domingo, 30 de diciembre de 2018

Los posts más leídos del blog DVLM LIJ en el 2018



Dejamos atrás 2018, un año que para unos ha sido un auténtico desastre pero que a otros les ha dejado bonitos recuerdos.
Para un servidor el balance ha sido bastante bueno. No he viajado a lugares paradisíacos, tampoco me he recorrido todos los festivales veraniegos, no me he puesto mazao ni me han adjudicado una cartera ministerial y mucho menos me ha tocado la lotería, pero puedo decirles que me he divertido a manos llenas. Con mi familia, con mis amigos, con mis alumnos, los compañeros de trabajo, con toda la gente maravillosa que he conocido durante los últimos meses y por supuesto con todos ustedes. Será que mi cerebro está programado para recordar alegrías en vez de tristezas, pero el caso es que ese el poso que queda en mí.
También está esta casa monstruosa, una que ha cumplido diez años (mucho tiempo para la red, lo sé, quizá haya que cambiar de tercio) y por la que me siento más que orgulloso. No todo el mundo puede decir que la cosa sigue funcionando y que, sobre todo, sigue gustando. El mérito no es sólo mío (véase el caso de todos las personas que se prestan a salir en el Instagram de los monstruos, de donde ha salido la foto que acompaña a esta entrada protagonizada por mi amiga Amparito), por lo que les doy las gracias a todos una vez más.
Como todos los años y a pesar de una Navidad que amenaza con liquidarme (Creo no ser el único, a juzgar por la desmesura que he constatado estos días en comercios y bares de toda España), despido el año que se nos va con las entradas más visitadas del año, doce en total, una por cada mes, para que puedan echar mano de ellas y leerlas por primera vez -alguna se les habrá pasado-, releerlas o recordarlas.
¡Feliz año nuevo! ¡Les espero por estos lares en el 2019!













jueves, 20 de diciembre de 2018

Los mejores álbumes ilustrados infantiles del 2018 / 2018 Best Children's Picture Books



Dejamos atrás otro año en el que se baten nuevos records en lo que a edición de libros infantiles se refiere. Y aunque cada vez se hace más cuesta arriba seleccionar un buen puñado de los álbumes más significativos, aquí estoy con esta lista de “los mejores del 2018” que a tantos (dis)gusta, no sólo por tradición, sino por la utilidad que presta a muchos padres, docentes, bibliotecarios y amantes de estos libros.
Como siempre, y antes de empezar, les recuerdo unos criterios de selección que siempre ayudan a entender el porqué de la presencia de unos libros y no de otros. A saber:
Children’s books have broken new records again. Thousand of titles have arrived to bookshops in 2018. That’s the reason why it’s very difficult to select the most significant picturebooks of this year. But here I am, with my “2018 Best Picturebooks", an useful selection to many parents, teachers, librarians and Children’s Literature lovers.
Once again, I remind you my own criteria to elaborate this list:

-          Seleccionar obras editadas por primera vez en castellano durante el 2018 (Este año, por segundo año consecutivo, he decidido abrir un hueco final para las re-ediciones y nuevas ediciones de obras ya publicadas en nuestro país).
-          Select works published for the first time in Spanish during 2018 (I include a little space for reissues at the end).
-          Seleccionar obras con aceptación entre el público infantil (¿de qué me sirve darles opciones que no les van a gustar a sus hijos, sobrinos o nietos?..., creo firmemente en las ilustraciones de calidad, en las historias hermosas, interactivas, con mucho humor, poéticas, con éxito… ¡Hay que ser práctico!).
-          Select works with acceptance among children (I prefer giving you options that are going to like children, nephews or grandchildren -not to parents, aunts or grandparents, obviously...- I firmly believe in great illustrations, beautiful stories, humorous, meaningful and successful ones ... Let’s be practical!).
-          Que el listado no supere los 25 títulos, que ya son…- (debe ser variado, pero no una amalgama en la que te vuelvas a perder).
-          The list will not exceed 25 titles (It must be diverse, but not a huge mess in which you ever lose).
-          Dividirlas en dos grandes categorías: “Primeros lectores” y “Lectores competentes” (ver AQUÍ el porqué).
-          Divide all titles into two categories: "First Readers" and "Competent Readers" (Why? see HERE).
-          Combinar títulos patrios con otros foráneos. Este año, la presencia sigue en la misma línea que el del pasado -7 de 25 títulos-. Aunque representa un 20% del total (no está nada mal teniendo en cuenta el gran volumen de lo publicado), sigo animando a nuestros creadores y editoriales en esa difícil tarea de aupar la LIJ patria, tan válida como aquella que procede de fuera, y les doy mi enhorabuena por su dedicación y trabajo.
-          Combine Spanish authors with foreign ones. Seven titles this year, it represents 20% of the total. It's a good quote if we consider the big market they are insert. I encourage Spanish creators and publishers to support our Children's Literature and picture books, as valid as this one that comes from other countries. Congratulations to all of them!
-          Incluir obras cuyas ilustraciones tengan un componente artístico-estético sobresaliente o cuya edición las haga destacar entre las demás (no olvidemos el valor intrínseco de la imagen, el formato y otros aparejos del objeto libro).
-          Include works whose illustrations have an outstanding artistic or aesthetic component (Don’t forget the intrinsic value of the image!).
-          Incluir títulos de poesía (¡la poesía al poder!), preferentemente originales en castellano.
-          Include at least one Spanish poetry work (The translated poetry books lose freshness and linguistic sense). Long live Poetry!
-          Como el año anterior, no incluyo libros informativos. Debido al aumento de este tipo de libros les dediqué una selección propia que se puede consultar AQUÍAQUÍ.
-          I haven't included informative picture books because I made a selection of these before. You can see HERE and HERE.
-          Un año más tampoco incluyo teatro infantil (¿Me echo a llorar?).
-          I haven't included children's theater books neither (I wanna cry…).
Y así llegamos hasta los mejores libros para niños del 2018, algunos reseñados ya en este espacio y que enlazan con su respectiva reseña, otros por reseñar (perdónenme, pero no dispongo de tanto tiempo…) y algunos incluidos en el espacio de los monstruos en Instagram, enumerados por orden de complejidad lingüística creciente (que no gráfica). ¡Disfrútenlos!
So here you are the best children's books of 2018 in Spain listed in order of increasing complexity. You can also see a lot of them in my profile in InstagramEnjoy them!


INICIACIÓN TEXTUAL / FIRST READERS














Lucy Ruth Cummins. Un león glotón o el misterio de los animales desaparecidos. Corimbo.












TEXTO AVANZADO / COMPETENT READERS
























Shaun Tan. La ciudad latente. Barbara Fiore.




Reediciones durante 2018










miércoles, 19 de diciembre de 2018

Todo cabe en una hebra de lana



Estoy rodeado de críos. No sólo en el trabajo (sí, sí… aunque sean de tamaño considerable y vayan cambiando la voz, siguen siendo criaturas) sino en el vecindario (¡Menudo rapapolvo se marcó ayer la vecina con su niño! ¡Casi me pongo firme yo!) y hasta en la familia (sobrinos… que un servidor todavía no ha dado el paso…).
No lo voy a negar, el asunto se pone muy alegre, pues donde hay niños, todo es alegría (Profundo suspiro.- ¡El mundo de los adultos es tan aburrido a veces…!), pero no seré yo quien niegue que cuando los nenes se ponen tontos, no hay quien los modere. Ni sus estrictos padres ni la dulce maestra ni los tíos enrollados ni siquiera las dulces abuelas, pueden con un buen soponcio o una sarta de jugarretas.


“Paciencia, mucha paciencia…” Siempre la misma (y veraz) cantinela. Que los chiquillos son así. Variables, inesperados, desbocados, los niños son así y punto. Evidentemente los hay muy maleducados (Virgencica nos asista…), pero incluso los que atan corto te pueden salir por peteneras en un momento dado. Si a ello añadimos que la mayor parte de ellos deben aprender a administrarse, no sólo las palabras, sino también las emociones, la crianza se torna difícil, que por eso es una cosa seria.
No podemos negar que los niños viven momentos dulces y otros tantos amargos. No sólo hay parques de bolas, cuentacuentos y cumpleaños. También hay celos fraternales o muertes repentinas. Lo importante es que adquieran herramientas para gestionarse lo bueno y lo malo. Que de todo hay en la vida, se lo dice un niño grande.


Y como esta semana va de libros poco visibles (N.B.: Les confieso que este comienzo  de temporada me ha pillado el toro. ¡¡No se pueden imaginar la de cosas que llevo entre manos!), hoy traigo a la palestra un libro muy poético, familiar y más que bien llevado.  Historia de un pulóver azul con texto de Florencia Gattari e ilustraciones de Albert Asensio (editorial Milenio) es uno de esos libros que te entran ganas de regalar, no sólo por lo barato (cosa que se agradece en estos días de excesos), sino porque deja el alma rebosando. Haciendo uso de un objeto metafórico (un jersey) su autora nos narra una historia cotidiana en la que diferentes sentimientos se entremezclan en el universo de un niño. Celos, tristeza, añoranza, cariño, crecimiento… Todo cabe en una hebra de lana azul.


martes, 18 de diciembre de 2018

¡Yo quería ser pastelero!



Soy tan galgo que de pequeño soñaba con ser pastelero. No cabe duda de que si alguien desea ganarse mis favores sólo tiene que acudir con un buen pastel (Información para navegantes: nada dulzones y de sutiles sabores, con chocolate y frutas ácidas mediante). Tras una confesión en familia y algunas risas, mi  madre me disuadió de hacer realidad esa idea haciéndome saber que los confiteros no sabían de camas y sueños, ya que, sobre todo en aquella época, vivían a fuerza de madrugones. Yo me lo pensaba, pero seguía en mis trece, más todavía cuando le hincaba el diente a los palos de crema, las milhojas o los miguelitos de La Roda.


Con el tiempo y unas cuantas madalenas de por medio, descubrí que la repostería no es  nada fácil y que, a pesar de recetas y alquimia (muchos comparan cocina con química), te puedes pasar con el azúcar o la harina, y hacer engrudo en vez de auténticas delicias. Así que me dejé de tonterías, que siempre hay tiempo de acudir a una buena pastelería y disfrutar de la buena mano de otros y un par de golosinas.


No obstante, todavía me sigue gustando eso de toparme con una pastelería y asomarme al escaparate. Salivando como el niño que era. Lo mismo sucede con los programas de la tele o los canales de Instagram sobre tartas de boda, “cupcakes” u otras historias (¿No les resultan hipnóticos el movimiento de las batidoras o las mil y una formas con las que decorar a base de manga pastelera?). Y concluyo que sin abusar de los postres (ya saben que hay que guardar la línea), a nadie le amarga un dulce porque bocado que no echas, bocado que no recuperas (no seamos resignados y catemos nuevas experiencias).


Con todo esto y un bizcocho, llegamos a un libro que, además de robarme una sonrisa, me ha trasladado a esos sabores de la infancia que no se olvidan. Y es que Prímula Prim, un álbum de Catalina González Villar y Anna Castagnoli (editorial Los cuatro azules) en el que los protagonistas son una pareja de conejos que regentan una pastelería tiene mucho que contar a través de sus sencillas palabras y sus evocadoras ilustraciones. La historia comienza con la llegada de la primavera y un regalo de aniversario muy especial, casi mágico, continua con muchos vítores (Morir de éxito debe ser bastante triste, ¿no creen?) y termina con un giro inesperado sobre la sencillez de lo cotidiano y el retorno a la felicidad.
Una historia de siempre llena de luz, una historia de calor bajo la que cobijarse en estos días de invierno… Hasta que llegue la primavera y nos impregnen sus aromas.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Sorpresas maravillosas



Se acerca la Navidad y el entorno de la LIJ se llena de recomendaciones y listados (en breve llegará el de este monstruo) donde generalmente se reparten las mieles los mismos títulos, los mismos autores. Aunque se agradece que exista cierto cuorum a la hora de seleccionar los libros más llamativos, también echo de menos aquellos años en los que, de repente, aparecían bastantes libros que, sin comerlo ni beberlo, se colaban entre los mejores.
Hay libros con los que a los enteraos de LIJ nos gusta toparnos (el de hoy y yo nos conocimos gracias a Instagram, que aparte de postureo, tiene sus bonanzas). Así, de golpe y porrazo. Por un lado nos llevamos una sorpresa, por otro empezamos a creer que el mundo del álbum todavía tiene mucho que ofrecer. Y si el libro en cuestión viene de una editorial pequeñita, la cosa es todavía más agradable, sobre todo porque piensas que detrás de ese trabajo hay mucha pasión e ilusión.


Aunque no me gustan demasiado los premios (lo confieso una y otra vez), no es de extrañar que Yovoy recibiera el Nacional de Ilustración Infantil y Juvenil de Uruguay en 2014, un reconocimiento más que merecido a Juan Manuel Díaz, su autor. Porque en este libro sin palabras se conjugan numerosos elementos narrativos y artísticos sobresalientes… Es un libro lineal, como el viaje de su protagonista, una circunstancia que ayuda al paralelismo con otras historias (fíjense en ese submarino, no lo pierdan de vista). También es un libro con muchas puertas y ventanas, ramificado como el árbol que ese niño va a plantar en una tierra lejana. Igualmente funciona como un vehículo de crítica social, pues apunta a la contaminación de los océanos, a la indefensión de las víctimas de los conflictos armados, o al aislamiento y soledad de nuestras vidas.


Con multitud de detalles (me encanta que la paginación prescinda de números y se realice con ilustraciones de objetos) que en parte recuerdan a mundos oníricos y surrealistas (también futuristas, ¿por qué no?) como los de Jimmy Liao o Shaun Tan, este libro es un ejercicio sobresaliente de creatividad donde lo humano tiene mucho que decir.


Una aventura que podríamos calificar como excelente, sobre todo si tenemos en cuenta que nos podemos detener en cada página el tiempo que queramos, no sólo para hurgar en la mente del autor, sino para rebuscar en nuestra propia imaginación otros mundos en los que vivir, en los que soñar.


viernes, 14 de diciembre de 2018

Una nota (con versos) sobre libros informativos



El otro día charlaba yo con una librera sobre la gran afluencia de álbumes informativos a las estanterías de su negocio (más en estas fechas de regalos). Me comentaba que la cosa estaba siendo muy desproporcionada y que, según ella, descuidaba los logros que en materia de lectura se habían hecho durante los últimos años en el sector para desvincular la lectura del mundo escolar y poder considerar lo humanístico desde un prisma poético-artístico. Vi su postura y me dio por cavilar en si este tipo de libros consideran la experiencia estética, no solo desde el lado más visual, sino también desde el verbal. Me vinieron a la cabeza muchos libros. Algunos parecían verdaderos tratados académicos, otros aunaban variopintas perspectivas, y los menos, muy enriquecedores. Sonreí y me puse a recitar rimas consonantes, que es viernes y toca una de poesía.
.
Y en el pecho, las costillas,
en perfecta formación,
defienden los pulmones
             y también al corazón.             

María Isabel Fuentes y Sagrario Pinto.
En: El cuerpo humano.
Ilustraciones de Lucía Serrrano.
Colección Curiosidades en verso.
2017. Madrid: Anaya.


jueves, 13 de diciembre de 2018

Nosotros y los demás



Que cada uno somos de nuestro padre y madre lo tenemos muy claro. Tanto que muchos lo utilizan como excusa para hacer lo que les viene en gana. Somos muy variopintos, muy diferentes. Sí. Pero, ¿es eso suficiente para justificar nuestros comportamientos? Unas veces pienso que sí, otras que no, y las menos que da igual, porque nada cambiará apelemos unas veces al sentido común, otras al respeto, y las más a la libertad.


No es fácil convivir, aguantar al resto de seres humanos. Solemos pensar en nosotros mismos porque cada uno (con)vive con sus circunstancias aunque estas se llamen Rosarito o Alfonsito (Todo muy orteguiano, para que luego digan que no filosofamos). Los altos no quieren sillas bajas y los bajos no llegan a las estanterías más altas. Los gordos sueñan con butacas de tren más amplias y los escuchimizados con rellenar las mangas de esa camisa de Zara. Las del pelo rizado se pasan el día con las planchas y las morenas con las mechas rubias a cuestas. Mi padre quiere usar ropa amplia y mi madre que sea fácil limpiar las ventanas. A la Gema le gusta el Atiko, a la Pili el Velouria, al Pedro que no le mareen y a mí, disfrutar…


Con tantos deseos y pareceres es muy difícil ponerse de acuerdo (Nunca llueve a gusto de todos), más todavía cuando uno no sabe quién es. Sí, sí, como lo oyen. Hay gente que se pasa el día a la gresca porque no es consciente de  sí mismo (yo sé que soy algo impertinente y deslenguado) y, queramos o no, nuestras relaciones sociales pasan por conocernos, porque si no lo hacemos serán los demás quienes nos hinchen a empujones y puntapiés, recordándonos que no estamos solos y (no) sabemos qué queremos.


Y así llego a Cándido y los demás, un libro de Fran Pintadera y Christian Inaraja que ganó el último Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados convocado por la editorial Kalandraka. En él tenemos a nuestro protagonista (cualquiera de nosotros), Cándido, un hombre que, a pesar de ser especial, se diluye entre la gente. Que tiene sus miedos respecto a los demás pero también unos cuantos anhelos. Ser y seguir siendo. Ser y cambiar, para bien o para mal. Aunque no todo es tan complejo, siempre hay cosas que compartir. “Román, ¿siempre?...” Sólo tienen que leer el libro y dar con la respuesta.


martes, 11 de diciembre de 2018

Mary Shelley, Frankenstein y la ciencia



Hace un par de semanas participé en una experiencia bastante enriquecedora que, tomando como excusa el bicentenario de la publicación de la obra cumbre de Mary W. Shelley, organizó la Amparito. La iniciativa que llevaba por título Cómo conocí a Mary Shelley, consistía en una charla-coloquio en torno a Frankenstein y su autora en la que cada participante hablaría sobre la novela y/o la escritora relacionándolas con  sus propias inquietudes e intereses. En la Casa de la Cultura José Saramago nos encontramos Silvia Fernández, Marina Rey, Carlos López, Amparo Cuenca y el aquí firmante. Y mientras que el feminismo, el cine, la novela gráfica o el contexto creativo fueron las temáticas elegidas por mis compañeros de mesa, un servidor se decantó por la ciencia.
Es por ello que aquí les traigo a modo de acta algunos de los puntos que fui desgranando en aquella charla. Esperando que les guste y dando las gracias a todos los participantes, asistentes y organizadores, empiezo con mi pequeño homenaje científico-literario.



 Apunte inicial…

Cabía esperar que Frankenstein o El moderno Prometeo, considerada la primera novela de ciencia-ficción, un género que ha ido creciendo en estos doscientos años, tuviera referencias al mundo científico, pero lo cierto es que, conforme me adentraba en ella, observé que no sólo el contenido, sino también el contexto y las fuentes de inspiración se podían enmarcar en la ciencia y sus derroteros. Es así como dividí en esos tres niveles las referencias científicas de una de mis novelas favoritas.



Una atmósfera propicia. Geología y climatología.

Algo que debemos tener claro todos los lectores de Mary Shelley es que Frankenstein no hubiera visto la luz si “el año sin verano”, uno cargado de temperaturas gélidas y lluvia, no hubiera acontecido.
Durante el 5 y el 10 de abril de 1815, el monte Tambora, un volcán situado en Sumbawa, en el archipiélago indonesio, entró en erupción arrojando a la atmósfera inmensas nubes de material procedente del interior terrestre. Millones de toneladas de cenizas volcánicas y otras tantas de dióxido de azufre quedaron en suspensión en la atmósfera y dieron la vuelta a la Tierra en dos semanas. Este velo de partículas cubrió el planeta y reflejó la luz del sol, enfriando las temperaturas, atmosférica primero y  oceánica después, haciendo que 1816 pasaría a ser uno de los años más fríos conocidos. Las nieves cubrieron buena parte del hemisferio norte hasta bien entrada la primavera y las bajas temperaturas echaron a perder las cosechas. Con este panorama se calcula que más de 90.000 personas murieron como consecuencia directa e indirecta de la erupción de este volcán, una de las más grandes de la historia documentada.
Pero este año sin verano no sólo trajo ruina y miseria, sino que propició un clima adecuado para engendrar a la “criatura” de una Mary Wollstonecraft (en aquel tiempo Godwin) que cruzaba los montes Jura hacia Ginebra bajo "grandes copos de nieve, espesos y veloces". A orillas del lago Lemán, pasó junto a su amante, su hermana y otros dos amigos una estancia gris, lúgubre y plomiza, en la que la mayor parte del tiempo llovió. "Los truenos estallaban de forma aterradora sobre nuestras cabezas", anotó Mary mientras pensaba en su historia de fantasmas.


William Turner. 1817-1820. La erupción del Vesubio.


Infundir una chispa de vida. Dos puntos de partida y una incógnita.

Como cualquier otra novela de ciencia-ficción, su autora se basó en dos descubrimientos en materia científica de la época.
En primer lugar hay que citar los experimentos de Luigi Galvani sobre la naturaleza eléctrica del impulso nervioso y la contracción muscular alrededor de 1780. El fisiólogo y físico italiano, tras descubrir de manera fortuita que al aplicar una pequeña corriente eléctrica a la médula espinal de una rana muerta, se producían grandes contracciones musculares en los miembros de la misma, comenzó a divulgar este hecho en diversas conferencias, animando a reproducir estos experimentos una y otra vez. A ello se uniría Giovanni Aldini, su propio sobrino, cuando en 1803 empleó la electricidad para animar los miembros de George Forster, un criminal ejecutado en Londres, y hacerlo bailar la llamada "danza de las convulsiones tónicas" ante una audiencia horrorizada.
Es así como la “electrogenesis” daría lugar a foros de discusión y controversia en toda Europa y parte de América, de los que no sólo participarían científicos reputados como Alessandro Volta, sino que también se harían extensibles a otros ámbitos, léase el grupo de amigos que pasaron ese frío verano en Villa Diodati hablando de "la naturaleza del principio vital".
Y es que no debemos olvidar que estos cinco amigos pertenecían a círculos sociales de gran riqueza cultural. Tanto es así que Mary Shelley había asistido en 1814, a una conferencia de Andrew Crosse, un estrambótico experimentador que había transformado su propiedad campestre en un gran laboratorio eléctrico, también conocía los trabajos de William Nicholson y Humphry Davy, pioneros de la electricidad en Gran Bretaña y amigos de su padre, y que leía el Elements of Chemical Philosophy del propio Davy, del que integró algunas frases en el discurso del Dr. Waldman, el profesor de Víctor Frankenstein, en su novela.


En segundo término debemos hablar de la “resucitación cardiopulmonar”, una técnica precursora de nuestra reanimación cardiopulmonar que vio la luz a finales del siglo XVIII y con la que Mary W. Shelley estaba familiarizada. Primero, porque antes de que ella naciera, su propia madre, Mary Wollstonecraft, había sido reanimada tras intentar suicidarse arrojándose al Támesis. Y segundo porque uno de los reanimadores más conocidos, el médico escocés James Lind, fue mentor y una gran influencia para Percy Shelley durante sus años escolares en Eton.


Ante estas dos claras influencias en la concepción de Frankenstein, hay que llamar la atención sobre una tercera más controvertida, la figura de Johann Conrad Dippel. A pesar de las enormes coincidencias entre la figura del Dr. Frankenstein y este alquimista alemán de quien se cuenta que robaba cadáveres para reanimarlos con una poción de su invención, que nació precisamente en el castillo de Darmstadt (el de la novela), no se sabe con certeza si Mary se inspiró en su figura ya que, a pesar de estar documentado que ella y Percy visitaron el castillo en 1814, nunca quedó reflejado en su diario de viaje.
Cotejado o no, el caso es que todas estas coincidencias científicas nos revelan como Mary Shelley pensó en una criatura "fabricada, ensamblada y dotada de calor vital".
  



Los pilares científicos del discurso

Llega el turno a las interpretaciones que unos y otros hacemos de la novela y su relación con algunos aspectos de la ciencia. Aunque podemos relacionar Frankenstein con varios temas afines como la medicina regenerativa, los trasplantes de órganos, las patologías psiquiátricas (fíjense en ese Dr. Frankenstein obsesionado y enajenado), la ciencia forense, la tanatología o las patologías deformantes (recuerden el concepto quimérico de los monstruos), me he querido centrar en los tres pilares más obvios y contrastados: el científico y su universo, la ética científica y la exclusión competitiva.
Como cualquier otra obra de ciencia-ficción, esta recoge la figura de un científico que se debate entre lo personal y lo profesional. Víctor Frankenstein es un hombre de extremos cuya obsesión le lleva a una carrera a contrarreloj para alcanzar una gloria que tiene más que ver consigo mismo que con lo filantrópico. No obstante y teniendo en cuenta el panorama de la sociedad científica de la época y las grandes figuras que, como Benjamin Franklin, la abanderaban (de hecho Immanuel Kant le dio el apelativo de “el moderno Prometeo”) se intuye en la obra de Mary Shelley cierto deje hacia el progreso, es decir, el científico deja entrever los fines sociales de su obra buscando un utilitarismo manifiesto en ella a pesar del supuesto tono egocéntrico que prima en su figura. Sin duda es un debate en el que cualquier científico de ayer y hoy se ve inmerso.


Lo mismo sucede con la ética científica. Es así como el Dr. Frankenstein sufre una debacle interior al percatarse de que su toma de decisiones, en este caso científicas, tiene unas consecuencias nefastas e incontrolables, máxime cuando estas se relacionan con la creación de un organismo vivo capaz de sentir y pensar.
A mi juicio quizá sea el punto más interesante de la obra y que puede servir a científicos en ciernes a meditar sobre la causa y efecto de la Ciencia. Son pocas las personas de ciencia que no hayan entrado en el discurso de lo ético cuando se ven envueltas en la dicotomía moral. Véase la figura de Albert Einstein y sus encontradas opiniones sobre la construcción de bomba atómica antes y después de detonarla sobre Japón. Mientras que en un principio era partidario de su desarrollo, su visión cambió de manera rotunda cuando constató las nefastas consecuencias que tuvo sobre otros seres humanos.
En este punto y por hacer un apunte histórico específico relacionado con la bioética más académica, cabe destacar la inclusión de Frankenstein en esa pugna entre el mecanicismo y el vitalismo, dos corrientes que tuvieron profundas consecuencias en el pensamiento científico de la época por sus implicaciones de la definición de la vida y la muerte


Andy Warhol. 1980. Albert Einstein.

Por último debemos apuntar al carácter predictivo de Frankenstein, más concretamente sobre el “principio de exclusión competitiva”, un concepto nacido en 1930 que nos ayuda a entender la biología de las especies invasoras, pues nos habla de la competencia  por los recursos naturales entre especies diferentes que conducen a la extinción de una de ellas.
Esto se relacionaría con la escena en la que la criatura se encuentra con su creador y le solicita una compañera que mitigue su soledad. Además, el monstruo distingue sus necesidades dietéticas de las de los seres humanos y expresa su disposición a habitar en las selvas de América del Sur, sugiriendo exigencias ecológicas diferentes. El doctor Frankenstein accede inicialmente a la petición, dado que los seres humanos tendrían pocas interacciones competitivas con un par de criaturas aisladas, pero se arrepiente de su decisión después de considerar la capacidad de reproducción de las criaturas y la probabilidad de extinción humana



Punto y final

Frankenstein ha cumplido dos siglos, doscientos años de tantas cosas, que sigue siendo una obra imprescindible de la literatura, un espejo del mundo y, sobre todo, en el que contemplar nuestra humanidad.



Bibliografía

Jean Pietro Miscione. 2015. Las ranas de Galvani, la pila de Volta y el sueño del doctor Frankenstein. Hipótesis. Apuntes científicos uniandinos, 18: 54-65.

Mary Shelley. 2017. Frankenstein. Annotated for Scientists, Engineers, and Creators of All Kinds. Edited by David H. Guston, Ed Finn and Jason Scott Robert. Introduction by Charles E. Robinson. Essays by Elizabeth Bear, Cory Doctorow, Heather E. Douglas, Josephine Johnston, Kate MacCord, Jane Maienschein, Anne K. Mellor, Alfred Nordmann. 320 pp. Cambridge: The MIT Press.

Mary Shelley. 2018. Frankenstein. Ilustraciones de Elena Odriozola. Madrid: Nórdica Libros. 261 pp.

Beatriz Villacañas. 2001. De doctores y monstruos: la ciencia como transgresión en Dr. Faustus, Frankestein y Dr. Jekyll and Mr. Hyde. Asclepio, vol LIII-1: 197-211.

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