaveras. Quien trabaja de cara al público sabe de sobra que nada es blanco o negro, sino que las sutilidades, los pequeños detalles y sobre todo, el instante, moldean las relaciones que establecemos. Todo se basa en congeniar.
Como prueba de ello les diré que, mientras un servidor está encantado con la clase de 3º de E.S.O. que le ha tocado este curso, un grupo de compañeras están de ellos hasta las mismísimas narices. Puede que yo sea menos exigente que ellas, que ellos se porten peor en sus clases que en las mías o que se conozcan más en profundidad (la confianza...). El caso es que mis clases son una balsa de aceite. Eso no quiere decir que todo cambie en un mes o que el año que viene me vea al borde del ataque de nervios, pues en los ecosistemas escolares, una brizna de hierba puede desencadenar un huracán. 


Lo único que puedo apuntar es que, por el momento, no he tenido que enviar a nadie a lo más recóndito del aula, lo que llamamos la soledad académica, un lugar en el que los alumnos sean incapaces de desarrollar sus habilidades sociales en el sentido equivocado.
Y cruzando los dedos para que ese espacio siga vacío en mis aulas, abrimos El rincón de pensar, un libro de Pieter van der Heuvel publicado en nuestro país por la editorial Litera y que nos acerca a una historia ambientada en esa zona que puede albergar a los personajes más inesperados.  


Alguien envía al niño al rincón de pensar. Seguramente ha hecho alguna travesura. Pero, precisamente, no está solo. Conforme pasamos las páginas, vemos cómo aparecen sus compañeros en escena. Un perro, un alce, una bandada de gaviotas, una serpiente, una jirafa, tres cabras, un gato, un periquito… Conforme van llegando el niño entabla conversación con ellos. Todos participan de ese momento, dialogan y se interpelan mientras graznar, rebuznan o balan. Pero poco a poco, el niño se va quedando solo de nuevo. ¿Qué habrá sucedido?
Aunque son muchos los que se posicionan en contra de este tipo de zonas escolares o familiares (desde que la Supernanny entró en el juego, muchos padres lo instauraron también en casa), el autor nos plantea una vuelta de tuerca en la que cabe una reflexión sobre su utilidad. Puede que, desde el aburrimiento, estos castigos a la antigua usanza permitan un paréntesis tanto imaginativo, como reflexivo en el que tranquilizarse, evadirse y pensar en cómo nos hemos comportado, pues no solo se refiere a una isla en mitad del universo, sino a un momento donde se instaura la calma.


Desde el humor surrealista, este álbum que recuerda al teatro de lo absurdo y funciona a modo de slow-motion (mismo escenario con ligeras modificaciones en los personajes), nos cuenta una historia visualmente acumulativa (esta mezcla de zoo doméstico y salvaje me vuelve loco) en la que podemos jugar a las adivinanzas (¿Se atreven a descubrir las razones que han llevado a cada uno de los personajes a estar ahí? ¡Fíjense en los detalles!) o simplemente disfrutando de las travesuras recordando las nuestras propias. ¡Y que vivan este tipo de rincones!

lunes, 15 de diciembre de 2025

Secretos poderosos


Quien diga que no tiene secretos, miente como un bellaco, pues todos ocultamos cosas, Pueden ser objetos o cuestiones que no queremos que no sepa nadie (como los que esconde los partidos políticos). Un secreto puede ser la combinación numérica que abre la caja fuerte de un millonario y secreto puede ser un claro en mitad de un bosque frondoso al que nos gusta acudir en los momentos de introspección.
Hay secretos a voces y secretos de familia, secretos profesionales y secretos de estado. Hay secretos para todos los gustos. Mientras algunos pueden arruinar la vida de todo un país, otros provocan carcajadas a quiénes los descubren. Los secretos son así. Hay gente que le gusta compartirlos aunque dejen de ser secretos y otra gente que prefiere llevárselos a la tumba pese a quien pese.


Bien mirado, cada vez hay menos secretos. Con esto de las redes sociales y ese exhibicionismo social que se ha instaurado, los secretos están de capa caída. Lo más curioso es que, incluso secretos inocentes y sin importancia, han empezado a adquirir demasiada importancia gracias a todo este engranaje de vigilancia social. Engordan y se vuelven ingobernables, dragones que nos devoran sin saber muy bien porqué.
Los secretos siempre han existido porque los necesitamos. Sin ellos la vida sería demasiado aburrida, demasiado normativa, demasiado predecible. Los secretos instauran un régimen de silencio que tiene sus propias reglas. Si bien es cierto que los secretos pueden ser juguetones, también pueden ser un lastre difícil de gestionar. De esos nos habla el álbum de hoy.


Les diré que el libro de Andrea Maturana y Francisco Javier Olea que les traigo este lunes de diciembre, me ha parecido uno de los libros más poderoso que he leído durante las últimas semanas. Secreto está publicado por Fondo de Cultura Económica y nos cuenta la historia de Amalia, una chiquilla que no para de hablar. Es capaz de dibujar mundos con las palabras que salen de su boca. Nombrándolo todo ella es feliz. Pero un día, sin querer, en un momento cualquiera, Amalia abre una puerta y ve algo que no entiende. Desde ese momento, Amalia se ve incapaz de contarlo, por lo que decide guardar el secreto. ¿Será capaz de contárselo a alguien algún día?


A rebosar de metáforas visuales que enriquecen un texto directo y sin florituras (ha aquí un buen ejemplo de complementación), este libro se merece una lectura grupal. No solo porque pone en la palestra cuestiones que se prestan a muchas interpretaciones, sino porque tratas aspectos como el trauma desde una perspectiva inspiradora y nada ejemplarizante ni moralizante. Me gustan esos libros de opiniones abiertas en los que cabemos todos. Quizá, las miradas más utilitaristas, vean en este libro una forma de abordar el trauma o la gestión de las emociones, pero lo cierto es que se puede mirar desde diferentes posiciones.


Hay elementos narrativos muy hermosos. Fíjense en las guardas peritextuales, en ese catálogo de cosas tan bien nombradas, la caracterización de la protagonista (¡Mucha expresividad!) o la secuencia temporal de la maceta. Todo el libro nos habla de ese secreto que, curiosamente, nadie conoce. Tan solo Amalia. Y eso, permítanme que les diga, es un punto a favor para un libro honesto.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Marte habitado


¿Qué tiene Marte que a todos encandila? Lo primero es que es nuestro planeta vecino. Si bien es cierto que la distancia que nos separa varía dependiendo de nuestras respectivas órbitas, podríamos decir que nos separan unos 225 millones de kilómetros (¡Ahí es nada!). A pesar de ello, lo podemos ver desde la Tierra a simple vista.
En segundo lugar hay que decir que se parece un poco a nuestro planeta, ya que pertenece a los llamados planetas terrestres (naturaleza rocosa y cercanos al sol), una condición que le permitió desarrollar una atmósfera (menos densa que la nuestra, es verdad) y tener agua líquida en su superficie (ya no, así que no podremos darnos un baño). Quizá esas sean dos razones para pensar que una vez pudo tener (o tenga, quién sabe…) vida.


También hay que considerar que Marte tiene dos lunas a las que los griegos llamaron Phobos y Deimos, el Miedo y el Terror, los dos hijos gemelos de Ares, el dios de la guerra al que los romanos bautizaron como Marte.
Pero sin duda, lo que más llama la atención de este planeta, es su color rojo debido a la gran cantidad de óxidos de hierro que presenta en su superficie.


Sea lo que sea, Marte nos sugiere muchas cosas e inspira nuestras fantasías más locas. Por eso, Lázaro Izael imagina un planeta a punto de estallar habitado por gallos que no saben contar con los dedos, conejos que son peces pequeños y árboles que fructifican pájaros. Formas poéticas con las que plantearse nuevas posibilidades si la Tierra desapareciera, imágenes que hablan de lo desconocido desde las infinitas formas que habitan las ideas, diálogos que nos interpelan, versos que abren interrogantes.

MARTE ES DE HOJALATA
de curvas rojas y azules,
como un móvil
de burbujas pegadas al suelo.
Marte deja polvo en los ojos
y sabe a gusanos,
a pequeños caracoles escondidos.
Marte guarda el sonido celeste del mar.
Este planeta es una cochinilla envuelta en su caparazón.
Marte son puras barrancas coloradas
y un aire que silba friolento,
piel de gallina.
En Marte hay muy pocos árboles frutales
que cuelgan de cabeza,
con sus raíces como trenzas
se columpian
sobre el lado conquistando la cima más alta.
En Marte los frutos de los árboles son pájaros.

***

¿A QUÉ SABE LA LLUVIA ESPACIAL?
Gallo, ¿los barcos en Marte flotan?
¿Cómo se flota donde no hay gravedad?
Botas para la lluvia,
un paraguas amarillo,
botas para un gallo,
un impermeable
y sombrero de pescador.
Gallo, ¿podremos pescar marcianos?
¿Cómo son los charcos en Marte?
¿Son de color neón?
Gallo, ¿la lluvia de estrellas
también puede provocarnos un resfriado
si nos mojamos los pies?

Lázaro Izael.
En: Gallo, el planeta estalla
Ilustraciones de Israel Barrón.
Ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia 2023.
2025. México: Fondo de Cultura Económica.


miércoles, 3 de diciembre de 2025

Libros simpáticos y humor español


Está claro que al mundo de la LIJ le gusta la caspa. Pero más claro tengo todavía que eso asusta a críos y jóvenes. Y así nos va… El 25% de las criaturas que no leen en este país afirman que es aburrida, toda una pena teniendo en cuenta que la diversión está asegurada en muchos libros.
Lo peor de todo es que muchos monstruos tienen la insana costumbre de menospreciar los libros que derrochan simpatía. Me molesta esa gravedad que exhiben. No solo porque denota elitismo, sino porque no dan cabida en el corpus a obras que simplemente están en las estanterías para divertir al personal, algo la mar de interesante cuando, detrás de la creación, se divisa algo de inteligencia. ¡Que para conseguir algo de humor, hay que darle al coco un rato! ¡Odo!


De esto sabemos algo los españoles, que siempre encontramos hueco para la chanza. Buen reflejo de ello es gran parte de los álbumes patrios, algo que imprime cierto carácter a la hora de definir nuestra producción literaria, aunque afrancesados y anglosajones nos tilden de soeces y sinvergüenzas.
Aunque el humor es universal, también hay que considerarlo bajo un prisma cultural que, la mayor parte de las veces, tiene que ver con lo regional. Así podemos decir que el humor español es muy directo, viene marcado por lo irónico, la sátira y el sarcasmo. Se basa principalmente en la picaresca, la exageración y la autocrítica, los juegos de palabras y los dobles sentidos.


Y para ejemplificárselo (si es que no les ha quedado claro) hoy les traigo una buena tanda de álbumes made in Spain y muy simpáticos con los que sacarles una sonrisa mientras les planteo diferentes escenarios en los que discurrir cuestiones no tan jocosas (Detrás de un buen chiste siempre hay una gran reflexión, o al menos eso pienso yo).


Octavio Ferrero y David Pintor nos invitan a conocer a Joe Rudo paracaidista (editorial Iglú), el segundo título de esta pequeña selección. Joe Rudo es el paracaidista más experimentado del mundo, prueba de ello es que se dispone a realizar el salto número un millón treinta y cinco. El avión vuela alto, su compañero le da la señal, se deja caer, tira de la anilla, se despliega el paracaídas, pero ¡en vez de bajar, Joe Rudo empieza a subir! ¿Cómo es posible? Si sube hasta el espacio no podrá respirar por la falta de oxígeno. ¡Hay que buscar una solución! De repente, una bandada de patos pasa cerca de él y, agarrando uno por el pescuezo y utilizando su pico, hace un agujero en la lona. ¡Pero ahora baja muy deprisa! Como no consiga tapar el agujero se estrellará contra el suelo. Así que, sin pensárselo dos veces, se quita los pantalones y los lanza al agujero. ¿Conseguirá ralentizar el descenso?



Con un formato vertical muy sugerente que ayuda a imaginar la caída del protagonista, este libro aborda con mucho sentido del humor la capacidad para enfrentarnos a las adversidades sea cual sea nuestra experiencia previa, pues incluso los más profesionales se ven involucrados muchas veces en atolladeros aparentemente insalvables. En nuestro ingenio está la llave para enfrentarnos a ellos y salir bien parados. Con un lenguaje visual lleno de muecas y contorsiones, David Pintor nos presenta a un payaso aéreo sin parangón.


Proseguimos con La señora A y el señor Z de Teresa Durán y Gustavo Roldán (Kalandraka). La señora A le tiene pánico a los colores. Ni el amarillo ni el verde ni el azul ni el rojo. No puede con ninguno de ellos. Lo suyo son el blanco y el negro en todas sus variantes. En los muebles de su casa, los cuadros que cuelgan de las paredes, su ropa y hasta las joyas que utiliza. Un día, aparece el señor Z, un payaso muy famoso que se acaba de mudar al piso de arriba y siempre lleva puesta una nariz roja y redonda. Ambos se encuentran en el portal y, nada más verlo tan colorido, la señora A sufre un colapso y cae rodando por las escaleras. Hay que llamar a una ambulancia para que la asista un médico que le diagnostica alergia cromática. ¿Habrá algún remedio para curar la dolencia de esta mujer?



Con el inconfundible estilo de Gustavo Roldan, este librito nos presenta una situación cómica en la que se plantean dos cuestiones principales. Por un lado, nos topamos con un conflicto entre dos personas con gustos opuestos, el mundo en technicolor versus el universo en blanco y negro. Dos formas de ver la vida. Por otro lado, tenemos una posible terapia: ¿por qué no, poco a poco, vamos acostumbrándonos a lo desconocido? Un mensaje en pro de esa convivencia que generalmente se hace cuesta arriba pero siempre tiene un final óptimo.


Nos encontramos con La piara, un álbum de Margarita del Mazo y Guridi publicado por NubeOcho y concebido como la secuela de El rebaño (Ya saben, para comprender esta historia deberán leer la primera parte). Un grupo de cerdos son menospreciados por las ovejas del rebaño que todas las noches hace que Juanito se duerma y los cerdos deciden darles una lección a sus compañeras ovinas: van a demostrar que son superiores a ellas y Juanito dormirá más y mejor. Dicho y hecho, se plantan en la cabeza de Juanito cuando llega la hora de dormir con la excusa de que las ovejas están de vacaciones. Después de saltar vallas, pasar la noche a la intemperie o disfrazarse de ovejas, consiguen su cometido, pero ¿a qué precio?



Como ya hicieron con la precuela, el tándem Del Mazo-Nieto se lo pasa estupendamente con una nueva vuelta de tuerca al clásico remedio para conciliar el sueño: contar ovejas. En esta ocasión, además de elegir ganado porcino (la suciedad y el aspecto desaliñado siempre dan mucho juego) se mueven por derroteros discursivos sobre el ser y el parecer, dos verbos con mucho que decir en esto del existencialismo. Y es que los marranos, con ese interés desmedido por darles en el morro a los ovejos, pierden totalmente su esencia. Sí, queridos, querer es poder, pero si lastra nuestra naturaleza, habrá que mirárselo. Situaciones muy jocosas, unos personajes muy simpáticos y una historia para irse a la cama. ¿Qué ingrediente falta? Para mi gusto, ninguno.


El penúltimo libro de esta tanda se llama Dentro del león, está escrito por Pablo Albo e ilustrado por Anna Font. Recogido en la pasada selección de los White Ravens, este título publicado por la editorial almeriense Libre Albedrío nos cuenta la historia de un león con una barriga enorme que acude de urgencia a la consulta de la doctora Durrell. Cuando este le dice que su estómago lo está matando, la médico le pide que se tumbe en la camilla y abra la boca. Le mete la mano en la boca y saca a un padre y un pingüino. El padre le pregunta por su hijo. La señora Durrell se ha quedado muda, así que el hombre mete su brazo en las fauces del león y saca al taquillero del zoo y otro pingüino. Entre los tres siguen hurgando en la tripa del león y sacan una taquilla, al tercer pingüino, una ambulancia con un enfermero, una enfermera y una camilla con otro pingüino. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Te atreves a descubrirlo?


El libro es una maravilla lo mires por donde lo mires. En primer lugar, nos presenta una historia encadenada sin desperdicio (¡A quien se acuerde de todos los personajes habrá que darle un premio!) haciendo uso de una situación inicial muy surrealista. También, el hecho de que haya tanto personaje, le confiere un toque de relato coral muy entrañable. Ese puntito de “adivina qué ha pasado” da mucho juego cuando cuentas una historia, sobre todo si el león nos cuenta toda la verdad al final del libro (Me encanta comparar el desbordamiento ficcional de cada interpretación con la del autor). Por último, alabar el magnífico trabajo de la ilustradora que imprime ritmo al texto, caracteriza a los personajes estupendamente y juega mucho con la narrativa visual.


Terminamos, como no podía ser de otra forma, con una pequeña dosis de escatología. Aquí no se rima, un álbum de Leticia Jiménez y Susana Rosique que publicó Apila hace un tiempo, me parece una propuesta ideal para defender la idea con la que introduje este puñado de libros. Y es que los niños a veces necesitan propuestas participativas con las que desfogar, algo que les permite un libro como este que, no solo les invita a transgredir las normas impuestas por la sociedad adulta, sino a reírse a carcajada limpia con los manidos caca, culo, pedo y pis.


El lector llega a una granja y el encargado de recibirlo es un ratón muy amable que va presentando uno a uno a los habitantes. La primera es la vaca Paca, que come hierba y hace… ¡Nooooo! No seas malpensado. Hace muuuuu. También tenemos a Juanito el mulo, que bebe agua y tiene un gran… ¡Que noooo! No sigas por ahí o el ratón terminará por enfadarse… ¿Lo hará?



Jugando con la rima facilona y ese juego de adivinanzas que supone el averiguar lo que pasará en la página siguiente, las autoras se divierten a base de esa “mala educación” que saca de quicio al ratón protagonista conforme interacciona con los espectadores. Un libro ideal para leer en voz alta y con un buen montón de niños dispuestos a las risas mayúsculas. No conozco a nadie que se resista a este libro.