sábado, 21 de octubre de 2023

Días de perros


No sé si alguna vez les he contado que hace años, tenía un muy buen compañero que tenía un par de chihuahuas enanos. Eran madre e hija. Mientras que la madre era un perro más o menos normal (si es que era un perro y no una rata), la hija estaba hecha polvo. Juan, que así se llamaba él, se había gastado la friolera de dos mil euros en diversas intervenciones para que siguiera viva. Hasta ahí, todo muy bien, pues cariño y responsabilidad tienen que ir de la mano. La cosa ya se tornaba peliaguda cuando atónito contemplaba que cada vez que la perra iba a comer, mi compañero le masticaba la comida previamente y fuera lo que fuera. Tremendo.


Siempre me ha resultado paradójico que las multas por orinar en la vía pública sean enormes en cualquier ciudad de España (y supongo que en toda Europa). Que te claven mil pavos por echar una meada cuando tienes la vejiga a punto de estallar es el colmo de los colmos si piensas en los montones de perros (se calcula que casi nueve millones y medio) que hacen sus necesidades en la calle y al libre albedrío de sus amos.
Como los perros y los libros sobre ellos se están convirtiendo en un clásico en esta casa de monstruos (pueden dar buena cuenta de ello AQUÍ y AQUÍ), continuo este curso con una nueva edición.


Abro fuego con un libro estupendo. Todo, todo sobre los perritos de Dorothée de Monfreid acaba de ser publicado en nuestro país de la mano de Libros del zorro rojo. La autora de ¡Shhh! A dormir o la serie Los pequeños filósofos (Editorial Laberinto) vuelve a la carga con sus personajes caninos en este libro que es un tributo a la obra del gran Richard Scarry.


Con esa mezcla de ficción y no ficción que tanto cultivó el autor inglés, la francesa nos va presentando en cada doble página muchos tipos de saberes y estares con todo lujo de detalles. Mobiliario, el alfabeto, las habitaciones de una casa, diversos parajes, algo de gastronomía, los medios de transporte, los colores, instrumentos musicales y unos cuantos oficios se aglutinan en una suerte de situaciones donde el humor es la vía de conexión entre el libro y el lector.


Al mismo tiempo que contextualiza la vida de estas criaturas tan simpáticas, de Monfreid nos invita a conocer diferentes elementos que rodean a cualquier niño en su vida cotidiana desde una perspectiva tan práctica, como entrañable. A su perro, a sus nietos, al veterinario o al vecino. Con perro o sin él. Se lo regalen a quien se lo regalen, seguro que disfruta de las peripecias de estos canes tan salaos. 


Seguimos con Domingo, una historia del brasileño Marcelo Tolentino publicada por la editorial Kókinos. Todos los domingos la vida transcurre del mismo modo entre Martín y su familia. Las horas siguen su curso con aburrida normalidad, pero Martín quiere convertir este día en una vuelta al mundo. La abuela está preparando su atuendo para el baile, su madre tiene que hacer el postre y el abuelo quiere echarse la siesta. El único que puede acompañarle en este feliz viaje es Fubá, su perro. 


Con un estilo figurativo y a caballo entre la ilustración tradicional y la digital, las páginas se llenan de imágenes evocadoras que ahondan en un doble mensaje: la amistad entre las mascotas y sus dueños, y la complicidad intergeneracional que establecen abuelos y nietos.


Una fábula poética y sin pretensiones que tiene mucho que decirnos a lo largo de ese viaje mínimo a través del domingo, un día que invita al aburrimiento pero al que Martín y Fubá se enfrentan con una imaginación desbordante. 


Llegamos a Quisiera ser la ventana de una vieja perrita sabia, un álbum de Philip Stead recientemente publicado por Océano Travesía, una delicia que rebosa todo tipo de sensaciones en cualquiera de sus páginas.


El libro está ambientado en una tarde lluviosa en la que una vieja perrita se asoma a la ventana mientras imagina un sinfín de escenas donde otro buen puñado de animales protagoniza situaciones agradables y evocadoras. ¿Alguna vez será el contoneo de un caracol? ¿Y la pirueta de una abeja? ¿La huida de un colibrí o la prisa del ratón cuando el gato lo acecha?


Difícilmente clasificable, esta narración poética para todos los públicos, además de tener mucho gancho con el público más pequeño, se adentra en el existencialismo a través de lo imaginado. Hurgando en esa dicotomía del ser y no ser desde un prisma temporal en el que la juventud y la vejez se dan la mano, experimentamos un vaivén de sensaciones que suceden en el interior y el exterior de una casa de la que entramos y salimos a través de un ventanal que simboliza nuestra persona.


¿Quién nos habla? ¿Un niño? ¿Un anciano? ¿Tú o yo? Dejamos volar nuestra imaginación con metáforas visuales del siempre acertado Philip Stead. Morsas emplumadas, las alas de un ratón o ballenas terrestres, endulzan nuestra mirada y invitan a balancearnos en un texto sencillo y conmovedor, que se enlaza a través de detalles mínimos y elementos compositivos de suma elegancia. Ritmo, guardas, principio y fin. Lo tiene todo. Incluso un ginkgo sobre el que volar y cantarle a la vida.


Pasamos a otro perro, concretamente el protagonista de El día que Otto encontró una piedra en su camino, un álbum de Mo Gutierrez Serna editado por Libre Albedrío.


Es primavera y Otto recorre el muro en busca de un arbusto repleto de fresas, cuando, de repente, encuentra una enorme piedra que le corta el camino y no le deja llegar hasta su objetivo. El perro intenta apartarla, disolverla con la mente, se enfada con ella, con la montaña de la que se ha desprendido e incluso consigo mismo. Hasta que intenta trepar por ella y…


En esta pequeña parábola resuenan muchísimas sensaciones humanas. Frustración, decepción, triunfo, sorpresa o creatividad. La enseñanza extraída se puede resumir en ese juego de perspectivas que es la vida, un camino plagado de obstáculos salvables o insalvables con el que hay que lidiar a base de ingenio y perspicacia sin dejar que nada nos amedrente. Del mismo modo, nos invita a pensar en esa expresión que reza “Detrás de cada problema hay una oportunidad.”


A base de juegos tipográficos y un estilo inconfundible basado en manchas de color con gran contraste y líneas expresivas que juegan con elementos de más peso, la autora cántabra afincada en Madrid nos dibuja una sencilla historia con muchas lecturas en la que cualquiera puede mirarse. 


Terminamos con una de humor perruno gracias a Txabi Arnal y su ¡Newton, vuelve!, una historia ilustrada por Eleni Papachristou sobre una pulga que es abandonada por su hospedador, un perro llamado Newton que sale disparado cuando una manzana le cae sobre la cabeza.


La pulga no sabe qué hacer sin su perro así que se dedica a buscarlo por todos los medios. Le pregunta a las hormigas, las gallinas, un pez, un ciervo y un conejo. Pero nada, ni rastro de Newton. Hasta que en cierto lugar...
Con mucha simpatía, el autor vasco nos presenta una pequeña comedia de situación en la que la repetitividad, las descripciones y la confusión, aúpan una lectura que se puede desbordar por cualquier arista gracias a una caracterización histérica y alocada de la protagonista. 


A ello hay que añadirle las ilustraciones vivarachas de Papachristou, cuyo estilo recuerda al de otros grandes del panorama como Antinori o Vola. Con figuras delimitadas por el color y su contraste, buceamos en un universo lleno de detalles que dinamizan todavía más una lectura circular capaz de arrancar muchas risas y alguna que otra carcajada a base de humor blanco y situaciones sacadas de quicio.


jueves, 19 de octubre de 2023

¡De recados!


Cuando yo era crío, me entusiasmaba cada vez que mi padre, mi madre, mi tía o mi abuela me mandaban a hacer un recado. Primero de todo, era una pequeña aventura. Enfrentarme solo a la adversidad, hacer una pequeña incursión en el universo adulto y lograr con éxito lo que se me solicitaba. En segundo lugar salíamos a la calle, un lugar maravilloso donde ejercer la libertad. Y tercero, si tenías suerte, podías acabar con una pequeña propina en el bolsillo.


Cada vez veo menos chavales haciendo mandados. No sé si se debe a su poca iniciativa o a esa actitud paterna que tanto abunda en estos días. Los padres ven el peligro en cualquier esquina, dudan de la capacidad de sus vástagos y creen que pueden ser denunciados por explotación de menores. Por otro lado, los hijos viven muy cómodos entre cuatro paredes, centrados en sus universos digitales, disfrutando de la servidumbre familiar y con pagas semanales que superan el salario mínimo interprofesional.
Comprar el pan o bajar a por naranjas ¡El periódico, que no se te olvide! Llevarle a la abuela las albóndigas recién hechas o avisar a la vecina del segundo de que iban a cortar el agua. Esas eran algunas de las cosas que hacíamos antes los chiquillos. Cuando no había móviles ni redes sociales nosotros éramos los intermediarios de una comunicación verbal y física entre los adultos. Aprendíamos cómo funcionaba el mundo, y lo mejor era que lo disfrutábamos.


Y así, de recado en recado, llegamos Ve a por el pan, al libro de hoy Jean-Baptiste Drovot que acaba de traer a nuestro país la editorial gallega Cumio y forma parte de una colección de álbumes con mucho humor a cargo de Miguel López, El Hematocrítico. Todo empieza cuando la madre de Manuel, nuestro protagonista, le dice que vaya a por el pan. Lo que parece ser un recado sin importancia comienza a complicarse cuando a Manuel se le va el santo al cielo y se encuentra la panadería cerrada. Decide irse al pueblo de al lado a por el pan en el barco de su primo y les pilla una tormenta y acaba en una isla desierta donde lo hacen prisionero.


Situaciones absurdas, inverosímiles y sacadas de quicio, despiertan las risas del lector y de paso lo traslada a un universo onírico en el que es muy difícil distinguir entre la realidad y la ficción.

miércoles, 18 de octubre de 2023

Nocturnas


Hoy me pongo en modo botánico para hablarles de una de las maravillas naturales que siempre me ha dejado boquiabierto, las plantas nocturnas. Aunque se suele prestar más atención a los animales cuya vida se desarrolla durante las horas de oscuridad, no son pocos los vegetales que tienen actividad en el transcurso de la noche.
Desde bien pequeño me quedaba embobado con la floración de los dondiegos. Caía la tarde y empezabas a ver como se abría su corola atrompetada. Fucsias, blancas, amarillas o variegadas, las flores se desplegaban bajo la luz de la luna. Lo mismo pasaba con las campanillas que, enredadas por todos lados, escondían sus pétalos violetas o rosáceos conforme avanzaba la mañana.


Lo mismo ocurre con la flor más grande del mundo, la Rafflesia arnoldii, una planta parásita que huele a rayos, la dama de noche (Cestrum nocturnum), un cactus trepador con unas flores muy hermosas, el baobab, el árbol africano que solo tiene hojas cuatro meses al año, muchas especies de orquídeas o el nenúfar blanco.


¿Por qué sucede esto? Generalmente se relaciona con diferentes estímulos o estrategias adaptativas, como por ejemplo la atracción de ciertos agentes polinizadores que solo aparecen durante la noche, como los murciélagos, las mariposas nocturnas, ciertas moscas o algunos reptiles. De esta manera se optimiza energía a la hora de utilizar reclamos como la fragancia o el néctar.
Si además tenemos en cuenta otras cuestiones como las fases fotosintéticas y los ritmos circadianos de las plantas, podríamos afirmar que la mayor parte de las plantas tienen una vida muy activa bajo las estrellas.


Y es que Anne Crausaz bien podría haber incluido alguna más de estas plantas en su álbum Una noche en el jardín, un título que acaba de publicar Libros del Zorro Rojo. Ambientado en el transcurso de una noche, este álbum nos propone una pequeña excursión por un jardín que, a pesar de la calma, bulle de vida. Saltamontes, mariposas, escarabajos y luciérnagas pueblan este lugar descubierto por una simple linterna.


Sobre los recursos narrativos que utiliza esta diseñadora gráfica encontramos el cambio de la luz conforme pasamos las páginas y que van desde la noche cerrada hasta el alba, los dos momentos que recogen las guardas peritextuales. También prescinde de las representaciones humanas aunque sean sus voces las narradoras de esta historia y utiliza una óptica muy variada que recuerda a lo cinematográfico.
Este libro, evocador y muy juguetón, no solo es una oda a las naturalezas mínimas, sino que también nos habla del proceso de descubrimiento en los niños, uno en el que, generalmente, los adultos se ven involucrados de una manera u otra. 

lunes, 16 de octubre de 2023

Aventuras campestres


El precio del aceite de oliva por la estratosfera, los melocotones de Fraga parecen traídos del último confín, las estanterías están vaciándose de arroz bomba, tomates que valen oro y lo de la magra y el cabezón no tiene nombre. El que en estos momentos no se acojone cada vez que visita un supermercado es que vive en otro universo.
No me extraña que cada vez sean más los que se aventuran a buscarse un terrenico y sembrar cuatro matas en pro de la supervivencia. Ni ecologismo, ni semillas autóctonas, ni productos de temporada. Aquí lo que interesa es echarse algo a la boca aunque sea a costa de doblar el lomo.


Pero ¡qué ilusos! No tienen ni idea de las cornadas que da el campo. Para coger una calabaza, dos berenjenas y cuatro patatas, además de dejarte la hiel en los gasones del campo, hay que rezarle a varios dioses y mirar al cielo con lágrimas en los ojos a ver si Boreas, Noto o Céfiro regalan lluvias generosas.
Tanto es así que el otro día me dijo un conocido que casi sufre un paro cardiaco porque una gallina pilló el moquillo y casi las palma. Que además de pelarlas, cuesta mucho criarlas. Y no digamos cuando, pensando en todo tipo de guisos y arroces, vemos una pollada diezmada por culpa de las alimañas…


Sí, sí, créanme, lo campestre es una aventura. Que se lo digan a Proserpina, la nueva criatura de ediciones Tralarí. Con texto de Isabel Benito e ilustraciones de Cintia Martín llega a las librerías (o por correo, que esta editorial es pequeñita pero muy accesible) un álbum de esos que te hacen disfrutar como si fueras un niño, cosa que últimamente se agradece.


Todo empieza con una gallina y sus tres huevos. De estos nacen tres hijos bien zascandiles que, sin encomendarse a Dios ni a su madre, se lanzan al mundo como pollos sin cabeza y acaban perdidos en mitad de la maleza. Cae la noche y las aves son acechadas por una hambrienta lechuza. ¿Lograrán volver sanos y salvos al nido Proserpina y sus vástagos?


Con mucha guasa, este libro juega con la transparencia del papel, otra cualidad física que merece atención a la hora de presentar una historia que, si al principio parece sacada de algún papiro egipcio, tras poner una fuente de luz detrás de cada página, nos quedamos boquiabiertos con el hallazgo, una sorpresa que nos arranca esa sonrisa infantil que todos, grandes y pequeños, parecemos haber olvidado.


Rimas que evocan a las retahílas populares, ilustraciones de líneas sencillas y a tres colores, un final muy móvil, guarda explicativa para los menos avezados y un glosario castellano que me ha robado el corazón son motivos más que suficientes para hacerse con esta joyica pucelana para disfrutar como auténticos monstruos durante el recreo, la merienda y antes de irnos al sobre. 


domingo, 15 de octubre de 2023

Entre la pena y la nada...


Cada día que pasa me pongo más nervioso cuando veo que alguien llora sin un motivo aparente. Echando mano de emociones descontroladas y esa vis tan teatral que ha ido adquiriendo la vida durante estos últimos años, el personal se cree con derecho a derramar lágrimas sin ton ni son, algo que deja relucir la dejadez emocional de una sociedad que funciona como pollo sin cabeza.


Con esto no quiero decir que haya que reprimirse las lágrimas, sino que estaría bien que no las derramáramos sin un motivo aparente, y mucho menos, banalizarlas, pues eso de llorar en público parece que se ha tornado una moda, a mi juicio, bochornosa donde el victimismo, la autocompasión y la conmiseración tienen mucho que decir.


Hemos pasado de un extremo a otro. Hace cuarenta años nadie lloraba. Ni niñas ni niños. Y el que lo hacía procuraba que fuese una cuestión privada a la que solo estaban invitados familiares estrechos y buenos amigos. Hoy en día cualquiera puede sumarse a la fiesta en connivencia de la salud mental y los ODS de la agenda 20-30. Porque sí, porque soy humano y me merezco exhibir todo lo que me salga del higo.


Por la guerra entre Palestina e Israel, por el hijo de Ana Obregón, por el final de The Big Bang Theory, por la boda de mi mejor amigo (aunque su novia se acostara conmigo hace dos semanas), porque han dejado de fabricar los Risketos o por esa amiga a la que se le ha roto una uña. Lloramos por todo, incluso por lo más insignificante o lo más lejano, y sin embargo, le restamos importancia a lo que sí la tiene o deseamos la muerte de los hinchas del equipo contrario. No hay término medio.


Por todas estas razones y muchas más, me ha encantado el último libro de Noemi Vola publicado en nuestro país. Y es que Si lloras como una fuente intenta darle una vuelta a esa tendencia social con un toque de humor. Todo empieza cuando la lombriz protagonista del libro (el animal fetiche de esta autora) comienza a llorar y el narrador le invita a buscar motivos por los que llorar nos hace bien. Llenar una cacerola para cocer espaguetis, fregar el suelo añadiendo un poco de detergente, apagar las velas de una tarta de cumpleaños o bañar a tu perro son algunas de sus alocadas ideas.


Con este libro, además de intentar quitarle hierro al llanto, Noemi Vola nos invita a un ejercicio reflexivo y muy imaginativo sobre como transformar lo negativo en positivo, y de paso aporta datos no tan descorazonadores sobre las lágrimas. Personajes de cuento y película, animales y, por supuesto, su lombriz fetiche nos descubren el lado bueno de la tristeza.
No lo duden, si conocen algún que otro llorón, este es un regalo infalible para que se ponga manos a la obra y deje de darle la murga con sus sollozos.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Elogio a la necedad


Hace más de cinco siglos que Desiderio Erasmo de Rotterdam, el gran pensador neerlandés, dedicara a populacho y gobernantes su Elogio a la necedad o encomio de la estulticia, para mi gusto, un libro todavía vigente a pesar de lo que ha llovido, no solo porque los necios sigan in crescendo, sino porque la sociedad es incluso más gris que en aquel entonces. Si no lo han leído, les invito a que le echen un vistazo y hagan una lectura, al menos, de sus frases más célebres para constatarlo.
Lo que más llama la atención de este libro es que, aprovechando que fue escrito en latín, su título se traduzca últimamente como Elogio a la locura, cuando Erasmo en realidad se refería a tontos y necios, dos adjetivos que, para mi gusto, distan bastante del llamado loco. Bastante tienen aquellos que sufren esquizofrenia u otras patologías de la psique, para que los relacionen con los primeros.


Yo diría que, más bien, tiene relación con esa frase tan española de “hacerse el loco”, una que utilizamos con frecuencia siempre que alguien quiere eludir un hecho o hacer caso omiso de alguna situación, generalmente embarazosa y que pone en evidencia su falta de sensatez, entendimiento, autocrítica y, sobre todo, miserias. Que este mundo bien podría llevar por título el del libro de hoy, La nave de los necios, recién publicado por A fin de cuentos.
Ana González Lartitegui nos brinda un libro, como diría Karlos Arguiñano, lleno de fundamento, no sólo porque es estupendo desde el principio hasta el final, sino porque el trabajo en el planteamiento y la resolución ha sido exquisito.


La autora maña nos plantea una historia muy loca en la que el sentido y el sinsentido danzan en todas sus páginas. Todo empieza con un joven aburrido (ya saben, lo que se estila…) que decide gastarle una broma a un vecino y echarse unas risas a costa suya. Pero como esta es una historia de ida y vuelta, al final le sale el cuento por la culata gracias a unos cuantos personajes que parecen salidos de La Celestina, películas de los Monty Phyton o un chiste de Gila.


Sobre los recursos narrativos y de estilo, hay que destacar bastantes cosas... Primero, utiliza un hilo conductor un tanto inverosímil (esa mata de tomate que pasa de mano en mano me recuerda a otras retahílas, cuentos sumativos y narraciones encadenadas como Corre, corre panecillo). En segundo lugar, imprime movimiento mientras los personajes van cambiando de ubicación en cada doble página. También ambienta la historia en el medievo tardío europeo, una época tan sugerente, como extraña, que siempre ha dado juego a ilustradores como Andrej Duguin y Olga Duguina. Por último, la Lartitegui toma como referencias grandes obras de la pintura flamenca y nos propone un juego del escondite gracias a El Bosco (recuerden que tiene un cuadro titulado como este libro, que a su vez está inspirado en la obra satírica de Sebastian Brant), Patinir, Brueghel el viejo o Desprez, al tiempo que nos sumerge en obras tan emblemáticas como El paso de la laguna Estigia, La parábola de los ciegos o El carro de heno.


Tapas enteladas, ilustraciones realizadas enteramente a mano y montones de detalles, nos dan la bienvenida a este “road trip” donde humor, arte y sentido crítico son los mejores aliados de una lectura en la que todos podemos mirarnos como necios y estúpidos que somos.

martes, 10 de octubre de 2023

Muros para todos los gustos


Muros, muchos muros. Hay muros de diferentes tipos. Muros visibles que se construyen de piedra y muros invisibles que tienen que ver con la falta de suministros. La escasez de agua, energía y alimentos también son otro muro que aísla, empobrece y desnutre.
También está el muro de la indiferencia, esa que mina los corazones y los empequeñece hasta hacerlos insignificantes. Metafórico o real es bastante común encontrárselo, no solo en mitad de conflictos armados, sino entre parejas, amigos o hermanos.


Hay muros hechos de agua, vidrio, alambre, ladrillos y todo tipo de materiales que te puedes imaginar. Muros que se pueden derrumbar con la levedad de un beso y muros que necesitan artillería pesada para tambalearse. Muros infranqueables y otros muy frágiles. Los que sirven para defenderse y los que son una declaración de guerra en toda regla. 
Supongo que muchos de ustedes los han sufrido o disfrutado, pero si desconocen algunos, no puedo dejar de recomendarles esta selección de libros infantiles sobre muros que seguro les sugieran y despierten muchas sensaciones.


En el muro que nos presentan Arianna Squilloni y Guillermo Decurguez aka Decur, no se ven carteles de publicidad ni pintadas. En El constructor de muros un hombre encuentra un hermoso paraje con el que recrearse, pero un perro rompe la paz reinante y este decide elevar una pared para que el animal no le moleste. Lo mismo pasa con los jabatos y otros animales, así que el protagonista rápidamente se ve rodeado de cuatro paredes con una sola abertura para contemplar las vistas. Pero el gato irrumpe en el habítaculo de un salto y también tapia la ventana. Solo le queda despejado el techo que también acaba cubierto por culpa de los pájaros y sus excrementos. ¿Será por fin feliz el constructor de muros en su aislamiento?


Con esta fábula aparentemente sencilla, la autora italiana y el ilustrador argentino nos plantean con cierto humor el dilema del aislamiento desde una perspectiva metafórica donde lo físico y lo psicológico quedan conectados.
Como recursos a señalar tenemos unas guardas peritextuales, la presencia y ausencia de color para remarcar la idea del silencio, una narrativa más propia del cómic y los detalles que nos ayudan a desbordar el argumento.


Y háganme caso, es mejor despertarse con el ruido de una sirena que morir asfixiado por culpa de unos tapones en mitad de la noche.