viernes, 3 de noviembre de 2023

Cuidados recíprocos


España tiene una de las tasas de natalidad más bajas de Europa. Aunque en este tipo de espacios siempre orientamos el dato hacia la infancia, en este día me gustaría dirigirlo hacia los adultos, concretamente a la llamada tercera edad.
No hace mucho tiempo, el cuidado de los mayores recaía en la figura de la prole, sobre todo de las mujeres, más todavía si estas estaban solteras y sin hijos. Sin embargo, con la incorporación de la mujer al mundo laboral (¡Menos mal!) y la ausencia de hijos en una población adulta que prefiere su propio bienestar a sacrificarse por la crianza de los vástagos, la atención a la tercera edad ha cambiado de manera rotunda.


Con esta realidad, el panorama actual y futuro de la población envejecida pasa por nuevas fórmulas de cuidado como las residencias de ancianos, la asistencia domiciliaria, los centros diurnos, el co-housing y la vivienda colaborativa, una serie de alternativas que permiten de un modo u otro la coexistencia entre el bienestar y la libertad de unos y otros.
Sin embargo y por mucho que nos duela, sí existe un lastre emocional para ambas partes debido al fuerte arraigo familiar de la raza ibérica. Mientras la cosa no cambie y nos dediquemos a otros conceptos sentimentales, los mayores se sienten abandonados por aquellos a quienes han entregado su tiempo, y sus familias, culpables por no ser capaces de gestionar sus obligaciones emocionales.
Lo mejor está en buscar soluciones intermedias en las que unos y otros se encuentren cómodos, para evitar los reproches recíprocos. El tiempo nos dirá cómo. Y si no nos lo dice, tendremos que convivir con la realidad a trancas y barrancas, que es lo que se lleva en esta vida posmoderna tan abundante, pero a la vez tan infeliz.


Y con esta pequeña reflexión que se me antojaba necesaria desde que me he convertido en un mínimo cuidador (y esperemos que no vaya a más), llego hasta Las manos de mi padre, un álbum del coreano Deok-Kyu Choi recién publicado por Litera Libros en nuestro país que aborda desde un prisma muy elegante, el cuidado recíproco entre padres e hijos desde una perspectiva temporal.
Este libro de tamaño ideal (me encantan sus dimensiones) nos presenta a un padre y su hijo en una secuencia de imágenes emparejadas en cada doble página. Mientras que en las páginas izquierdas se recrea al padre cuidando a su hijo pequeño, a su derecha encontramos a ese hijo adulto cuidando a un padre anciano. Arropándose, lavándose, aseándose… Lo que antaño hacía el padre, ahora lo recibe.


Aunque en principio podríamos pensar que se trata de un libro sin palabras, en su segunda mitad se nos sorprende con tan solo 12 vocablos, una pequeña oración que sirve para imprimir cierto dramatismo a la acción, tranquila y sosegada, una pausa que nos ayuda a recapitular y volcarnos en este pequeño reportaje donde cualquiera puede reflejarse.
Marcos redondeados para lo que parecen fotografías del ayer, tan solo unas gafas como elemento identificativo y una faja peritextual que me ha vuelto loco, son algunos de los elementos narrativos de un álbum que hay que regalar sí o sí.

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