lunes, 16 de octubre de 2023

Aventuras campestres


El precio del aceite de oliva por la estratosfera, los melocotones de Fraga parecen traídos del último confín, las estanterías están vaciándose de arroz bomba, tomates que valen oro y lo de la magra y el cabezón no tiene nombre. El que en estos momentos no se acojone cada vez que visita un supermercado es que vive en otro universo.
No me extraña que cada vez sean más los que se aventuran a buscarse un terrenico y sembrar cuatro matas en pro de la supervivencia. Ni ecologismo, ni semillas autóctonas, ni productos de temporada. Aquí lo que interesa es echarse algo a la boca aunque sea a costa de doblar el lomo.


Pero ¡qué ilusos! No tienen ni idea de las cornadas que da el campo. Para coger una calabaza, dos berenjenas y cuatro patatas, además de dejarte la hiel en los gasones del campo, hay que rezarle a varios dioses y mirar al cielo con lágrimas en los ojos a ver si Boreas, Noto o Céfiro regalan lluvias generosas.
Tanto es así que el otro día me dijo un conocido que casi sufre un paro cardiaco porque una gallina pilló el moquillo y casi las palma. Que además de pelarlas, cuesta mucho criarlas. Y no digamos cuando, pensando en todo tipo de guisos y arroces, vemos una pollada diezmada por culpa de las alimañas…


Sí, sí, créanme, lo campestre es una aventura. Que se lo digan a Proserpina, la nueva criatura de ediciones Tralarí. Con texto de Isabel Benito e ilustraciones de Cintia Martín llega a las librerías (o por correo, que esta editorial es pequeñita pero muy accesible) un álbum de esos que te hacen disfrutar como si fueras un niño, cosa que últimamente se agradece.


Todo empieza con una gallina y sus tres huevos. De estos nacen tres hijos bien zascandiles que, sin encomendarse a Dios ni a su madre, se lanzan al mundo como pollos sin cabeza y acaban perdidos en mitad de la maleza. Cae la noche y las aves son acechadas por una hambrienta lechuza. ¿Lograrán volver sanos y salvos al nido Proserpina y sus vástagos?


Con mucha guasa, este libro juega con la transparencia del papel, otra cualidad física que merece atención a la hora de presentar una historia que, si al principio parece sacada de algún papiro egipcio, tras poner una fuente de luz detrás de cada página, nos quedamos boquiabiertos con el hallazgo, una sorpresa que nos arranca esa sonrisa infantil que todos, grandes y pequeños, parecemos haber olvidado.


Rimas que evocan a las retahílas populares, ilustraciones de líneas sencillas y a tres colores, un final muy móvil, guarda explicativa para los menos avezados y un glosario castellano que me ha robado el corazón son motivos más que suficientes para hacerse con esta joyica pucelana para disfrutar como auténticos monstruos durante el recreo, la merienda y antes de irnos al sobre. 


domingo, 15 de octubre de 2023

Entre la pena y la nada...


Cada día que pasa me pongo más nervioso cuando veo que alguien llora sin un motivo aparente. Echando mano de emociones descontroladas y esa vis tan teatral que ha ido adquiriendo la vida durante estos últimos años, el personal se cree con derecho a derramar lágrimas sin ton ni son, algo que deja relucir la dejadez emocional de una sociedad que funciona como pollo sin cabeza.


Con esto no quiero decir que haya que reprimirse las lágrimas, sino que estaría bien que no las derramáramos sin un motivo aparente, y mucho menos, banalizarlas, pues eso de llorar en público parece que se ha tornado una moda, a mi juicio, bochornosa donde el victimismo, la autocompasión y la conmiseración tienen mucho que decir.


Hemos pasado de un extremo a otro. Hace cuarenta años nadie lloraba. Ni niñas ni niños. Y el que lo hacía procuraba que fuese una cuestión privada a la que solo estaban invitados familiares estrechos y buenos amigos. Hoy en día cualquiera puede sumarse a la fiesta en connivencia de la salud mental y los ODS de la agenda 20-30. Porque sí, porque soy humano y me merezco exhibir todo lo que me salga del higo.


Por la guerra entre Palestina e Israel, por el hijo de Ana Obregón, por el final de The Big Bang Theory, por la boda de mi mejor amigo (aunque su novia se acostara conmigo hace dos semanas), porque han dejado de fabricar los Risketos o por esa amiga a la que se le ha roto una uña. Lloramos por todo, incluso por lo más insignificante o lo más lejano, y sin embargo, le restamos importancia a lo que sí la tiene o deseamos la muerte de los hinchas del equipo contrario. No hay término medio.


Por todas estas razones y muchas más, me ha encantado el último libro de Noemi Vola publicado en nuestro país. Y es que Si lloras como una fuente intenta darle una vuelta a esa tendencia social con un toque de humor. Todo empieza cuando la lombriz protagonista del libro (el animal fetiche de esta autora) comienza a llorar y el narrador le invita a buscar motivos por los que llorar nos hace bien. Llenar una cacerola para cocer espaguetis, fregar el suelo añadiendo un poco de detergente, apagar las velas de una tarta de cumpleaños o bañar a tu perro son algunas de sus alocadas ideas.


Con este libro, además de intentar quitarle hierro al llanto, Noemi Vola nos invita a un ejercicio reflexivo y muy imaginativo sobre como transformar lo negativo en positivo, y de paso aporta datos no tan descorazonadores sobre las lágrimas. Personajes de cuento y película, animales y, por supuesto, su lombriz fetiche nos descubren el lado bueno de la tristeza.
No lo duden, si conocen algún que otro llorón, este es un regalo infalible para que se ponga manos a la obra y deje de darle la murga con sus sollozos.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Elogio a la necedad


Hace más de cinco siglos que Desiderio Erasmo de Rotterdam, el gran pensador neerlandés, dedicara a populacho y gobernantes su Elogio a la necedad o encomio de la estulticia, para mi gusto, un libro todavía vigente a pesar de lo que ha llovido, no solo porque los necios sigan in crescendo, sino porque la sociedad es incluso más gris que en aquel entonces. Si no lo han leído, les invito a que le echen un vistazo y hagan una lectura, al menos, de sus frases más célebres para constatarlo.
Lo que más llama la atención de este libro es que, aprovechando que fue escrito en latín, su título se traduzca últimamente como Elogio a la locura, cuando Erasmo en realidad se refería a tontos y necios, dos adjetivos que, para mi gusto, distan bastante del llamado loco. Bastante tienen aquellos que sufren esquizofrenia u otras patologías de la psique, para que los relacionen con los primeros.


Yo diría que, más bien, tiene relación con esa frase tan española de “hacerse el loco”, una que utilizamos con frecuencia siempre que alguien quiere eludir un hecho o hacer caso omiso de alguna situación, generalmente embarazosa y que pone en evidencia su falta de sensatez, entendimiento, autocrítica y, sobre todo, miserias. Que este mundo bien podría llevar por título el del libro de hoy, La nave de los necios, recién publicado por A fin de cuentos.
Ana González Lartitegui nos brinda un libro, como diría Karlos Arguiñano, lleno de fundamento, no sólo porque es estupendo desde el principio hasta el final, sino porque el trabajo en el planteamiento y la resolución ha sido exquisito.


La autora maña nos plantea una historia muy loca en la que el sentido y el sinsentido danzan en todas sus páginas. Todo empieza con un joven aburrido (ya saben, lo que se estila…) que decide gastarle una broma a un vecino y echarse unas risas a costa suya. Pero como esta es una historia de ida y vuelta, al final le sale el cuento por la culata gracias a unos cuantos personajes que parecen salidos de La Celestina, películas de los Monty Phyton o un chiste de Gila.


Sobre los recursos narrativos y de estilo, hay que destacar bastantes cosas... Primero, utiliza un hilo conductor un tanto inverosímil (esa mata de tomate que pasa de mano en mano me recuerda a otras retahílas, cuentos sumativos y narraciones encadenadas como Corre, corre panecillo). En segundo lugar, imprime movimiento mientras los personajes van cambiando de ubicación en cada doble página. También ambienta la historia en el medievo tardío europeo, una época tan sugerente, como extraña, que siempre ha dado juego a ilustradores como Andrej Duguin y Olga Duguina. Por último, la Lartitegui toma como referencias grandes obras de la pintura flamenca y nos propone un juego del escondite gracias a El Bosco (recuerden que tiene un cuadro titulado como este libro, que a su vez está inspirado en la obra satírica de Sebastian Brant), Patinir, Brueghel el viejo o Desprez, al tiempo que nos sumerge en obras tan emblemáticas como El paso de la laguna Estigia, La parábola de los ciegos o El carro de heno.


Tapas enteladas, ilustraciones realizadas enteramente a mano y montones de detalles, nos dan la bienvenida a este “road trip” donde humor, arte y sentido crítico son los mejores aliados de una lectura en la que todos podemos mirarnos como necios y estúpidos que somos.

martes, 10 de octubre de 2023

Muros para todos los gustos


Muros, muchos muros. Hay muros de diferentes tipos. Muros visibles que se construyen de piedra y muros invisibles que tienen que ver con la falta de suministros. La escasez de agua, energía y alimentos también son otro muro que aísla, empobrece y desnutre.
También está el muro de la indiferencia, esa que mina los corazones y los empequeñece hasta hacerlos insignificantes. Metafórico o real es bastante común encontrárselo, no solo en mitad de conflictos armados, sino entre parejas, amigos o hermanos.


Hay muros hechos de agua, vidrio, alambre, ladrillos y todo tipo de materiales que te puedes imaginar. Muros que se pueden derrumbar con la levedad de un beso y muros que necesitan artillería pesada para tambalearse. Muros infranqueables y otros muy frágiles. Los que sirven para defenderse y los que son una declaración de guerra en toda regla. 
Supongo que muchos de ustedes los han sufrido o disfrutado, pero si desconocen algunos, no puedo dejar de recomendarles esta selección de libros infantiles sobre muros que seguro les sugieran y despierten muchas sensaciones.


En el muro que nos presentan Arianna Squilloni y Guillermo Decurguez aka Decur, no se ven carteles de publicidad ni pintadas. En El constructor de muros un hombre encuentra un hermoso paraje con el que recrearse, pero un perro rompe la paz reinante y este decide elevar una pared para que el animal no le moleste. Lo mismo pasa con los jabatos y otros animales, así que el protagonista rápidamente se ve rodeado de cuatro paredes con una sola abertura para contemplar las vistas. Pero el gato irrumpe en el habítaculo de un salto y también tapia la ventana. Solo le queda despejado el techo que también acaba cubierto por culpa de los pájaros y sus excrementos. ¿Será por fin feliz el constructor de muros en su aislamiento?


Con esta fábula aparentemente sencilla, la autora italiana y el ilustrador argentino nos plantean con cierto humor el dilema del aislamiento desde una perspectiva metafórica donde lo físico y lo psicológico quedan conectados.
Como recursos a señalar tenemos unas guardas peritextuales, la presencia y ausencia de color para remarcar la idea del silencio, una narrativa más propia del cómic y los detalles que nos ayudan a desbordar el argumento.


Y háganme caso, es mejor despertarse con el ruido de una sirena que morir asfixiado por culpa de unos tapones en mitad de la noche.

domingo, 8 de octubre de 2023

Bostezos y desayunos


Se supone que Dios hizo el domingo para descansar, pero a un servidor, con tanto trajín, se le ha atragantado el séptimo día de la semana. Limpiar el baño, hacer unas albóndigas, poner en orden la cocina, planchar la ropa, limpiar un cuarto de baño… Si a ello le unimos que ayer me pegue un tardeo monumental, tengo el cuerpo hecho mistos. Y lo peor vendrá mañana, cuando toquen diana y haya que empezar la semana. Arrastrarme hasta el baño, vestirme con desgana y preparar un desayuno con legañas. Menos mal que, como la protagonista de este poemario, siempre lo aderezo de momentos especiales, aunque a veces se me haga bola con los bostezos.

Párpados pegados al amanecer.
Un ratito más…
¡Cállate, despertador!

Desayuno bostezo.

Querida lentitud,
¿pusiste tú
sacos de arena
sobre mis pies?

¿Dónde está el botón
que abre las persianas pegadas
de mis párpados?

Un ratito más…
¡Cállate, despertador!

Alicia Bululú.
Lánguido.
En: Diario desayuno.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2023. Barcelona: A buen paso.


viernes, 6 de octubre de 2023

Catálogos imaginados


Rebaños, rebaños y más rebaños. En mitad de ese globalismo que nos venden con la agenda 20-30 y esa afición por salvaguardarnos de nuestra propia naturaleza, florecen montones de grupos humanos que se reúnen motu proprio en torno a estereotipos varios.
Cuando hace unas décadas apostábamos por la mezcolanza, de unos años a esta parte yo no veo más que división. Todos somos ciudadanos del mundo, pero, sin embargo, gustamos de encasillarnos gracias a estiquetas que nos definan como seres humanos donde credos, insignias y pulseritas son un arma de doble filo y la mejor de las maneras de manipularnos comercial e intelectualmente.


No es pequeña la paradoja pues, detrás de todas esas referencias, hay montones de personas con sus particularidades. Resumir tu vida a categorizaciones es reducir el yo y sus circunstancias a la mínima expresión humana. Lo peor de todo es constatar como estas ideas siguen calando en unos ciudadanos que poco a poco abandonan las ideas propias para dejarse llevar por corrientes de pensamiento nada enriquecedoras.
Todo me recuerda a esos institutos de los noventa en los que las tribus urbanas simulaban grupúsculos de individuos que no podían tener conexión con los del resto. Unos guetos artificiales donde la supuesta libertad estaba consentida por los iguales y dentro de los límites que la manada estimaba oportunos. Red skins, skinheads, emos, grunges, pijos, nerds, guapas… Todos formábamos parte del catálogo.


Partidos políticos, orientaciones sexuales, hábitos alimenticios, dress code, prácticas deportivas, series de televisión, libros y otras lecturas, música y espectáculos. Muy poca gente hace gala de ese eclecticismo que, no hace mucho, nos ayudaba a disfrutar de nuestras diferencias sin ahondar en ese sentimiento de confrontación con nuestros iguales.
Dentro de nada veremos cómo el gobierno imprime una serie de catálogos definiendo las características de cada categoría de ciudadanos, recomendaciones de uso, sugerencias de conversación y alguna que otra curiosidad. Yo solo espero que cojan ideas de Vendedores de humo y otros oficios olvidados e Increíbles. Los niños más extraordinarios que he conocido, dos libros-catálogo que hoy traigo a la palestra.


El primero está escrito por Juan Scaliter, periodista y divulgador científico, ilustrado por Alex Falcón y editado por Pirracas gracias a un crowfunding. A todo color y con una estética muy cuidada, los autores se internan en toda una serie de oficios inspirados por expresiones y frases hechas.


El segundo esta realizado por Clotilde Perrin y se acaba de publicar en nuestro país gracias a Flamboyant. En él se recogen unos niños más que inverosímiles como la niña veloz, el niño elástico o la niña cálculo, unos


Como en otros libros de este tipo, ambas obras se articulan a modo de fichas que recogen en cada doble página, la obra y milagros de estos personajes imaginados. En ellas se suele dedicar la página izquierda al texto explicativo y la derecha a las ilustraciones.
Ambas son obras de ficción encuadradas en un formato no ficcional que ayuda, no solo a categorizar y ordenar, sino a hacer más creíbles los productos que fluyen de la imaginación de unos autores que, de un modo u otro, prefieren expandir el universo de la infancia que constreñirlo a base de recetas y etiquetas.

jueves, 5 de octubre de 2023

De adultos infantilizados y viceversa


Si el otro día hablábamos de la desinfantilización de la infancia hoy toca hablar de la infantilización de los adultos.
La primera vez que oí hablar de este fenómeno fue durante las ponencias de CAP (para los no familiarizados, el antiguo master del profesorado de educación secundaria). Me resultó bastante curioso que la socióloga que hablaba desde la tarima contase que los adultos de los países desarrollados exhibían aficiones y comportamientos propios de la niñez. Era como si la infancia se prolongara más allá de los cuarenta palos.


Esto podía observarse en muchas facetas de la vida, no solo por querer un pellejo de porcelana, sino por otras muchas actitudes. La necesidad de sobreprotección, un rechazo constante del compromiso y la responsabilidad (léase amoroso, social o laboral), victimismo y narcisismo, tanto en la vida pública, como en la privada, o el presentismo son los rasgos más definitorios de estos pseudoadultos que, apoyados por el "establishment", siguen autoperpetuando una creencia errónea que poco tiene que ver con la complejidad del adulto de ayer.
Si no me creen solo tienen que fijarse en los libros para niños, un mercado donde afloran todo tipo de productos que, sin definirse como literatura infantil y desde esos puentes que construye el fenómeno "crossover", son consumidos por muchísimos adultos que, elusivos y juguetones, se resisten a bajarse del carro a costa de magia, cuentos de hadas e ilustraciones de niñas cabezonas, labios jugosos y ojos brillantes, todo un (des)propósito en el que muchos ven perversión pornográfica y fetiches no consumados.


Y no me quiero poner yo muy agorero, que ya saben que tiendo a lo negro, pero esto de cambiar los roles entre niños y adultos, tampoco es que sea una maravilla para los segundos. Frustración, ansiedad, impulsividad, pero sobre todo miedo son muchas de las consecuencias que sufren quienes se resisten a abandonar ese universo donde la vida se simplifica y nadie es dueño de sus acciones o pensamientos. Todo es líquido y la consistencia moral arruina muchas vidas que creen subsistir gracias a esa libertad ficticia que populistas y redes sociales han creado para uso y disfrute de los incautos.


Sinceramente, viendo este panorama, no sé como muchos de mis alumnos quieren hacerse mayores antes de tiempo. Es lo que debieron pensar Inma Muñoz y Gustavo Roldán mientras daban vida a Me lo he pensado mejor, un álbum publicado por Thule donde ponen en tela de juicio ese deseo tan recurrente.
El protagonista de este libro se hace mayor por culpa de un terrible picor de nariz y un tremendo estornudo. Al principio todo es maravilloso. Luego la cosa se pone un poco fea, sobre todo cuando tiene que conducir o sufre un percance con. ¿Será capaz de volver a su estado de niño o vivirá condenado a ser un adulto el resto de sus días?


Con situaciones jocosas y una estructura de sketch, los autores indagan en los pros y los contras de la infancia y la edad adulto. Una disyunción desde una perspectiva humorística que aborda este anhelo infantil desde la cotidianidad sin olvidarse de que nunca llueve a gusto de todos. Y cuando lo hace, ¡de qué manera!

martes, 3 de octubre de 2023

Capeando la cultura de la cancelación


Además de comer, beber, bailar, reír y llorar, a lo largo de este verano también he abierto huecos para leer, esa afición que compartimos los monstruos. Una de mis lecturas ha sido El rey Mateíto I, un clásico de la LIJ polaca que Anaya ha traído a nuestro país en el año de su centenario y que ya incluí en mi selección estival de narrativa infantil y juvenil.
Además de recomendárselo a manos llenas, hoy estoy aquí por culpa de una nota editorial incluida en el mismo y que dice así: Algunos de los comentarios que aparecen en El rey Mateíto I se consideran inapropiados e inaceptables en la actualidad. A la hora de la lectura, se debe tener en cuenta que esta novela fue escrita en 1923.
Si bien es cierto que puede pasar inadvertida para muchos, a un servidor le han dado mucho que pensar estas apenas tres líneas bajo las que subyacen muchas ideas que se pueden relacionar directamente con la cultura de la cancelación, una que nos embebe desde hace unos años y sobre la que no he hablado directamente en este espacio de libros.


Para el que no lo sepa, este término hace referencia a un fenómeno social que consiste en retirar el apoyo, ya sea moral, financiero, digital e incluso social, a aquellas personas, empresas u organizaciones, como consecuencia de determinados comentarios o acciones generalmente relacionadas con temas controvertidos, como la igualdad de género o el ecologismo.
Aunque se puede pensar que la variante más extendida es la llamada buenista, es un fenómeno bidireccional, algo sobre lo que llamaron la atención las más de 150 personalidades del mundo de la cultura que firmaron la carta conocida como Harper’s Letter publicada el 7 de julio de 2020 en Harper’s Magazine y donde, entre otras cosas, se llamaba la atención sobre la intolerancia hacia los puntos de vista opuestos, la moda del vituperamiento público y el ostracismo, y la tendencia a disolver problemas políticos complejos con una certeza moral que enceguece.


Por ello no es de extrañar que ciertas empresas, en este caso las editoriales, se curen en salud frente a los lectores potenciales, avisándoles de que la obra literaria que van a leer puede herir su sensibilidad, algo parecido a lo que se hacía antiguamente con las películas violentas o con las escenas sexualmente explícitas.
Si bien es cierto que estas pequeñas excusas dan un capotazo a esa censura que chorrea en estos tiempos de impostura e intentan respetar las obras originales y el patrimonio intelectual de los autores, también procuran una coartada a los llamados ofendiditos y eliminan el posible encuentro con esos lectores que con solo una advertencia siguen en su secta favorita. Es decir, minimizan la atención sobre la obra y minimizan los encuentros casuales, algo que los buenos lectores siempre agradecemos.


Y algunos me dirán: "Es que tú eres un kamikaze, querido Román". Y yo asentiré con agrado. No solo porque me encante la gresca, sino porque es la única forma de retratar a mis congéneres en una sociedad donde la agogé se ha enterrado bajo toneladas de postureo.
No obstante, y por muy guerrero que me considere, entiendo que la inteligencia es la mejor arma a blandir cuando se trata de no ahondar en la división social y aupar ese enriquecimiento que ha hecho mucho por la humanidad, tanto social, como culturalmente hablando.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Sexo, sexualidad, pornografía y literatura infantil


Los de Vox le han declarado la guerra a los libros para críos. Primero fue la polémica suscitada durante la última campaña electoral por Llanos Massó, diputada en las cortes valencianas, al blandir una imagen del libro Cuéntamelo todo (editorial TakaTuka) y acompañarla de la pregunta “¿Cree usted que estas imágenes de penes de adultos de distintos tamaños y formas benefician a los niños?”. Ahora llega el concejal de cultura de Burriana señalando un puñado de libros, casi todos de temática LGTBI (y que aparecen en esta selección), y retirándolos de la sala infantil para reubicarlos en una sección específica acogiéndose a la ley de bibliotecas de su comunidad autónoma.
Si bien es cierto que muchos se llevan las manos a la cabeza, entran al trapo (por los votos que les cuentan), aúpan la propaganda (aunque ellos también usen la censura a su antojo) y dan fuelle a la demagogia, yo he creído conveniente coger por el mango este pequeño circo y plantearme muchas cuestiones sobre el hecho de que muchos de estos libros despierten reticencias entre muchos usuarios (que al otro lado también se aprende).


Son dos los pilares que sostienen las suspicacias por parte del mundo adulto a la hora de traer el sexo y la sexualidad a los libros infantiles. El primero y como ya he apuntado en otras ocasiones, se trata del concepto moderno de infancia que, gracias a la revolución industrial y el capitalismo, las denuncias sociales (Dickens, Dickens, siempre Dickens) y los derechos de la infancia, las representaciones inocentes de los niños en el mundo del arte y las aportaciones de pensadores como Locke y Rousseau, nos trajo el siglo XIX.
El niño desprende una imagen de santidad e inocencia que debe preservarse el mayor tiempo posible. Debe ser apartado de los problemas adultos y vivir ajeno a los males mundanos para formarse de manera libre en base a unos principios que primero se adoptan en las sociedades occidentales y han ido cundiendo en las orientales. En palabras del propio Rousseau ¿Por qué robar a estas inocentes criaturas de las alegrías que pasan tan deprisa? ¿Por qué llenar con amargura los fugaces días de la infancia, días que no regresarán ni para ellos ni para usted?


El segundo pilar es la propia religión. Veamos como ejemplo el caso de Estados Unidos, un país que, si bien es cierto que adolece de cierto conservadurismo en lo relativo a la infancia, es bastante innovador en lo que a ciertas temáticas se refiere, sobre todo lo relacionado con los libros de temática racial o los relacionados con la muerte. Sin embargo, todo lo que rodea al sexo o la sexualidad, es bastante peliagudo, probablemente por esa aura religiosa que envuelve una cultura donde el cristianismo es el santo y seña.
Partiendo de esta base podríamos plantearnos ciertas similitudes en el viejo continente, uno en el que la cultura se construye sobre las vertientes católica y protestante, o los países islámicos, otra religión monoteísta que comparte origen con judíos y cristianos, y en la que muchos aspectos relacionados con el sexo son prácticamente demonizados.


Sin embargo y a pesar del poder, el puritanismo y sus ejercicios censores en los libros infantiles (con el que no comulgo en absoluto), tenemos que detenernos en otras cuestiones, a mi juicio, también importantes.
Una de ellas es la experiencia personal. Si bien es cierto que en otros temas el niño tiene cierto bagaje que puede trasladar al espejo literario, como por ejemplo la muerte, en este caso hay que matizar muchas cosas. Por ejemplo, cualquier persona en edad infantil solo ha desarrollado la llamada sexualidad primaria, una donde no ha tenido lugar el acto sexual ni la mayor parte de las prácticas sexuales (léase masturbación, felación, cunnilingus, coito vaginal o anal). Por lo tanto, este tipo de libros anticipan de una manera constante, algo que tiene más que ver con el hecho descriptivo que con el discursivo. Y no me vengan con que las criaturas se encuentran sumergidas en una sociedad llena de referentes sexuales tanto familiares, como publicitarios o ficcionales, que son muy listos y lo entienden todo, que si un libro es mucho más elegante y prosaico que una serie, que si patatín, que si patatán... Un niño de ocho años carece de instinto propio que lo lleve a entender completamente el sexo y la sexualidad.
Partiendo de esta realidad, ¿tienen sentido los libros infantiles donde el sexo y la sexualidad sean el leitmotiv principal? Todo depende. Quizá a la hora de visibilizar y construir referentes sexuales y amorosos, esté genial, pero no concibo qué objetivo tienen libros sobre temas tan complejos como el orgasmo o la disforia sexual  dirigidos a niños de 8 años. Sería como enseñar a resolver integrales a personas que todavía no saben las tablas de multiplicar. Sin embargo, hay niñas de 11 años que ya han tenido su propia menstruación o críos de 12 que han sufrido sus primeras eyaculaciones nocturnas y empiezan a hacerse diferentes preguntas que bien pueden ser respondidas por estas lecturas.


Por otro lado, aferrémonos a la realidad: la desinfantilización de la infancia, un tema del que ya hablé hace unos meses…
“Se estima que en ciertos países occidentales donde el control de acceso a internet es inexistente, la edad de consumo de pornografía de los niños varones oscila entre los 8 y los 13 años”, “Los casos de abuso sexual entre menores de 14 años en España, han aumentado más de un 13,7% en el último año”, “La sífilis, la gonorrea y la clamidia se contagian a una edad más temprana”, “Decenas de menores extremeñas denuncian la circulación de falsos desnudos creados por inteligencia artificial” “Denuncian la agresión sexual de una niña de 6 años por parte de tres compañeros que arañaron y restregaron tierra por sus genitales durante el curso pasado”… Son algunos de los titulares que hemos podido leer en la prensa española durante los últimos meses.
Hay un problema con el sexo, la sexualidad y la pornografía en nuestra sociedad y no creo que la solución pase por publicar muchos libros infantiles sobre consentimiento o sexualidad, unos que si bien son necesarios en la era de los niños autónomos-autómatas, también pueden suponer malas interpretaciones por parte de unos lectores que se pierden en un universo sexual donde los límites entre fisiología y pornografía no están nada definidos, y sustituir su propia práctica a la hora de aterrizar en él.


Es por ello que deberíamos comenzar a estudiar y analizar si el uso y la normalización de este tipo de textos ficcionales o informativos no es un arma de doble filo. A preguntarnos si, lo que por un lado se encasillaría en buenismo social, por otro terminaría en desvirtuar el sexo e influir en cacaos mentales o prácticas sexuales tempranas y poco deseables, comprometiendo así a unas generaciones futuras que ven un menoscabo personal en esa aceleración de su propio desarrollo físico y psicológico.


A veces merece la pena proyectar la mirada hacia el futuro. Si hace treinta años era impensable tocar pelo con 18 años, puede que dentro de otros treinta, la pederastia sea despenalizada...

martes, 26 de septiembre de 2023

Contar, contar, contar sin parar...


Empezamos un nuevo curso en esta casa de monstruos donde aprender a contar es imprescindible. No sé si es mejor hacia delante o hacia atrás, pero el caso es contar. Números, cuentos, días de la semana, cumpleaños o amigos. Se me vienen muchas cosas a la cabeza.
Les podría contar mis vacaciones, pero no han sido para tirar cohetes. Les podría contar mis conquistas amorosas, pero no pasan de desastrosas. Les podría contar lo mucho que me ha cundido para preparar el nuevo curso, pero no. Ni fu, ni fa. Un verano sin más…


Un momento… Sí que les puedo contar un día de locura playera peregrinando entre chiringuitos, una noche de feria donde el cariño nos sobrevolaba, un par de verbenas mallorquinas muy simpáticas o el helado de los domingos con mis sobrinos. Siempre hay cosas que contar. Y si no, nos las inventamos.
Corriendo el riesgo de parecernos al barón de Münchhausen pero bien contentos, les invito a que den alas a su imaginación y elijan esa aventura que les gustaría haber disfrutado durante estos meses de estío.


Niño Editor publicó hace un par de meses Con un lápiz, una historia del 1 al 12, otro libro de Fulvio Testa (recuerden que también recuperó La tierra donde crecen los helados) que, como su propio nombre indica, es un libro de aritmética dirigido a primeros lectores.
Todo comienza con un lápiz, uno que sirve para dibujar dos gatos. Aparece un tercero y todos juntos vigilan los cuatro pájaros que viven en la jaula hasta que cinco dedos les dan la libertad. Y ya no cuento más, porque deben ser ustedes quienes sigan contando y descubriendo qué sucede en un libro que se puede casi resumir en la imagen de la portada (¡Fíjense bien!).


Un libro que, además de desbordar la imaginación de unos lectores que pueden perderse en juegos de búsqueda y perspectivas varias donde palabras e imágenes se combinan a la perfección para crear una historia circular que trasciende el propósito inicial.