lunes, 3 de junio de 2024

Selección de Boardbooks 2023-2024 (Segunda parte)


Como va siendo tradición, esta casa de monstruos celebra la feria del libro de Madrid con un puñado de selecciones de formato. Para empezar tenemos unos cuantos libros de cartón, un tipo de álbumes que generalmente se dirigen a prelectores y primeros lectores, pero que pueden hacernos disfrutar a todos.
Como no son tan abundantes como los álbumes convencionales (cuesta encontrarlos sobre las estanterías) y no se le conocen tanto como otros títulos de LIJ, invito a todos los monstruos a consultar la etiqueta "boardbooks", la primera parte de la de este curso y las  selecciones del 2024-2023 2022-2023 (parte 1 y parte 2), 2021-2022 (parte 1 y parte 2), 2020-2021 (parte 1 y parte 2), 2019-2020 (parte 1 y parte 2), 2018-2019, 2017-2018, 2016-2017 y la del 2015-2016, para ofrecer nuevas lecturas a los más pequeños.
Antes de comenzar a disfrutarlos, unas consideraciones:
- Los incluyo en orden alfabético del apellido del primer autor.
- Como la mayor parte de estos libros suelen ser una mezcla entre la ficción y la no ficción, los 
meto a todos en el mismo saco.
- Si encuentran tres estrellas en algún título es que me han gustado sobremanera.
- Como suelo olvidarme de alguno, escriban en los comentarios aquellos títulos que crean convenientes o envíenmelo (llamada a editoriales).
- Si quieren ver el interior, pueden encontrar algunos vídeos en el Instagram de los monstruos.
Y sin más que decir, ¡aquí les dejo con la segunda parte de la selección de libros de cartón 2023-2024!



Albertine. Serafina en la escuela. Libros del Zorro Rojo (***) Empezamos con una de las autoras más reconocidas del panorama internacional gracias a una nueva aventura de Serafina, la protagonista de la serie de acartonados de gran formato que apuesta por esa mezcla maravillosa entre vida cotidiana e imaginación. Ambientada en la escuela, esta historia sin palabras, nos sumerge en un universo colorista y onírico donde el patio, el gimnasio, las aulas o el comedor son espacios para el recreo visual del avezado espectador de 5 a 55 años que quiera pastar en libertad.




Mar Benegas y Laura Miyashiro. Cuando se abren las flores. La primavera. / Cuando calienta el sol. El verano. Combel. Seguimos con dos álbumes que completan una colección de la que el pasado otoño se publicaron los dos primeros volúmenes. Concretamente los dedicados a las estaciones más agradables y apetecibles de todas. En la primavera es cuando todo despierta y en el verano, con tanto calor, apetece letargo diurno y cachondeo nocturno. Si quieres descubrirlas a golpe de rima e interactuando con las ventanas móviles que presentan estos dos libros entrañables, ya sabes qué tienes que hacer.




Jeanne Boyer. Pocas, muchas ¡muchas más! Océano Travesía. Cuando yo era niño solo comíamos fruta de temporada. Naranja, plátano, fresa, albaricoque, melón, sandia, melocotón, uva, manzana y pera. No había más. Hoy en día, con la globalización y los nuevos cultivares tenemos una variedad infinita de frutas en cualquier época del año. Seguro que conoces un montón. ¿Me puedes nombrar algunas? ¿Y si las ordenas por colores? ¿Y si las contamos? El argumento de un libro no ficcional que combina el conocimiento del medio, los colores y la aritmética con un sabor muy dulce para los meses venideros.



Dick Bruna. Miffy es artista. CocoBooks. La siguiente propuesta de esta tanda de libros de cartón es una secuela de una de las series más queridas de la LIJ. En este libro con solapas protagonizado por Miffy, se recogen numerosos conceptos como los colores primarios, las formas básicas y algún que otro guiño a ciertas obras del arte más universal. Una propuesta muy didáctica con el diseño superlativo que caracteriza la obra de Dick Bruna.




Martín López Lam. ¡Bosteza conmigo! A buen paso. (***) Las causas del bostezo todavía no están muy claras. Aburrimiento, falta de sueño u oxigenación del cerebro. Hay muchas hipótesis sobre qué los produce. Lo único que tengo claro es que los bostezos son muy contagiosos. Y si no me crees, solo tienes que abrir este libro y empezar a pasar las páginas para contemplar como pingüinos, ratones, burros y monos te invitan a abrir la boca y disponerte a dormir. Y si logras mantenerte despierto, puedes fijarte en el sinfín de detalles que conectan unas páginas con otras en esta nana silenciosa. 




Barbro Lindgren y Eva Eriksson. El osito de Max. Niño Editor. La editorial argentina sigue rescatando para el mercado español esta colección de boardbooks protagonizados por un chavalín un poco travieso. En esta ocasión, la comparte aventuras con su peluche (que me recuerda más a un ratón que un oso) y su perro. Quiere al soso, lo besa, lo abraza, se cae... Con mucho humor, la pareja de creadores nórdicos se acercan a la vida cotidiana de un chaval con unas ideas un poco sui generis, pero de corazón enorme.




Meritxell Martí y Xavier Salomó. Minino y los calcetines / Minino y el pastel. Combel. Minino regresa a esta sección con dos pequeñas aventuras. En la primera busca sin cesar uno de su par de calcetines favorito. Sale volando, lo atrapa una ardilla, se enreda en un árbol... ¿Conseguirá hacerse con él? En la segunda tiene que preparar un pastel para celebrar el cumpleaños de su amigo Buenaespina y de paso nos enseña a contar hasta siete. Dos buenas opciones simpáticas y didácticas.




Elisa Mazzoli y Sara Filiputti. Cosas de casa. Tutufruti. (***) Llegamos a un libro que no es un libro... o mejor dicho, llegamos a un libro que es un juego... ¿o son muchos juegos sin forma de libro?... Bueno, que me estoy liando, este es un juego de cartas de cartón, concretamente 32 cartas, en cuyo haz encontramos representados elementos muy típicos de cualquier hogar hogares (habitaciones, ropa del hogar o menaje de cocina) con su nombre escrito en mayúsculas. Si les damos la vuelta, nos encontramos con el nombre, pero esta vez en minúscula, acompañado de pequeñas rimas o coplas infantiles sobre estos objetos, además de sugerencias para que los padres transformen en juegos estas canciones. Disfrutón, elegante y muy familiar.




Dorotheé de Monfreid. ¡Esperadme! Libros del zorro rojo. (***) Una nueva y simpática aventura de este grupo de nueve amigos llega a las librerías en formato boardbook y aquí no podía faltar. Es verano y hace un día estupendo para disfrutar del mar. Popov, Miki, Nono, Agus, Zaza, Kika, Jana y Pedro van con paso ligero mientras Omar les sigue a la zaga gritando una y otra vez la palabra que da título a esta historia. ¡No hay quien los pille! ¿Conseguirá alcanzarlos? Una situación cotidiana con un final tan desastroso como divertido en la que los lectores se verán reflejados.




Eva Montanari.  La fiesta de cumpleaños. Juventud. (***) Vuelve el pequeño cocodrilo para celebrar su fiesta de cumpleaños rodeado de todos sus amigos. Guirnaldas, globos, tarta, regalos y caramelos. A esta fiesta no le falta de nada, incluidas un montón de onomatopeyas para que los prelectores descubran el mundo que les rodea. Con tipografía en mayúsculas (que muchos maestros agradecen) y un código QR para disfrutar del audiolibro, seguro que hace las delicias de cualquier cumpleañero. 




Tristan Mory. El libro que sabe hacer de todo. Kókinos. (***) Nos acercamos a un libro tan encantador, como interactivo. Y es que este libro personificado, además de hacer lo que va pidiéndole el narrador que sirve de puente entre el lector-espectador y el personaje-objeto, tiene cierto cierto descaro, bastante inocencia y mucha alegría. Tanta, que al final del libro nos hará reír con un mecanismo móvil. Pecas, esas gafillas, su sombrero azul y unos pantalones naranja (por los que al final asoma la hucha...), lo hacen irresistible. Auguró que será el compañero ideal de muchos prelectores a la hora de conocer las partes del cuerpo y servirles de ejemplo (esperemos que para lo bueno).




Gianni Rodari y Andrea Antinori. A dormir, a levantarse. Niño Editor. (***) Llega un nuevo título de esta pequeña colección de Gianni Rodari con Andrea Antinori a las imágenes. En este caso la cosa va de sueños, concretamente los de una niña que cuando se va a la cama con su madre, se vuelve muy pequeñita. Tanto como una hormiga, tanto como una mariposa. ¿Se quedará de ese tamaño? Una fábula del creador del binomio fantástico que seguro que más de uno leerá antes de irse a la cama.




Antonia Ródenas y Paula Alenda. Tengo una abuela / Tengo un abuelo. Iglú. (***) Abuelos. Ya no tengo abuelos. Pero guardo montones de recuerdos. Buenos y malos, divertidos y tristes, pero siempre entrañables. Es por ello que las autoras de Tengo una mamá y Tengo un papá añaden estos dos títulos a esta colección de momentos entre abuelos y nietos desde una perspectiva dulce y poética en la que un montón de animales como erizos, koalas o mapaches son los protagonistas.




Frédéric Stehr. La hora de la siesta. Kalandraka. (***) Nada mejor que el verano para echarse una siesta cuando terminamos de almorzar y el calor se adueña de la tarde. Todos se van a sus respectivas colchonetas, pero como Leo, el pequeño búho, no puede dormir, decide construirse un cabaña. Primero despierta a Leo y después a los demás, que se unirán a un proyecto que cada vez se hace más y más grande.




Susanne Strasser. ¡La sopa está lista! Juventud (***) Los protagonistas de este libro debieron pensar que lo mejor para pasar los rigores del invierno era cocinar una buena sopa y así lo han hecho. La oca, la cabra, el perro, el caballo y la ardilla. Cada uno de ellos ha ido añadiendo al caldero su alimento favorito y así ha pasado, que al llegar la hora de probarla, se han arrepentido de hacer un mejunje de este calibre. Menos mal que para gustos los colores y alguien lo ha encontrado delicioso. ¿Quién habrá sido? Un libro con mucha onomatopeya, mucho buen humor y mucha gastronomía.




Susannne Strasser. La hora del cuento. Juventud (***) Esta autora hace doblete con otra pequeña comedia de situación. El niño protagonista se dispone a leer un cuento y el hámster llama a los demás animales. ¡Ups! De repente llega la cigüeña... Luego, el gato, quiere una almohada para acurrucarse... ¿Y el pez? Se acuerda el hámster... ¡Qué cantidad de imprevistos! ¿Conseguirán leer ese cuento? Un libro desastroso con un final muy entrañable y simpático.



Yusuke Yonezu. Compartir. Pastel de luna. (***) Termino esta serie de reseñas con una creación de este mago japonés del boardbook. Gatos, conejos, ratones, osos o cerdos discuten por ver quien se come un pescado, un trozo de queso, una manzana o unos arándanos. ¿Resolverán sus conflictos? No te quepa ni la menor duda de que Yonezu lo consigue utilizando troqueles y juegos de colores. Un libro sencillo pero muy bien elaborado.

miércoles, 29 de mayo de 2024

La suerte del diferente


Ser diferente es una maravilla. O mejor dicho, no ser como el resto de la masa, esa que pastorea y homogeniza. Diferentes somos todos, lo que sucede es que la mayoría se mimetiza con el resto, y otros, los menos, vamos a nuestro aire. Sí, nos señalan en cuanto pueden, nos menosprecian y si pueden, nos fusilan. Pero nadie dijo que fuera fácil. 
En la actualidad, cualquier minoría tiene en deseo eso de lanzarse a las calles y exigir igualdad, es decir, ser considerado dentro del rebaño como otro más sin discriminaciones ni ofensas. Sintetizando, la gente quiere perder su identidad colgándose una etiqueta. Y yo me niego a ser diferente pero como ellos, los demás, me digan, que uno tiene una edad y aborrece los estereotipos. 
Lo que más me jode y por mucho que nos pese, es ese empeño de reducirnos a una idea triste. Desnudarnos ante el gran público, contar nuestras miserias, lucir complejos y traumas para que la masa deduzca que esa monstruosidad que exhibimos, no es ni más que el producto de un lastre vital del que nos queremos despojar.


Sí, queridos lectores, lo que en principio parece ser una idea de diversidad y multiculturalidad, nos es más que toda una farsa para mostrar las debilidades e incapacidades que a menudo utilizan todos los totalitarismos para liquidar por la fuerza a quienes consideran inferiores.
Se piensa que en las guerras, sobre todo en las civiles, no es determinante ser de uno u otro bando para acabar contigo, sino haber sido señalado con anterioridad a que el conflicto estalle. Aunque no deja de ser un dato curioso, explica de soslayo una circunstancia sociológica que debemos tener en cuenta las ovejas negras: existir sin molestar.
¿Y ustedes se creen que yo, monstruo donde los haya, me voy a auto-inculpar de serlo? No, no y no. El que quiera colgarse un sambenito, que se lo cuelgue, pero a mí que me dejen ser yo a la chita callando. Es toda una suerte ser diferente y que (casi) nadie se entere.
 


Y es por esto que me ha encantado el libro de hoy, toda una oda a la inadaptación. Stella. La estrella del mar es un álbum escrito e ilustrado por Gerda Dendooven y recién publicado por la editorial Galimatazo. En él una pareja de pescadores se encuentra con una niña enganchada a sus redes. Nadie sabe quién es ni de dónde viene, pero el matrimonio decide quedarse con ella y llamarla Stella. La cría crece más rápido que el resto de los chavales. Crece y crece hasta ser demasiado grande para su cama, para la escuela, incluso para su casa. Lo de Stella no es normal y ella debe tomar una determinación.


Con una ilustraciones que recuerdan a Wolf Erlbruch y Rotraut Susanne Verner, la autora neerlandesa abre el melón sobre la autoaceptación con una fábula de tintes tradicionales (¿Pueden ver a la Pulgarcita de Andersen o al Juan Erizo de los Grimm?) que aboga por el bienestar de una protagonista que, alejándose del papel victimista, decide tomar las riendas de su vida y mandarlo todo al pairo.
A veces, en vez de buscar esa compasión social, ese buenismo pseudocatólico, haríamos bien en mirar nuestros propios deseos y dar un paso adelante para hacer lo que nos dé la gana sin tener que excusarnos ante lo políticamente correcto o esa sociedad cainita donde la envidia al vecino lo mueve todo.

martes, 28 de mayo de 2024

Clubes de lectura, ¿sí o no? Unos puntos de vista


Vincent Van Gogh

Contra los clubs de lectura ha sido el artículo de Alberto Olmos que ha generado cierta polémica en torno a una práctica de lectura compartida muy extendida durante los últimos años. Y como no podía ser de otra manera, desde aquí me uno al circo con un breve post.
Para empezar he de decir que solo he participado tres veces en un club de lectura y todas ellas han sido dentro del contexto escolar. La primera fue hace más de quince años en Motilla del Palancar. Un compañero de Lengua y Literatura nos animó a leer tres libros a lo largo del curso y comentarlos durante un recreo. La segunda ejercí de organizador. Era el bibliotecario escolar del IES Mercurio (con ese nombre, adivinen la ubicación…) y me tuve que poner al quite con todos los entresijos. El último club de lectura surgió de manera espontánea con un grupo de alumnos.
Si bien es cierto que todas ellas fueron experiencias muy satisfactorias de las que aprendí bastante, también me permitió valorar algunas cuestiones de estos clubs que, como cualquier otra fórmula de lectura compartida, adolecen de ciertos puntos flacos (si es que así los podemos llamar) que conviene apuntar.


Jacob Lawrence

En primer lugar hay que decir que cualquier club de lectura siempre toma una dirección concreta. El género literario, el grupo al que se dirige o los intereses personales de los asistentes condicionan la selección de obras que se van a leer. Esto no quiere decir nada. Simplemente es. Como un club de rol, uno de esgrima u otro de dibujo. Todo depende de nuestros intereses y lo eclécticos (o no) que seamos. Probablemente, si eres de esas personas que un día leen realismo mágico, otro, cómic erótico y el fin de semana, novela negra, no querrás pertenecer a ningún club más que al tuyo propio.
También hay que hablar de quién dirige cada club de lectura, pues podemos discrepar de los criterios que se siguen a la hora de elegir los libros (mayor o menor calidad, complejidad u orientación del posterior debate) y decidir, tras la primera lectura, que nos quedamos en el brasero con Dostoievski.


Henri Fantin-Latour

En segundo lugar, hacer de la lectura un acto social puede ser un hallazgo para muchas personas. Darse cuenta de que intercambiar opiniones y pareceres sobre una novela o un poemario es muy enriquecedor, no solo por las coincidencias en percepciones estéticas, sino por las discrepancias con otras experiencias lectoras, es muy saludable. Pero también puede ser un arma de doble filo para aquellos que gustan de una lectura íntima y reflexiva. Hablar en voz alta de nuestro reflejo, de nuestra mirada, puede ser contraproducente. No todo el mundo está preparado para escuchar ciertas opiniones.


Francisco de Goya

Mucha gente se inscribe en los clubes de lectura para obligarse a leer, para marcarse un objetivo. Esa periodicidad de los clubes de lectura semanales, mensuales o trimestrales ayuda mucho a todos aquellos que necesitan un empujón en aquello que Ramón y Cajal llamaba los tónicos de la voluntad, para tomarse esto de los libros como la operación bikini o un reto absurdo de Instagram. Las expectativas también son un acicate, sobre todo cuando alguien coge carrerilla en la lectura y empuja a los demás a continuar hasta el final. 
Todo esto está fenomenal, pero caben unas preguntas: ¿Leemos porque queremos o el postureo de la lectura vuelve a la carga? ¿Es la masa la que nos incita a leer o nuestros propios deseos? ¿Se construye el hábito lector tras acudir a un club de lectura o, como las dietas de adelgazamiento, aparcamos los libros cuando las abandonamos?


Paul Handley

No debemos olvidar que muchos clubes de lectura nacen al amparo de las librerías y las editoriales, lo que eleva esta práctica a una estrategia comercial. Prueba de ello son los encuentros con autores que muchas editoriales, sobre todo las grandes marcas, utilizan como reclamo, como premio, a cambio de una compra sustancial de este o aquel autor. ¿Podríamos denominarlo "monopolio encubierto"?


Vincent Van Gogh

Por otro lado, cuando una entidad, pública o privada, está comprando un lote de treinta libros de un mismo título, en realidad también está sacrificando la diversidad de un fondo con tal de contentar a ese grupo. Esto es algo de lo que me di cuenta hace muchos años cuando, atónito, contemplaba los casi cuarenta volúmenes de un libro mediocre de Sierra i Fabra que llenaban dos baldas de una biblioteca escolar en la que no había ni un solo ejemplar de obras avaladas por la crítica o el canon. Llámalo lectura cuando te refieres a pobreza intelectual.


Antoine Wiertz

Para terminar, una aclaración. Alberto Olmos apunta al carácter femenino de los clubes de lectura. Sí, lleva razón, pero es más que evidente que, en la actualidad, la lectura es una cosa de mujeres. Da igual que acudan a un club o no. Que las mujeres leen más que los hombres es un hecho. Mejor para ellas y peor para nosotros. Leamos en grupo o sin él.

sábado, 25 de mayo de 2024

Cambio de tercio poético


Hace unos días llegó a mis manos el libro ganador de la última convocatoria del premio de poesía infantil Ciudad de Orihuela, organizado por la concejalía de educación de esta localidad junto a la editorial Kalandraka, y he de admitir que me ha encantado.
Aunque muchos esperarían un libro de rima consonante donde los juegos de palabras, rimas y cadencias estén muy presentes, los monstruos tenemos que empezar a cambiar el chip sobre los poemarios dirigidos a un público que también evoluciona, necesita baños de realidad y demanda espíritu crítico.


Es así como aparece en escena un puñado de creaciones que se lanzan al refrigerio de este género esgrimiendo sutilezas y frescuras. Poesías que no quieren que las lean y otros golpes de humor, noticias y sucesos, alegatos sobre la contaminación ambiental, juegos infográficos, tipográficos y publicitarios... Si esto fuera poco para un poemario, esta edición le saca mucho más brillo añadiendo una serie de fotografías intervenidas a golpe de ilustración (¿o es al revés?), que operan en un sentido metafórico y caricaturesco.
Creo que la cosa va bien. Al menos, parece que los poemas para niños empiezan a parecerse al mundo en el que vivimos.

¿Tostado o quemado?

Las editoriales tienen un enorme horno
donde hacen sus libros,
pero no sé por qué esa manía de cocerlos de más.
Horas y horas me paso en las librerías buscando
un libro que esté poco hecho.
Nada que hacer.
Las letras todas negras,
todos los libros cocidos de más.

***

Lobo de cuento (Next Departures)

«Caperucita Roja»
CANCELADO

«Los tres cerditos»
CANCELADO

«Los siete cabritillos»
CON RETRASO

«Pedro y el lobo»
CANCELADO

«Tío Lobo»
CON RETRASO
CANCELADO
DELAYED

ATENCIÓN SEÑORES LOBOS, LAMENTAMOS INFORMARLES
NO HAY NINÚN CUENTO PREVISTO PARA ESTA NOCHE
PORQUE TODOS LOS NIÑOS
ESTÁN YA DORMIDOS.

Javier González.
En: Experto Excalador de Excaleras.
Ilustraciones de Lluïsot.
Fotografías de Flormujer.
2024. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 24 de mayo de 2024

En el pellejo de otro


Uno de los elementos fundamentales en el éxito de las redes sociales es que la mayoría de la gente tiene en deseo estar en el pellejo de otro. No pocas veces escucho a esta o aquella persona decir que le gustaría llevar la vida de Tamara Falcó, Jon Kortajarena, Taylor Swift o Kanye West. Están deslumbrados por el lujo y la exclusividad, las relaciones sociales y el brilli brilli. Como si todo eso fuera garantía de la felicidad (bueno… para algunos sí…).
En realidad todo parte del reflejo personal. De esa percepción que tenemos de nosotros mismos. Un ejercicio identitario que a veces se queda en bragas por diversas causas y nos obliga a tomar como referentes a otros. Proyectar un modelo de vida, no solo inalcanzable, sino también incompatible, puede llevarnos a la mayor de las derrotas.


Y no estoy hablando solamente de inconformismo, sino también de envidia, de traumas, de educación, del hecho cultural, de capacidad… Uno jamás podrá ser Lita Cabellut si no tiene aptitudes artísticas, ni ejercer como un rey competente si no ha sido educado para tal efecto. En esto de la satisfacción entran en juego muchos parámetros difícilmente controlables.
Por eso, mi único consejo para intentar no caer en esa debacle contemplativa que nos obliga a vivir embobados ante el cuerpazo de esta, el dinero del otro y las fiestas de la de más allá, es mantenerse ocupado. Aunque suene demasiado manido, hacer cosas que nos apetezcan, además de poner a raya el aburrimiento y mantenernos centrados en ese tiempo que nos pertenece, nos permite construir un mundo propio, además de mejorar nuestras habilidades técnicas y personales.


Y si no me creen, solo tienen que leerse el libro de hoy. Llega a las librerías Un pez es un pez, un álbum de Leo Lionni que ha publicado Kalandraka este mes de mayo. En él un renacuajo y un pez que son amigos conversan sobre qué es cada uno mientras en renacuajo sufre la metamorfosis para convertirse en rana. La cola inicial que despista al pez, se transforma en cuatro flamantes patas que le permiten salir a tierra firme y conocer nuevas formas de vida. Cuando vuelve al estanque le cuenta al pez cómo son los pájaros, las vacas o los humanos. Su amigo queda maravillado y se pasa la noche entera pensando en estos seres, hasta que una mañana, ni corto ni perezoso, decide salir del agua. ¿Logrará sobrevivir?


Como en muchos otros libros y partiendo de una idea aparentemente sencilla en la que los animales son protagonistas, el autor nos acerca a una fábula moderna sobre el existencialismo y nuestra capacidad para reconocernos como seres únicos e irrepetibles con nuestras circunstancias y limitaciones.


Aunque en esta ocasión se desliga de la poética textual que despliega en Frederick, sigue procurándolos una narrativa visual muy poderosa en la que lo quimérico nos ayuda a comprender la estructura mental que pez y las personas como él tienen. No solo basta con endosarle nuestra jeta a una idea para apropiárnosla, sino que hay muchas más cuestiones y circunstancias con las que bregar hasta alcanzar la realidad.
Colorido, texturas, composiciones (¿Se han fijado en ese universo acuático tan enriquecido?) y un mensaje muy necesario en estos tiempos de postureo y aspirantones, hacen de este libro un buen ejemplo del más puro Leo Lionni.

miércoles, 22 de mayo de 2024

¿Para qué sirve la vida?


Para el Alfon, que nunca le dedico na'.

Hay gente que le da mucho a la cabeza. Tanto, que se ponen a pensar en cuestiones sobre las que hay poco que decir. Así les va. Salen medio tarumbas y se llevan al que pillan por delante. Pensar no es bueno. Ya lo afirmaba mi padre (que jamás toma nota de sus propias palabras). El que mucho cavila, poco vive. Por eso le digo yo al Alfon que va a durar lo que no está escrito con esto de dedicarse a la vida alegre, esa en la que ni siquiera se leen libros. Él, más pillo que entre siete, me respondería “¿Y para qué sirve la vida, Román?”.
Aunque yo lo tengo claro a pesar de leer infinitamente más que él (espero que no me pase factura y seguirle a zaga en esto de la vejez…), parece que hay un elevado porcentaje de la población que se dedica a pelar la pava con la existencia y sus propósitos. Que si no estoy satisfecho con mi proyecto de vida, que me arrepiento de aquella decisión o que mira el futuro que me espera. A lo que yo respondo: ¡Qué aburrimiento!


Buscarle sentido a la vida puede ser una empresa tan fácil como difícil, sobre todo cuando no eres ni Sartre ni Kierkegaard ni sabes pronunciar el apellido del segundo. Pero lo más complicado de todo es encontrarle el lado banal, hedonista y pendenciero. Y si lo haces, tomártelo con mesura, no sea que de la emoción, te quedes sin disfrutar del premio de consolación.
Anímense a entrar en nuestro pequeño club de vividores y déjense los libros de autoayuda junto a la leña, no sea que hagan mal uso de sus neuronas y quieran matricularse en un grado de psicología, el deporte nacional después de la freidora de aire. Que sí, que la vida es útil, y el que vive, lo sabe.


¿Para qué sirve?, un libro de José Maria Vieira Mendes y Madalena Matoso, acaba de llegar a España gracias a la editorial A fin de cuentos y desde este espacio que nadie sabe para qué sirve (¿O sí? ¿Por eso existe?), le vamos a dedicar un repaso.


Todo empieza con la pregunta del título (y que también está escrita sobre ese bombo que me ha vuelto loco): ¿Para qué sirve? Las páginas se llenan de bombillas, lupas, tijeras y lápices. También de otras cosas que adoptan como nombre su utilidad, léase sacacorchos, sacapuntas o cortaúñas. Incluso aparece un teléfono móvil. Todo sirve para algo, pero ¿pueden servir para otras cosas? ¿Podemos usar un sombrero como una cesta o un neumático para columpiarnos? Uy, vaya lío… ¿Llegaremos a algún sitio con este libro?


Si bien es cierto que, en principio, este álbum puede parecer algo complejo, en realidad parte de un pequeño juego que, a base de preguntas y respuesta, nos lleva donde quiere (¿o dónde queremos?), algo que tiene mucho mérito, pues con una pizca de curiosidad y un suspense generado por una secuencia que, girando sobre el existencialismo y el utilitarismo, termina sembrando una idea tan hermosa como inútil (¿o no?).


Esos contrastes tan coloristas que se gasta la Matoso a golpe de naranjas, amarillos y fucsias no dejan indiferentes a los lectores, es más, los atrapan de lleno en una obra que tiene mucha filosofía. Si esto fuera poco, la portuguesa incluye elementos metafóricos (¿Ven esa pista de atletismo tan ordenada con la que empieza y lo embarullada que termina?), idas y venidas, comparaciones y secuencias rítmicas que ofrecen una dinámica visual arrolladora.
Por si no se han enterado, no me pidan que les defina este álbum poco definido, lo único que les puedo asegurar es que sirve para pasar un buen rato, que ya es bastante.

martes, 21 de mayo de 2024

¿Dónde pongo el huevo?


Cada vez que me pongo a parlotear con mis alumnos de bachillerato, me vuelvo loco. Y si el tema es “¿Dónde quieres estudiar?”, la clase es todo un desmadre. Madrid, Albacete, Valencia, Alicante, Barcelona, Murcia… ¡No saben dónde van a poner el huevo! Yo meto un poco de cizaña y les digo que si este sitio es un aburrimiento, que si en el otro hace un calor de mil demonios o que su primera opción está en el quinto pino.
Tras el debate, siempre salta una voz clarividente y apunta que todo depende de la manteca que estén dispuestos a gastarse sus padres. Y los demás asienten con una mueca de resignación, hasta que otro iluminado agrega que ya se buscará él la vida, que tiene muchas ganas de vivir en una gran ciudad, en el extranjero o en la costa.


Yo sigo con mi tole tole y les invito a reflexionar sobre cuales son los motivos que les mueven a ello. Unos quieren aprender idiomas, aspiran a labrarse un buen futuro, ganar importantes sumas de dinero, ser incluso famosos o pasarse el día haciendo surf y posando con sus cuerpos serranos. Vamos, lo que se lleva en las redes sociales.
De un modo u otro, los jóvenes siempre han ansiado lo mismo, el éxito, que consecuentemente siempre está relacionado con el lugar donde se pace. Cada lugar se define por los recursos que dispone y en nuestra mano queda valorar si esas, llamémosles, oportunidades, sentarán bien a ese proyecto de nosotros mismos que construimos en la mente.


Lo peor de todo viene cuando esa asociación de ideas no se corresponde con la realidad y frustraciones de todo tipo van mellando un futuro que se ve limitado por unos recursos que han mutado en falta de relaciones interpersonales, competencia laboral o el coste de la vida.
Por eso, hay estudios que apuntan a que, en un mundo “globalizado”, no es tan importante el dónde se viva, sino el cómo se viva, sobre todo en ciertas áreas que no precisan de una estructura industrial localizada, como puede ser el mundo del espectáculo. Es mucho más factible labrarse una carrera en un ecosistema donde nos sentimos arropados y autosuficientes, que en otro hostil, en el que la adaptación constituya un trabajo adicional.


En fin…, dejándome los marcos teóricos y animándoles a elegir bien su ubicación vital, me lanzo al barro con Un lugar perfecto, un librito muy simpático de Lucy Cousins que publica esta primavera Libros del Zorro Rojo. En él, un grupo de amigos buscan un lugar en el que establecerse. La abeja, la mariquita, el escarabajo y la libélula andan en busca de un hogar y cada uno tiene sus propias inclinaciones. Flores, hojas, troncos y agua. Cuatro recursos que, aparentemente abundantes, no son muy acogedores en un mundo dominado por el ser humano. ¿Lograrán encontrar ese hogar tan deseado?


En este álbum dirigido a primeros lectores, la autora británica, además de construir una historia donde la caracterización de los personajes, el uso del color y la tipografía, así como la repetición son los principales recursos narrativos, también hace una pequeña crítica a la transformación tan hostil que las personas hacemos del medio natural. La basura, los pesticidas o el tráfico son elementos que el hombre ha introducido en un medio que comparte con otros seres vivos y que altera su modus vivendi.

domingo, 19 de mayo de 2024

¡Malditos noviazgos!


El tiempo me ha enseñado que las parejas, por separado, mucho mejor. Mira que me lo decía un compañero de piso. “Compartir con unos novios es muy difícil porque hacen piña y siempre salen ganando”. Por aquel entonces, yo era joven e inexperto y no sabía qué decir, pero con el tiempo he ido madurando la idea de que las parejas tienen una idiosincrasia muy diferente a la de los que vivimos en soledad. Sobre todo, cuando no hay familia, que eso es otra cosa.
Están sumidos en un ecosistema que solo ellos entienden y con unas variables muy particulares (pónganles el nombre que quieran). Lo peor viene cuando juegan en equipo sin percatarse de que la vida es un deporte individual. Que por mucho que se empeñen, cada uno tiene sus circunstancias, y si te enganchas con una brida a otra persona, acabas despeñado en la derrota. Todo, en su justa medida.
Fíjense en este par de lagartos. Llorando por un anillo… ¡Habrase visto…!

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay, cómo lloran y lloran!
¡Ay!, ¡ay!, ¡cómo están llorando!

Federico García Lorca.
El lagarto está llorando.
En: Paisaje de un día.
Ilutraciones de Isol.
2024. Barcelona: Takatuka.