martes, 8 de marzo de 2016

Deseos hechos quimeras



A la quimérica Alejandra.

La vida está llena de quimeras, y no precisamente de esas criaturas mitológicas que habitaban en las mentes de los antiguos griegos, sino de otras más modernas pero igualmente peligrosas.
La naturaleza quimérica del hombre, la intelectual, no la física (aunque no sé muy bien que pensar..., que a más de uno/a le ha dado por ponerse el morro de un pato) nos lleva por el camino de la amargura, un poquito de cabeza... Unas veces pillamos lo que nos gusta de aquí, otras, un poquito de allí, lo vamos metiendo en el vaso mezclador y, con un poco de ritmo, nos sacamos una nueva idea de la manga de lo que debería ser y que nunca es. Así pasa, que vivimos un tanto confusos entre nuestra forma de actuar y pensar, una dicotomía que hace las alegrías y penas de esta especie razonada (que a ver quien es el guapo que logra encasillarse...).


El resultado unas veces nos llena de esperanza y otras nos asola de decepción, pero está claro que ante tanta impertinencia del yugo mundano, un servidor opta por la salida más fácil. Y para ilustrar, desgrano un caso cotidiano, la elección de pareja . El otro día me decía J., treintañera de buen ver, con bastante guasa, socialmente comprometida y mu' trabajadora (N.B.: Para más señas, pídanlas), que necesita un hombre hecho a su medida: amable, guarrindongo, graciosete, cultureta, canalla, educado, vegano (¡Qué plaga!), guapetón, aseado, currante y que la trate como a una reina. Yo le dije “O te esperas sentada, o lo pides por encargo”. Ella resopló (¿o fue un bufido?) y siguió con el desencanto. A lo que yo le contesté que en vez de ponerse trascendental debería coger un serrucho e ir juntando cachos; la fórmula más plausible de maravillarse con tan anhelado macho. Nos reímos mucho y el resto, como todo lo inútil, se esfumó en el aire.


En esas me hallaba cuando caí en la cuenta de que este argumento a caballo entre las utopías, los deseos, la creación, el juego de la vida y las quimeras se ha usado con cierta frecuencia en la Literatura (no se olviden de Mary W. Shelley y su famosa criatura) y en bastantes libros ilustrados. Es por ello que hoy les traigo dos de ellos de reciente hornada. Operación Frankenstein de Fermín Solís y editado por Narval, y Un regalo para Nino de Lilith Moscon y Francesco Chiacchio, publicado por A buen paso. Aunque los dos beben de este espíritu quimérico y tienen una línea ilustrativa parecida (aunque diferente perspectiva), son muy diferentes. Mientras que el primero se podría catalogar como una simpática secuela del clásico de Shelley adaptado a un contexto infantil y sin tanta mira discursiva, el segundo se parece más a los cuentos de hadas tradicionales (quiso recordarme a la Pulgarcita de Andersen y a los cuentos populares rusos, no sólo en la estructura, sino también en la forma) en los que los “donantes” (Propp dixit), desde la sombra, echan un cable al protagonista para hacer realidad su sueño.


Aunque ambos libros tratan desde una perspectiva diferente un mismo tema -uno a pinceladas y jolgorio y otro con profusa delicadeza (a veces excesiva)-, creo que pueden surgir sinergias entre ambos y despertar así en el lector discursos complementarios, nuevas quimeras.


lunes, 7 de marzo de 2016

De esnobs y viajes


El otro día me lloraba un votante que, desde que era más pobre, no podía irse de viaje. Yo me quedé un poco patizambo, lo consolé en la medida de lo posible (uno ya tiene bastante con aguantarse a sí mismo) y salí cortando mientras le daba al coco... Se ve que un servidor es gilipollas, conformista o resignado por anteponer otras necesidades al mero peregrinaje... Aunque no me extraña esa desazón, ese ansia viva, teniendo en cuenta que, antes de la venida de la crisis, se iba de turné hasta la Tomata.


Viajar tiene sus pros (pero ese es otro alegato) y unos cuantos contras. Hace bastantes años, lo de viajar molaba, sobre todo porque sólo se iban a otra punta del mundo cuatro currantes (incluidos camioneros, comerciales y negociantes), privilegiados (cruzar el charco costaba un pico antes de la democratización que trajeron las compañías aéreas de bajo coste) o aguerridos mochileros (pasándolas canutas también se viaja, no lo olviden), y la cosa, como todo lo minoritario, pecaba de cierta exclusividad -bastante deseable, por otra parte-. Es por ello que, abanderadas por la buena (y ficticia) marcha de la economía española, las clases medias y bajas comenzaron a subirse al carro para dar rulos por el globo. Compras pre-navideñas en Nueva York, nochevieja en Lisboa, un mesecito recorriendo la Patagonia y la cena del capitán (me descojono cada vez que algún partidario de los cruceros lo menta)... Vamos, que el populacho no atascaba y le daba al plástico para, tras el verano, quedar con sus iguales, y comentar lo maravilloso que era el Caribe de Curro. Todo con tal de escalar en el estatus...


Tampoco hay que olvidarse de la idealización, un fenómeno colectivo al que han contribuido revistas especializadas y programas televisivos. Lo extraordinario que es viajar y, sobre todo, ¡echarse fotos! Y si las tomamos durante un periplo por Mozambique, Mongolia o Nicaragua, tienen más solera todavía. Cuanta más pobreza ves (sobre todo si eres aficionado a los hoteles boutique y contemplas cómo la cruel realidad golpea a otros), más gastroenteritis sufres y más violento es un país, más aprendes, mejor te lo pasas y más realizado como persona te sientes... Puro esnobismo ilustrado.


Sí, sí, viajar abre la mente (eso de desarrollar estrategias de supervivencia, agiliza los sentidos y agudiza el ingenio) y es más exótico que independizarse de los papis, pero no creo que sea más enriquecedor que una charla en la sala de espera del dentista entre un vagabundo, un agricultor ecologista, una vedette, un físico nuclear y un lector de libro-álbumes. A lo que aduzco que, lo importante es con quien compartes el camino, no tanto el recorrido.


Y como un servidor esta harto de odiseas (cuanto más ruedo, menos quiero moverme de casa) hoy enciendo el modo detractor para abominar de los trotamundos reales y simpatizar con los viajeros virtuales que, como la protagonista de Lola se va a África, un gracioso y bien armado libro de Anne Villeneuve (editorial Bira Biro), le dan al cuento y la imaginación para volar por otras geografías, por otros lugares en los que uno quiere de verdad estar y que bien pueden ser tanto o más auténticos que los palpables y empíricos.



viernes, 4 de marzo de 2016

De ogros modernos


A pesar de los decenios que nos separan del contexto que caracterizaba a los cuentos de hadas (bosques tenebrosos, caminos solitarios y páramos cubiertos por la niebla), todavía sigo viendo seres oscuros (e incluso más terroríficos, a juzgar por la negrura que los rodea...) deambulando por las calles. Atrás han quedado tullidos y jorobas, voces cavernosas y fuerza sobrehumana, para dar paso a otros ogros, los de nuestro tiempo, que con pasos sibilinos y dulces palabras, denotan clara y sucia envidia. No sé dejen confundir por las caras bonitas y los afables modales; la crueldad busca su forma bajo suaves ademanes.

No sé por qué estoy aquí.
Ogro soy,
pero no bicho.
Aunque bueno,
ya que estoy,
diré lo que nunca he dicho.

No soy tan malo, ni asusto
por la noche
a tantos niños,
ni fui yo quien se comió
en el bosque
las migas de pan de Pulgarcito.

Y, sobre todo,
que quede claro
ahora mismo,
ni soy tan cabezón
ni tan feo
como me pintan en los libros.

Juan Carlos Martín Ramos.
Ogro.
En: La jaula de las fieras.
Ilustraciones de Susana Rosique.
2015. Villaobispo de las Regueras (León): Amigos de Papel.


jueves, 3 de marzo de 2016

Agenda LIJera de Marzo


Parece que el tiempo asoma un tanto primaveral (esta alternancia de frío y temperaturas cálidas nos traen de cabeza, ¡a nosotros y al armario!) y vamos abriendo boca para los meses venideros... Los prunos se van llenando de flores, las tardes se alargan y apetece deambular entre las calles a ver si nos chocamos con algo de mención al torcer una esquina. Es por ello que hoy, y echando mano de la agenda LIJ que se aproxima estos días, les invito a participar en alguna de las siguientes actividades e ir así descongestionando el cerebro y cargar las pilas de cara al verano.
De entre todas las opciones que he barajado, tengo estas que me han encantado... La primera es acercarse esta misma tarde (hoy es día 3 de marzo) y la del próximo jueves (día 10 de marzo), a eso de las 18:30, a la Casa del Lector (ya saben, Matadero, en Madrid, parada de metro Legazpi) y asistir a las Jornadas sobre el cómic y la infancia que se desarrollarán en sus dependencias. Dense prisa porque es una actividad gratuita y libre pero hasta completar aforo.


Tras aprender un poquito del mundo del tebeo, los superhéroes y personajes clásicos de este género, les recomiendo que complementen y amplíen los conocimientos adquiridos con la exposición que quedará inaugurada en el Museo ABC de ilustración (el 11 de marzo, un día después de las citadas jornadas) y que lleva por título Superhéroes con Ñ, que hace un recorrido por los dibujantes y autores españoles que están triunfando fuera de nuestras fronteras y en mercados tan importantes y exigentes como el estadounidense.


Cabe destacar también el Seminario para maestros, un encuentro intensivo dirigido a docentes (incluye descuentos para estudiantes de magisterio) que ha programado la plataforma Leoteca (C/ Minas, parada de metro Nociviado, Madrid) dentro de su Escuela de Literatura Infantil para este fin de semana (5 y 6 de marzo) y del que, seguro, muchos asistentes se llevarán unas nociones básicas sobre el mundo de los libros para niños y el género del álbum ilustrado, tan necesario a la hora de despertar el gusto por la lectura.


No se preocupen mis paisanos. No es necesario que se desplacen hasta la capital para disfrutar de actividades en torno a la literatura y poesía infantiles, ya que el próximo sábado a las 18:00, tendrá lugar en el Teatro de la Paz (Albacete) la presentación de Un elefante en mi lavadora, un proyecto a caballo entre la música y la poesía ideado por La ChicaCharcos (Patricia Charcos) junto a la Katiuskas Band, y en el que ha participado Guridi (Raúl Nieto), entre otros.


Si también se atreven a montarse en un avión, les dejo con el fin de semana (4-6 de marzo) que la National Trust inglesa ha preparado en el castillo de Wray para dar comienzo a los faustos para celebrar el 150º aniversariodel nacimiento de Beatrix Potter, la creadora de un sinfín de personajes que, como el conejo Perico, sigue llenando la imaginación de los niños de medio mundo. Se realizarán actividades variadas, talleres y charlas, para los que se contará con la presencia de reconocidos autores e ilustradores como Axel Scheffler, Benji Davies o Steve Antony.


Para finalizar, y si todavía les da pereza despojarse de la manta, siempre pueden enrolarse en el próximo Máster en Libros y Literatura Infantil yJuvenil (tienen de plazo para pre-inscribirse hasta el próximo 11 de abril), organizado por la Universidad Autónoma de Barcelona en colaboración con el Banco del Libro de Venezuela. Esta será la 10ª edición (2016-2017) de uno de los postgrados dedicados a los libros para niños con más solera de nuestro país y que se puede realizar a distancia y en castellano.


Y ya saben...: ¡Que se nos va la vida!

miércoles, 2 de marzo de 2016

Valiente país, políticos cobardes


Aquí todo el mundo es valiente..., sobre todo en el congreso. Henchidos de razón y militancia (¡Qué asco de políticos! ¿De dónde saldrán? Hay tanto baboso suelto...), se ponen a resoplar desde sus escaños para montar un nuevo entremés mientras el capital se fuga a otros paraísos más seguros y certeros. Lo mejor de todo es que nosotros, los de a pie, cada vez estamos más contentos (esto de tenerlos entretenidos nos está haciendo mucho bien en el epitálamo) a pesar de dar buena cuenta de que, en el fondo, son pocos y cobardes.


De valientes es acabar con la desidia, con los clientelismos, con el anquilosamiento y la mendicidad. Hay que aupar al espíritu de superación, al sacrificio personal (que se lo digan a los miles de inmigrantes que vinieron a este país y aguantan carros y carretas para alcanzar una vida mejor). Refugiarse en “el estado del bienestar” para no velar por la riqueza común, es un suicidio colectivo.
Valiente es revisar el sistema fiscal de un estado que sangra a las clases medias, a los funcionarios, a los autónomos y al pequeño y mediano empresario, para favorecer a multinacionales y otros sectores muy peseteros y poco loables. E igual de valiente es vigilar la corrupción, sea a una u otra escala, y penar al que se aferre a ella para medrar a costa de una sociedad que vive a pesar de estos lastres.
Proporcionar a los ciudadanos un sistema jurídico ágil, dejar a un lado las laberínticas trabas burocráticas que entorpecen el buen funcionamiento social, y dar una independencia real a jueces y fiscales en su lucha por lo justo y equitativo, es igualmente valiente.


Valiente es actuar sobre la educación desde un prisma realista... Que vele por los intereses de los ciudadanos, con una formación participativa, clásica y de calidad, que busque alternativas reales y aplicables para los alumnos perdidos, que se preocupe del respeto y de los valores humanos, que no ponga parches, que sea eficaz académica y económicamente, y, sobre todo, que no apueste por la ignorancia.
Además del esfuerzo y tesón de nuestros médicos y demás profesionales sanitarios, el sistema asistencial español necesita una gestión real y viable, asentada sobre premisas claras y concisas; nunca concebidas desde el buenismo o la culpa. Valiente es hacerle frente a las realidades sociales desde el sentido común pero sin olvidar jamás los derechos humanos.
Valiente es revisar los contenidos televisivos, los medios de comunicación de masas y su omnipresencia. Gestionar de manera plural la oferta cultural, apostar por lo diverso, no decantarse por el sesgo casposo o progre, aupar la lectura en todas las edades, poner al servicio de los viandantes la música, el cine y el teatro. Fomentar el intercambio de pareceres y, sobre todo, la libertad.
Valiente es dejar los prejuicios a un lado, alejarse de las tendencias partidistas, el separatismo, la división, los intereses creados, los grupos de poder y los corros de patio, para ver la realidad tal y como es, para avanzar como país dentro de un contexto mutable. Y si no se es capaz, también es de valientes levantarse del sillón, dimitir e irse.


Y si no les ha quedado clara mi concepción de coraje, arrojo u osadía, aquí les dejo El pollito valiente de Robert Byrd, un título muy válido, simpático, de corte clásico, tanto literaria, como gráficamente que, editado por la siempre exquisita editorial Juventud, nos hace llegar la idea de que un hombre con valor, siempre hace una mayoría.

martes, 1 de marzo de 2016

Mundos interiores, creatividad e imaginación


No me creerán si les digo que, a veces, la creatividad es un lastre. No sólo porque doy buena fe de que, lo que nos sobra a unos, les falta a otros (Fíjense en los políticos..., de lo único que se preocupan es de repartirse el pastel... y soluciones, poquitas... Eso de “la imaginación al poder” parece sonar a antigualla), sino porque nos percatamos de que los demás no están preparados para entender nuestro discurso (Incluso los que van de modernos viven encapsulados en sus prejuicios, y romper el muro que se interpone entre ellos y lo nuevo, es muy difícil).


Tengo la bombilla encendida desde que no levantaba tres palmos del suelo..., y lo mejor de todo es que ¡no se funde! Me bullen tantas ideas en la cabeza, que no doy abasto para darles forma. Temáticas para libros ilustrados o novelas, alguna que otra imagen para pintar, dibujos, cientos de recetas que probar (¡espero no engordar!), proyectos con los alumnos, artículos interesantes, materiales educativos, argumentos científicos, trastos desvencijados que reutilizar, cursos para impartir, muchas entradas que escribir en este lugar, cosas de las que hablar con gente que quiera escuchar, artilugios que probar, lecturas que leer, juegos con los que divertir y hasta ¡algún programa de televisión!, se agolpan en un trastero mental que va necesitando un poco de orden y concierto (¿Lo lograré...?). Vamos, que ¡necesito más horas al día! Quiero algo de slow motion en mi vida. Sniffff.


Me gusta hacer y deshacer, tejer y remendar. Dejar volar el intelecto para buscar nuevos caminos (y algún que otro problema) a los desafíos que nos va trayendo el tiempo; algo que empiezo a echar de menos en los niños, los adolescentes, los jóvenes de hoy día. Ellos, a pesar de tener un mundo interior extraordinariamente rico (los estímulos que han recibido han sido diferentes a los míos y por tanto cimentan nuevos edificios, conquistan lugares anteriormente inexplorados), se conforman con lo que otros piensan para ellos, con el pasado al que ya no pertenecen y con discursos que suenan a nuevo pero poco tienen que ver con el futuro.


A la espera de que muchos de estos se decidan a darle al coco, un servidor y por si acaso, seguirá atesorando en esa chistera (virtual, como El maravilloso sombrero de María, un personaje con una imaginación desmedida creado por Satoshi Kitamura y que ve la luz en castellano gracias a la editorial Océano) todas las iniciativas que le puedan servir para darle un poco de forma y brillo al mundo..., aunque bien pensado, será mejor que las vaya apuntando en un cuaderno ya que, pese a la alopecia que va mermando mi cabellera, no suelo utilizar complemento alguno (incluidos tatuajes, pendientes y uniformes) para salvaguardar las ideas dentro de la testa. ¡Y que el arte se nos rebele cuando soltemos las riendas!


domingo, 28 de febrero de 2016

8º Aniversario de DVLM LIJ Blog


Buscando una pizca de distracción para el intelecto, encontramos remansos de paz (o divertimento) para todos los gustos. Los hay que prefieren un apartamento a la orilla del mar (para tenerlo cerrado todo el año, sobre todo...), aquellos que, alejándose del mundanal ruido (pero con wifi y 3G, necesidades básicas que no falten), se agencian una casa en mitad del campo, otros que gustan de probar todos los hoteles de las grandes capitales (aunque no bajen ni a la puerta de la calle), y los de más allá, esos que no pueden pasar sin ir a su pueblo un fin de semana (¡Qué esclavitud!), también tienen su sitio de recreo. A pesar de estas opciones y muchas más que incluyen balneario y spa, un servidor prefiere usar los libros a modo de ladrillos e ir levantando -desde hace ocho años- esta gran casa que ha dado, da y dará abrigo a la Literatura Infantil.


Aunque la fachada necesita una mano de pintura (Son ya unos cuantos años sin lavarle la cara al diseño de esta página. Lo sé, pero no tengo muchos medios ni excesivo tiempo), las líneas poco han cambiado. Libros ilustrados a gogo, estudios literarios de andar por casa, opiniones personales, curiosidades lijeras, ecos de actualidad, selecciones temáticas, citas importantes, enlaces a otras páginas de interés, tontunas y divertimentos varios, son el santo y seña de un espacio que, a pesar de hacerse un hueco en el universo de los libros para niños, aglutina otras visiones, otros pareceres.


Empecé la casa por la ventana, por el escaparate virtual en el que mostrar los libros que incluía en las charlas que fui dando por distintos CPRs (los Centros de Profesorado y Recursos) de La Mancha, animado por Amparo, mi bibliotecaria favorita; pero pronto creí en la necesidad de hablar sobre lo que me inspiraban esos libros, de qué hablaban, de dignificar el género del álbum ilustrado, de ejemplificar bajo mi punto de vista lo profundo de sus mensajes, de destacar su hondo valor literario, de su capacidad para sintetizar el pensamiento y la cultura -clásica y/o contemporánea- a través de la fusión de los lenguajes verbal y artístico.


Quizá muchos gusten de destripar libros sin ton ni son, de dar a entender lo sabios que son, de decir lo que se debe leer, lo que no, de si es más lícita la árida lectura de El astrónomo de Whitman que esa tan bellamente ilustrada por Loren Long... Yo prefiero leer en silencio El señor conejo y el regalo perfecto de Charlotte Zolotow y Maurice Sendak (Corimbo) y pensar hacia dentro que los libros no son el presente que recibimos, sino que el obsequio personal e intransferible es el reflejo que en ellos vemos de una manera u otra, independientemente de su intencionalidad, de su fin e ideario. Una transcripción de la realidad que vivimos, de sus luces, de sus sombras. Mis reseñas no son reseñas (ya he hecho muchas para terceros y que jamás he firmado), son la interpretación de las palabras, las que me inspiran. Y eso es el mundo. Soy un hombre que lee libros para niños y mira la vida a través de ellos, que al fin y al cabo, es lo que hace cualquier lector.


Es por ello que, de entre todos los lugares que habito, este es el mejor. Gracias por construirlo conmigo. Gracias por hacer que siga creciendo.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Nuevas consideraciones de ¿Los mejores cuentos ilustrados?


Como parece que esta reflexión levantó ampollas y son muchas las opiniones que se han vertido al respecto de mis palabras (¡Hasta me han acusado de insultar!... ¡Qué flojos son algunos!), me veo en la obligación de profundizar un poquito más en mis consideraciones sobre la colección titulada Los mejores cuentos ilustrados de Planeta DeAgostini-Altaya.
Lo primero de todo es avisar de que no haré más alusiones a esta colección (Como conjunto. Ya dije que había libros muy interesantes y que, si procede, me permitiré el lujo de reseñar y recomendar). Creo que ya le hemos dado bastante publicidad inmerecida y hay otros temas más interesantes y jugosos de los que hablar.


En segundo lugar me gustaría aclarar que cada uno es libre de adquirir los libros que quiera y exponer sus razones para hacerlo... o no. No comulgar con el sentir general, no implica ni una traición, ni una venganza, sino simplemente un desacuerdo en muchos de los planteamientos que han pergeñado esta colección. Ni yo merezco la lapidación, ni esta colección la hoguera (¿Dónde he escrito eso? Se ve que algunos comentaristas anónimos todavía no saben leer..., algo que se entresaca de sus solemnes discursos y alegatos enrevesados. A veces parecen darme la razón, pero con rabia). Entiendo que muchos de los interlocutores tengan estrecha relación con alguno de los editores y/o especialistas que han participado en este proyecto, pero considero que ese no es un motivo para que yo deba rendirles pleitesía. No dudo de su profesionalidad ni de su buen hacer, pero me reitero al decir que yo no hubiera accedido a asesorar un proyecto titulado de ese modo por ser más que imposible incluir en el catálogo de una sola editorial los mejores representantes del género del libro-álbum. Claro está que yo no me veo en esa necesidad, puesto que no vivo de esto.


Y tras acudir al kiosco y comprar el primer “fascículo”, me reafirmo en mis opiniones. No me voy a bajar de la burra... Aunque esta puede ser una variopinta selección de álbumes ilustrados (hay algún clásico, ganadores de premios importantes, títulos populares, muchos simpáticos, varios ñoños, de diferente estilo y argumento), sigo creyendo que no son “los mejores”. Apuntar también que no me gusta la publicidad engañosa (mantengo que el cliente tiene la razón, no debe ser considerado un ovejo y necesita un trato adecuado aunque se ciegue por el bajo precio de estos libros). En lo único que me bajo de la burra (y por el momento, ya que sólo he visto un par de libros) es en el tema del formato: tamaño, tipografía e impresión son bastante aceptables, aunque también diré que, personal y emotivamente, prefiero que cada libro huela a sí mismo, que tenga un tacto personal, que las páginas bailen de una manera u otra, y no que parezcan clones al servicio del uniformismo de Lyell. Y sí, están impresos en España: gracias por responder a mi pregunta tras abonar 2,99 euros.


También cabe señalar que, aunque algunos han intentado desacreditarme haciendo alusión a que no conozco el listado completo y por tanto no puedo juzgarlo, no entonaré el mea culpa ya que, si en este teatro hay un actor que ha faltado a la transparencia, es la propia editorial al no hacer público el listado completo (si ellos son fieles a sus estrategias comerciales, yo soy consecuente a mis principios). No obstante, he podido entresacar 34 títulos (aproximadamente un 65% del total, que ya es...) de entre las fotos de los folletos que acompañan a cada entrega y que adjunto en el listado que sigue y en el que distingo, siempre bajo mi criterio (que gustará a unos y abominarán otros), tres subgrupos dependiendo de la importancia y calidad de cada título, a saber: (***) = Obras imprescindibles, (**) = Obras a destacar y (*) = Obras menores (¡Ojo!: Lo hago público a petición de varias personas. Me las he leído todas. Impresas, en lengua inglesa o en formato digital. Que mi tiempo me ha llevado).

El hombre que camino entre las torres de Mordicai Gerstein (***)
Madeline de Ludwig Bemmelmans (***)
Blanco y Negro de David Macaulay (***)
Vuelo libre de David Weisner (***)
Dos amigos de Paz Rodero y Jozef Wilkon (**)
Migrante de Maxine Trottier y Isabelle Arsenault (**)
Achimpa de Catarina Sobral (**)
Locomotora de Brian Floca (**)
La casa en los árboles de Ted Kooser y Jon Klassen (**)
Strega Nona de Tomie De Paola (**)
Duerme como un tigre de Mary Logue y Pamela Zagarenski (**)
Una amistad peligrosa de Pablo Echevarría (**)
¡No, no fui yo! de Ivar da Coll (**)
La jirafa Cerafa de Dianne Hofmeyr y Jane Ray (**)
Jinnie, la fantasma de Berley Doherty y Jane Ray (*)
La mosca en... de Gusti (*)
Ernesto, el león hambriento de Lola Casas y Gusti (*)
La princesa listilla de Babette Cole (*)
El principe ceniciento de Babette Cole (*)
Tengo un oso de Mariana Ruiz Johnson (*)
Una gallina en la cocina de Nnedi Okorafor y Mehrdokht Amini (*)
Immi de Karin Littlewood (*)
La pluma roja de Teresa Novoa (*)
El travieso de Lauren Castillo (*)
Los invitados de mi hermano de Eduardo Cabrera y Leire Salaberria (*)
Prohibido ordenar de Mario Méndez y Mariano Díaz Prieto (*)
Del fondo del mar de Alison Jay (*)
Tot de Dominique Schwarzhaupt (*)
La ciudad de las estrellas de Uma Krishnaswami y Aimée Sicuro (*)
Este ser ORQ. de David Elliott y Lori Nichols (*)
Tibulí sueño con colores de Myriam Ouyessad y Arnaud Nebbache (*)
Quiero una medalla de Lluïsot (*)
Tu alien de Tammi Sauer y Goro Fujita (*)
Desayuno de Micaela Chirif y Gabriel Alayza (*)

Si se fijan, de los 34 títulos, sólo 4 son imprescindibles (a mi juicio, repito), que extrapolado a un total de 52 que componen la colección, según tengo entendido (corríjanme si me equivoco), podríamos contar con 6 o 7 de los mejores libros ilustrados (Nota: pura probabilidad con calculadora). Si tomamos destacados (junto a imprescindibles), tenemos 14 obras, lo que se podría traducir en un total de 21 obras destacadas (de un total de 52 implica menos de la mitad), algo que afianza más mis argumentos.


Sobre el equilibrio y diversidad de la colección señalaré que hay autores repetidos (ver el caso de la ilustradora Jane Ray, Babette Cole y Gusti) y argumentos similares (citaría las dos obras de Babette Cole y la de Lola Casas y Gusti -roles de género-, las de Ivar da Coll y Gusti -escatológicas ambas-, y las de Tammi Sauer y Goro Fujita, y el Prohibido ordenar de Méndez y Díaz Prieto -amor paternal y familiar-). Apuntar que me resulta extraño que en una selección de este tipo entren obras bastante comerciales y otras más completas y redondas, supongo que se deberá a motivos puramente económicos (no es lo mismo adquirir los derechos de ciertas obras que de otras) y que hay que minimizar costes para que todo salga a pedir de boca (aunque a juzgar por las editoriales a las que pertenecían muchos títulos anteriormente, podemos decir que ellos se lo guisan y ellos se lo comen).


También hay que hacer hincapié en el uso que, de los premios, hace la editorial en su publicidad. Primero decir que la obtención de un premio no es sinónimo de calidad, de acercamiento al lector infantil (fíjense en el Quiero una medalla de Lluïsot -premio Apel.les Mestres- o en el Desayuno de Chirif o Alayza -seleccionado en los White Ravens-... Me gustan a mí, pero no sé si a los niños...) o de excelencia en la ilustración. Y segundo, que en muchos casos los autores e ilustradores han sido distinguidos con esos galardones pero no por las obras que se recogen aquí, sino por otras. Además tenemos que distinguir entre unos premios y otros (internacionales, nacionales...) y que algunos galardones tienen conciben categorías, que para que nos entendamos es como hablar de “nominados” o “finalistas”, y de claros “ganadores” (Por ejemplo, la Medalla Caldecott alude a los “Medal Winners” -categoría superior- y a los “Honor Books” -categoría intermedia-).


Para terminar y a pesar de que este tinglao esta pensado para un cliente con un perfil muy claro (N.B.: No sé hasta qué punto una colección así puede avivar la pasión por los libros) y en pro del mercadeo (N.B.: En detrimento de otros actores, léanse editoriales independientes o librerías especializadas en el negocio del álbum ilustrado. Sin duda, la consecuencia más negativa que yo le veo a este proyecto: reventar el mercado a precios de coste. Es una realidad, no una cuestión de fondo), he de decir que esta colección contribuye a ampliar el universo LIJ actual, que trae propuestas divertidas y que recupera algunos clásicos muy interesantes, pero que en ningún caso se trata de una colección definitiva sobre “cuentos” ilustrados como se pretende, algo que he tratado de decir una y otra vez... En fin, esperemos que algún crío lea (o que parezca, que a veces es más importante), porque los adultos... poquito.

martes, 23 de febrero de 2016

De libros-catálogo o libros-manual: híbridos al servicio ¿literario?


De unos años a esta parte vengo fijándome en la abundancia de “libros-catálogo” o “libros-manual” que se agolpan en las librerías y bibliotecas, un fenómeno del que me gustaría hablar en este espacio en el que tienen cabida numerosas formas de vida literarias e ilustradas.
Aunque no sé si los teóricos y especialistas tienen un nombre para este tipo de género, yo acabo de acuñar este término para referirme a todos aquellos libros ilustrados en los que, a modo de catálogo, enciclopedia, diccionario o manual, se desarrolla, de forma realista, fantástica o humorística, un tema concreto, que puede ir desde las princesas hasta las abuelas, pasando por los animales que nunca existieron. Son libros que se encuentran a caballo entre los álbumes ilustrados y los libros informativos. No son álbumes ilustrados porque su corpus narrativo es algo paraliterario, y tampoco son libros informativos porque sobrepasan la línea de la realidad para volar a otros derroteros más imaginativos.


Aunque tenemos ejemplos clásicos como El manual de la bruja de Malcolm Bird (Anaya), la edad moderna de este género (si mal no recuerdo) empezó con Philippe Lechermeier y Rebecca Dautremer y sus Princesas (olvidadas o desconocidas) publicado por Edelvives. Seguro que la mayoría de ustedes conoce este libro preciosista, excelentemente editado y a través del cual se creó una mercadotecnia en torno a la que ha girado una gran volumen de ganancias, algo inaudito en una obra dirigida al público infantil. A partir de ese momento se han sucedido numerosas propuestas editoriales con un formato similar que, igualmente, han tenido mucha acogida entre los lectores. Como ejemplos más inmediatos tengo el caso de Abuelas de la A a la Z, Madre solo hay una y aquí están todas, Abuelas. Manual de instrucciones, todos de Raquel Díaz Reguera, el Pequeño catálogo de instantes de felicidad de Roger Olmos y Lewis York y Besos que fueron y no fueron de David Aceituno y Roger Olmos (todos ellos editados en Lumen, sello del grupo Random House).



Quizá el éxito de este tipo de libros entre el público infantil (me consta que es así) resida en su capacidad para aunar en un mismo formato características del libro de texto -abstracciones gráficas, una secuencia ordenada en base a criterios alfabéticos o taxonómicos, o su exposición apoyada en notas aclaratorias y descripciones formales-, con otras más propias del libro ilustrado -ilustraciones a troche y moche, o un lenguaje artístico propio-.
Esta realidad tiene una lectura múltiple... Por un lado escritores e ilustradores no viven encorsetados ante un producto puramente comercial, algo que les facilita su vis creativa. Por otro, el editor pone a la venta un producto atractivo y con mucho tirón (es fácilmente vendible porque está bien editado, es extenso e ilustrado). También tenemos a los compradores (padres o maestros) que abogan por comprar libros con cierta “chicha” y “peso” (¿cantidad es sinónimo de calidad? He de decir que en cuanto a ilustraciones se refiere, sí, pero el texto... ¡ejem!) y que son ligeramente “estafados” por creer que muchos de estos libros contribuirán a enriquecer los conocimientos de sus hijos/pupilos respecto a la realidad. Por último están los lectores o consumidores finales, niños que, a pesar de divertirse con este tipo de libros, veo manipulados por la imposibilidad de diferenciar entre el texto académico y el texto como ocio, algo que, si bien no creo que influya en su desarrollo cognitivo (hay muchos que se alarman de más), sí dificulta el proceso de crear lectores competentes.



Lejos de mi intención está el denostar este tipo de libros, tan necesarios como otros y que yo mismo me atrevo a recomendar para pasárselo en grande o como apoyo a la hora de desarrollar actividades relacionadas con ellos, sí creo que hay que ser crítico y realista, no abusar de éstos para inculcar el mensaje de que la literatura debe ser libre y no pre-fabricada (aunque la comida rápida sea bazofia comparada con los pucheros de mi madre, a veces hay que darse al vicio y echarse una hamburguesa al gaznate), y recomendarles que, si se decantan por este tipo de libros-catálogo, dejen a un lado la paraliteratura que muchos guardan en las páginas y escojan algunos como El gran zooilógico. Bestiario de seres mitológicos de Daniel Montero Galán y editado por Jaguar, o Al caer la noche. Consejos útiles para una sana convivencia entre especies de Enrique Quevedo publicado por Tres Tristes Tigres, para leer algo aceptable.

lunes, 22 de febrero de 2016

Bologna Ragazzi Award o el contexto en los premios literarios


Cuando se hacen públicos los títulos que han ganado los Premios Bologna Ragazzi, unos se alegran (¡Estaba más que claro que este libro iba a ser un bombazo!) y otros se lamentan (¡Vaya bodrío! ¡Qué tongo! Otro premio más al que no hay que enviar ejemplares...), yo recomiendo refranes y dichos populares (“Nunca llueve a gusto de todos”, “Quien no tiene padrino no se casa”, “Al que buen árbol se arrima buena sombra le cobija” y “Mal de muchos, consuelo de tontos”, nos vienen al pelo cuando hablamos de premios literarios) y sigo metiendo el morro en otras cosas.


Aunque podemos estar en acuerdo o desacuerdo con el veredicto de los diferentes jurados que votan por este u otro libro (N.B.: No sé que hacen ciertos libros entre los ganadores... Demasiada filigrana, mucha ornamentación... El barroco en los libros...), pero lo cierto es que nosotros, como público, debemos de tener en cuenta para qué se han creado estos certámenes, qué fin persiguen, porque como deducirán, no es lo mismo optar a la Medalla Caldecott que al Bologna Ragazzi, que los White Ravens no tienen mucho que ver con los premios de la Fundación Cuatrogatos, y que, mientras unos premios reconocen la labor editorial, otros prestan atención a la calidad de la ilustración. Es decir, cada premio tiene ciertos intereses, se orienta a un tipo de receptor y se desarrolla en un contexto determinado.



Por ello, para entender los Bologna Ragazzi hay que fijarse primero en una serie de cuestiones como que el jurado siempre está compuesto por adultos (si fueran concedidos por el público infantil otro gallo les cantaría a muchos libros ganadores... comercialmente hablando, claro), que el componente artístico de las obras que entran a concurso tiene suma importancia, que transgredan las corrientes clásicas de la LIJ (no es obligatorio, pero sí tiene su aquel tener un cierto tinte a independencia), y que aporten una visión global de qué tendencias priman en los libros para niños del momento (es una cuestión de modas y en absoluto sintética). Esto tiene como resultado un abanico de títulos que pueden considerarse como el termómetro del álbum ilustrado de vanguardia.





Todo esto, aunque por un lado me parece bien (no hay que dispersarse y tener claro qué persigue este certamen), no termino de encontrarle el sentido... Es extraño que en una feria en la que las grandes casas editoriales de todo el mundo se dedican a hacer el agosto (hasta que uno no está allí, no sabe la cantidad de dinero que mueve la literatura para niños), se concedan premios a libros editados por editoras más modestas y minoritarias, algo que suena a mera disculpa y denota cierta condescendencia. Puede que sea un lavado de cara (la mujer del césar no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo) o puede ser que la organización de este multitudinario encuentro haya acordado que aquí todo cabe (cuando hay billetes de por medio es mejor quedar bien con todos y seguir llenando las carteras), pero lo que está claro es que en estos premios siempre hay una mirada diferente que da visibilidad a trabajos que comercialmente pasarían desapercibidos.



Así que, sin más que hablar, les dejo con los premiados (entre los que contamos españoles... ¡Hip, hip, hurra!) y den buena cuenta de que los premios, premios son y que, como diría Umberto Eco, “hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público”.